por Dominio Público | May 6, 2025 | Opinión, Principales
Esta lucha por conseguir que la gente vea nuestros contenidos ha ocasionado que en muchas ocasiones nos olvidemos de la disciplina periodística.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
Si tuviera que destacar un rasgo distintivo un rasgo distintivo de la labor del papa Francisco al frente de la Iglesia Católica es su capacidad de comunicar, capacidad que hacía que los feligreses lo sintieran cercano, no un hombre vestido de blanco que vivía en el Vaticano, un lugar que está dentro de la ciudad de Roma.
Una muestra de su capacidad de comunicar son las entrevistas que dio en ocasiones especiales, por ejemplo, su décimo aniversario en el “Trono de San Pedro”, en las que no evadió ningún tema, por espinoso que fuera.
En una de esas conversaciones, el máximo jerarca católico habló de lo difícil que es ejercer el periodismo:
“No es fácil ser periodista, no es fácil dar la noticia. No es fácil dar la noticia manteniendo esa tensión (equilibrio) entre la realidad, la objetividad y la curiosidad. Siempre tiene que haber un anzuelo tirar (mantener) la tensión”, afirmó.
Acto seguido el Papa definió las cuatro “pecados” que los periodistas debemos evitar:
“La desinformación, el periodista lo informa todo; la calumnia y la difamación, un periodista no puede difamar, no debe calumniar, siempre se debe conducir con la verdad, y la coprofilia, el periodista no puede vivir de los escándalos, debe ver más allá”, dijo.
Traigo lo anterior a colación, porque si hacemos un ejercicio de autocrítica, la llegada del mundo digital a nuestra profesión, sin negar sus beneficios, nos ha metido en una encarnizada guerra por conseguir clics y seguidores. Esta lucha por conseguir que la gente vea nuestros contenidos ha ocasionado que en muchas ocasiones nos olvidemos de la disciplina periodística, lo que ha traído como consecuencia que cometamos alguno o algunos de los pecados que mencionó el pontífice en esa entrevista.
Ayer, hoy y mañana, un contenido de calidad, que cumpla con todos los cánones del periodismo, nos llevará a destacar entre todo el mar de información, porque como decía José Alfredo Jiménez en su canción “El rey”: No hay que llegar primero, hay que saber llegar.
EN EL TINTERO
Todo está listo para que a partir de mañana los cardenales electores se encierren en la Capilla Sixtina para elegir al sucesor del papa Francisco.
Mañana el mundo verá salir la primera fumata de la Capilla Sixtina, la que se espera que sea negra, ya que según analistas se trata de una votación exploratoria para medir los apoyos y de ahí agrupar los apoyos definitivos que desemboquen en la elección del nuevo Papa.
Nuevamente será un francés, el cardenal Dominique Mamberti, quien se encargue de anunciar al mundo la elección de un nuevo pontífice.
por Dominio Público | Abr 30, 2025 | Opinión, Principales
La foto que dio la vuelta al mundo, a la par de la del Papa Francisco dentro de su féretro de madera, fue la de Trump y Volodimir Zelenski.
Raúl García Araujo @araujogar
Genio y figura, hasta la sepultura. Y no nos referimos al Papa Francisco, el máximo jerarca de la Iglesia Católica, que dejó huella por intentar ser la copia más fiel de Jesús con su forma de vida y por su cercanía con los más desprotegidos.
Lo acontecido con su irreparable pérdida para católicos y no católicos, así lo debiera marcar, pero no, nos referimos al presidente Donald Trump, que una vez que apareció en el firmamento de El Vaticano hizo de un evento cargado de emoción y dolor, su evento.
El señor naranja, fue en el momento preciso, no antes, no después, fue justo cuando todos los invitados estaban ya congregados y los ojos del mundo centrados en la despedida del Papa Francisco.
Y de la misma forma, se retiró en el momento en que debía, claro, habiendo conseguido sus propósitos.
Uno de ellos no era despedir a Francisco, por lo menos no era su propósito prioritario.
Su propósito era mostrarse ante los líderes mundiales presentes y ante los que siguieron el evento más importante de ese momento, por las redes sociales y medios de comunicación, y dejar el mensaje de que estaba presente el presidente del país más importante del mundo.
Porque obviamente él no acepta que es China.
Pero no solo con su sola presencia quería demostrar su poderío, sino que llevaba su agenda para despachar nada menos que desde el Estado Vaticano, justo a escasos metros de donde las multitudes despedían a su máximo líder religioso y los cardenales llegados de todo el mundo llevaban el Réquiem por Francisco.
Conocedor bien de la importancia de la comunicación, Donald Trump aprovechó la presencia de la inmensa cantidad de representantes de medios de comunicación ahí reunidos, en torno a un evento religioso, para sacar provecho de ello y exhibirse ante el mundo.
Mostrarse para decir, sin decirlo, aquí está el que con sus decisiones ha trastocado el orden mundial económico, inamovible hasta antes de su segundo arribo a la presidencia de Estados Unidos.
La foto que dio la vuelta al mundo, a la par de la del Papa Francisco dentro de su féretro de madera, fue la de Trump y Volodimir Zelenski, sentados en las mismísimas sillas del Vaticano, en la que el presidente Trump parece estarle dando indicaciones al presidente ucraniano.
Imaginar sobre qué, sobraba decirlo, el imaginario colectivo mundial sabía que era sobre la necesidad de pactar la paz con Rusia.
Una foto más, a la que los personeros estadounidenses se encargaron de darle la vuelta al mundo, fue la de Trump con Zelenski; Emmanuel Macron, presidente de Francia, y el primer ministro británico Keir Starmer.
Luego de este encuentro, Zelenski se reunió con estos dos últimos y a decir de medios británicos y franceses, dialogaron sobre la necesidad de lograr la paz con Rusia.
En la narrativa del imaginario colectivo, construida, a partir de imágenes, Trump les dejó tarea y estos, como niños aplicados, de inmediato se dedicaron a desahogarla.
En fin Trump, genio y figura…
En Cortito: En Morelos nos dicen que por fin existe una buena noticia relacionada con algo que, aunque todos usamos a diario y rara vez ocupa titulares: el agua potable.
El Ayuntamiento de Cuernavaca, bajo la dirección del presidente municipal José Luis Urióstegui Salgado, ha iniciado 12 obras estratégicas para sustituir más de cinco kilómetros de tubería en colonias y poblados de la ciudad. La cifra suena técnica, casi impersonal, pero es profundamente relevante: significa una inversión de casi 30 millones de pesos para beneficiar directamente a más de 36 mil personas.
Podría parecer solo otra obra pública más, de esas que llenan boletines y luego se olvidan. Pero no, porque cuando hablamos de agua potable no hablamos solo de infraestructura, sino de dignidad, de salud, de futuro.
Durante años —décadas, en realidad— Cuernavaca arrastró un rezago serio en su red hidráulica. Tuberías con más de 30 años de antigüedad, desgastadas, oxidadas, rotas. Calles que se inundan con fugas silenciosas, casas con baja presión, colonias enteras que viven con la incertidumbre de si mañana tendrán agua. Y lo peor: el desperdicio de miles de litros diarios en una ciudad que, como muchas en el país, enfrenta riesgos crecientes de estrés hídrico.
Por eso, estas obras no son cosméticas, ni de relumbrón y por esa sencilla razón hay que hacer un reconocimiento público al alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado por atender las necesidades más urgentes de los morelenses.
En otros asuntos, urge que las autoridades de la Ciudad de México, y las de todo el país, pongan especial atención en la desaparición de mujeres.
Esto es debido a que en la capital se está acentuando este fenómeno cada vez más, con el consecuente dolor para las familias de las víctimas.
Es importante que dejen la demagogia y las utopías y se centren en prioridades y ésta debe ser una de ellas.
Para cerrar… El gobernador de Jalisco Pablo Lemus se dio un plazo de un mes y medio para pacificar Teocaltiche. ¿Le alcanzará el tiempo?
por Dominio Público | Abr 29, 2025 | Opinión, Principales
El nuevo líder del catolicismo tendrá que hacer suyos principios de los tres últimos pontífices que le han impreso cambios irreversibles a la Iglesia.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
Ya es oficial, el próximo 7 de mayo dará inicio el Cónclave, la reunión de cardenales para elegir a quien se encargará de conducir el destino de la Iglesia Católica luego de la muerte del papa Francisco.
En estos días se han gastado ríos de tinta, kilos de papel y muchos megas para intentar definir las características que debe tener el nuevo pontífice y las prioridades que tiene que atender. Incluso ya hay apuestas, basadas en proyecciones, digamos políticas, acerca de quién podría ser el Papa 267 de la historia.
Independientemente de cualquier análisis o especulación, el nuevo líder del catolicismo tendrá que hacer suyos principios de los tres últimos pontífices que le han impreso cambios irreversibles a la Iglesia. Comencemos por San Juan Pablo II.
JUAN PABLO II: ESPÍRITU MISIONERO
Con sus más de 100 viajes pastorales al extranjero, la gestión de Juan Pablo II le otorgó a su labor un carácter misionero. Con él, el Papa dejó de ser para los fieles un hombre vestido de blanco que vivía en Roma para pasar a ser alguien cercano, a quien podían tocar, ver, escuchar en su país, en la plaza de su ciudad.
Pero ese espíritu misionero lo llevó a también a tomar partido por causas sociales, como el apoyo al Sindicato Solidaridad en su natal Polonia. Su activismo le trajo también gran influencia internacional en la historia del siglo XX.
Su labor no estuvo exenta de controversias, pero qué le parece si eso lo vemos en otra colaboración.
BENEDICTO XVI: FORTALECIMIENTO DE LA IDENTIDAD CATÓLICA
A Benedicto XVI no le tocó un pontificado fácil. En primer lugar, tuvo que lidiar con la sombra de Juan Pablo II, un Papa carismático y empático, carisma y empatía que él no tenía.
Durante sus ocho años de labor al frente de la iglesia buscó el fortalecimiento de la identidad del catolicismo mediante su trabajo teológico y dando continuidad al diálogo con otras confesiones religiosas que inició Juan Pablo II.
FRANCISCO: UNA IGLESIA HUMILDE Y ABIERTA A TODOS
La del papa Francisco fue una gestión que podríamos definir como de apertura. Siguió con el dialogo interreligioso iniciado por sus antecesores. Tuvo acercamientos con grupos que de alguna manera habían sido marginados dentro de la iglesia, como los divorciados vueltos a casar y la comunidad LGBTQ+
Buscó dar más espacio a las mujeres en puestos clave, un ejemplo de ello fue el nombramiento de Sor Raffaella Petrini como gobernadora de El Vaticano.
Si bien su estilo pastoral y sus reformas sirvieron como una bocanada de aire fresco para la imagen de la Iglesia, también generaron tensiones con sectores tradicionales, marcando un papado de transformación y controversia, algo con lo que tendrá que lidiar su sucesor.
EN EL TINTERO
Algo en común que tienen San Juan Pablo II y Benedicto XVI es que ambos grabaron un disco.
San Juan Pablo II ostenta una marca difícil de superar es el primer Papa que llega a las listas de la revista Billboard que mide los éxitos musicales con el disco Abba Pater