Pongamos el desorden: ¿Por qué no habla claro la 4T?

En todos los casos se repite el mismo libreto: silencio, minimización, explicación incompleta y, cuando la presión es insostenible, una narrativa  para esquivar la rendición de cuentas.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

En estos años en el poder, la llamada Cuarta Transformación no ha aprendido —o no ha querido— hablar claro, a pesar de haber prometido transparencia total y diálogo frontal con los mexicanos, con “el pueblo bueno”.

Ante situaciones polémicas hay una constante: silencio inicial, explicación tardía y una narrativa que parece diseñada más para contener el daño político que para informar a la ciudadanía. No es un error aislado. Es un patrón.

El caso más reciente lo ilustra con precisión. El 18 de enero de 2026, un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Toluca. Durante horas no hubo explicación oficial. En un contexto de tensiones con el gobierno de Donald Trump —porque, aunque lo nieguen, la relación con nuestro vecino del norte es tensa— y de discursos duros contra el crimen organizado, el silencio fue combustible para el “sospechosismo”, como diría el clásico.

Cuando por fin  llegó la versión oficial, tampoco fue del todo clara. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró en su conferencia mañanera del 19 de enero que se trataba de personal civil de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana que viajaría a capacitación, otros reportes señalaban que el permiso original era para trasladar a marinos. La oposición cuestionó si se requería autorización del Senado, como marca la Constitución cuando se trata del ingreso de fuerzas extranjeras. La respuesta fue que se trataba solo de una “tarea logística”. Caso cerrado… oficialmente.

Ya sé, ya sé, dirán que el caso del avión no es tan importante. Pero no es la primera vez que la 4T se hace bolas al intentar explicar algo. Veamos otros ejemplos donde la opacidad fue la regla.

Ahí está el desfalco a Segalmex, considerado el mayor fraude de la 4T. Durante meses se minimizó el monto del quebranto, que hoy supera los 15 mil millones de pesos. Se protegió políticamente a su entonces director, Ignacio Ovalle, bajo el argumento de que “lo engañaron”. La corrupción se reconoció tarde, a medias y sin responsables claros, contradiciendo la bandera de honestidad que el movimiento presume.

Otro ejemplo es la opacidad en las megaobras prioritarias. El Tren Maya, Dos Bocas y el AIFA fueron blindados mediante un  decreto que las clasificó como asuntos de “seguridad nacional”. La Suprema Corte invalidó ese decreto, pero el gobierno respondió con otro similar casi de inmediato. Transparencia cuando conviene, opacidad cuando estorba.

La tragedia de la Línea 12 del Metro marcó también un antes y un después. El peritaje de la empresa noruega DNV fue primero ocultado y luego descalificado cuando comenzó a señalar fallas de mantenimiento, además de errores de origen. La narrativa se concentró más en desacreditar al perito que en asumir responsabilidades políticas. El mensaje fue claro: el problema no era el colapso, sino quién se atrevía a explicarlo.

Y está, por supuesto, el desabasto de medicamentos. Durante años se negó que existiera un problema generalizado. Se atribuyeron las denuncias a campañas de farmacéuticas o a intereses políticos. Nunca se explicó con claridad por qué fracasó el nuevo sistema de compras consolidadas. El costo humano fue altísimo, especialmente en oncología pediátrica, donde los padres de familia se convirtieron en los críticos más incómodos del gobierno.

En todos los casos se repite el mismo libreto: silencio, minimización, explicación incompleta y, cuando la presión es insostenible, una narrativa  para esquivar la rendición de cuentas.

A todo lo anterior habría que agregar el reciente descarrilamiento del Tren Interoceánico, la reforma electoral y la visita de los dirigentes de Morena a la presidenta, cuyos detalles reales, como en otros episodios, siempre se quedan en la superficie.

La pregunta no es si estos gobiernos cometen errores —todos los cometen—, sino por qué insisten en no explicarlos con claridad, en un intento por no manchar el plumaje de sus alas. Un plumaje que, en realidad, se manchó hace mucho. Porque cuando un gobierno deja de hablar claro, no solo se erosiona la confianza: se normaliza la opacidad como forma de poder. Y de ahí a la tiranía, a veces, hay solo un paso.

EN EL TINTERO

¿Francisco Garduño un funcionario ejemplar? Sin comentarios.

En Corto: Harfuch va por el narco en Zacatecas

Hoy, la frontera entre Zacatecas y Jalisco ya no es tierra de nadie. Es un frente abierto del Estado mexicano, respaldado por cooperación internacional y una estrategia de seguridad que no negocia con el crimen. Y en esa ruta, la conducción de García Harfuch marca una línea firme: no hay tregua, no hay retrocesos y no habrá escondite posible.

Raúl García Araujo @araujogar

La frontera que conecta a Zacatecas y Jalisco dejó de ser una estadística regional para convertirse en un tema político de primer orden en la agenda de seguridad entre México y Estados Unidos.

No se trata solo de violencia local, sino de un corredor estratégico donde el control territorial define rutas, poder criminal y capacidad del Estado para imponer autoridad. Por eso, este punto específico del país ha sido colocado sobre la mesa en las reuniones bilaterales de seguridad entre ambos gobiernos.

En el centro de esa discusión aparecen nombres que concentran su atención y presión: El Geras, El Doble R y Mario González, quienes encabezan una disputa criminal por el control y trasiego de droga en los límites de ambas entidades.

No son actores marginales; son liderazgos que han convertido esa franja territorial en un campo de batalla, afectando directamente la estabilidad regional y la seguridad de comunidades enteras.

Desde el ámbito político, lo relevante es que estos personajes no operan en la sombra ni fuera del radar institucional. El Gobierno de México ha dejado claro que están plenamente identificados y bajo seguimiento permanente.

El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, informó al gobierno de Donald Trump que el año pasado se logró un golpe clave contra la estructura de El Geras con la captura de uno de sus operadores más relevantes: el exalcalde de Apulco, Zacatecas.

Un caso que evidenció la colusión entre poder local y crimen organizado, y que rompió un esquema de protección política que durante años permitió operar a estas redes.

Ese golpe no fue aislado. Forma parte de una estrategia de inteligencia sostenida, enfocada ahora en ubicar y capturar tanto a El Geras como a El Doble RR, así como a otros liderazgos criminales que buscan consolidar su presencia en la frontera Zacatecas–Jalisco.

El objetivo es claro: desmantelar estructuras, no solo detener individuos, y recuperar el control territorial que el crimen intenta imponer.

Este esfuerzo se da en un contexto político contundente: el traslado a Estados Unidos de 37 presos de alta peligrosidad, varios de ellos líderes y operadores de cárteles criminales. La decisión envía un mensaje inequívoco dentro y fuera del país: la cooperación bilateral en materia de seguridad es real, operativa y con consecuencias directas para las organizaciones criminales.

En este escenario, el papel de Omar García Harfuch adquiere una dimensión estratégica. No solo como jefe de la política de seguridad, sino como el funcionario que ha logrado convertir la relación con el gobierno de Donald Trump en una coordinación efectiva de inteligencia y acción, sin discursos vacíos ni simulaciones diplomáticas. Los resultados —detenciones, traslados y presión sostenida— respaldan esa línea de trabajo.

El mensaje político es contundente. El Estado mexicano actúa desde la fortaleza institucional, define prioridades y asume el costo de enfrentar a liderazgos criminales que durante años se movieron con margen de impunidad. Para El Geras, El Doble R y Mario González, quienes operan en esa franja territorial, la señal es clara: el cerco se cierra y el tiempo se agota.

Hoy, la frontera entre Zacatecas y Jalisco ya no es tierra de nadie. Es un frente abierto del Estado mexicano, respaldado por cooperación internacional y una estrategia de seguridad que no negocia con el crimen. Y en esa ruta, la conducción de García Harfuch marca una línea firme: no hay tregua, no hay retrocesos y no habrá escondite posible.

En Cortito: Nos cuentan que la reunión entre la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con los líderes de Morena, Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán fue presentada como un encuentro para dialogar y escuchar puntos de vista.

La propia mandataria explicó que ella los invitó luego de que la buscaran para informarle cómo están trabajando y conocer su opinión, negando que existieran acuerdos adicionales o definiciones políticas formales.

Sin embargo, nos dicen que en el fondo el encuentro tuvo un peso político mayor. En un momento clave para el país, uno de los temas que genera mayor disuasión es la Reforma Electoral impulsada por Sheinbaum, particularmente la necesidad de construir consensos para sacarla adelante sin confrontaciones innecesarias.

Aunque públicamente se descartó el tema, el contexto obliga a leer la reunión como parte de una estrategia de diálogo previo y medición de fuerzas.

La presencia, según trascendió, de Ricardo Monreal y Adán Augusto López refuerza esa lectura. Ambos son piezas clave en el tablero legislativo y su participación apunta a que la presidenta privilegia el acuerdo político antes que la imposición.

Pongamos el desorden: México lee… pero no entiende

El verdadero problema está en qué leemos, cómo leemos y, sobre todo, en que no entendemos lo que leemos.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

No dejan de sorprenderme los milagros que realiza la 4T. Según los datos más recientes, en México 8 de cada 10 personas dicen leer. Pasamos, casi por arte de magia, de un país donde el número de lectores iba en picada, a uno que presume una recuperación casi milagrosa.

Pero como todo milagro estadístico, conviene leer la letra chiquita.

Las cifras presentadas a finales del año pasado por el INEGI tienen varios asegunes. El primero —y no menor— es que el instituto bajó la edad de la muestra de 18 a 12 años. Con ese simple ajuste, los resultados dejan de ser comparables con los años anteriores. Habrá que esperar futuras mediciones con una muestra homogénea para saber si, en efecto, estamos leyendo más… o solo contando distinto.

Sin querer echar agua fría a la fiesta del “aumento en los niveles de lectura”, buena parte del crecimiento se explica por la inclusión de un sector en edad escolar. Lectores cautivos, pues. No necesariamente lectores formados.

Pero dejando los números de lado, creo que el problema no está en si los mexicanos leemos o no. El verdadero problema está en qué leemos, cómo leemos y, sobre todo, en que no entendemos lo que leemos.

En esta era digital leemos pantallas, encabezados, hilos interminables, mensajes de WhatsApp, memes con fondo político y síntesis informativas que a veces parecen novelas de terror.

Leemos rápido. Fragmentado. Sin pausa.

Lo que no hacemos —y eso lo confirman las pruebas serias— es comprender.

Mientras el gobierno presume como logro que el 79% de los mexicanos leyó algo el último año, las pruebas PISA nos devuelven la imagen incómoda del espejo: la mitad de los jóvenes de 15 años no puede identificar la idea principal de un texto largo ni distinguir un hecho de una opinión. Solo el 1% alcanza niveles de excelencia. Uno. Punto.

No estamos ante un país lector.

Estamos ante un país que consume letras.

A eso los especialistas le llaman analfabetismo funcional: personas que saben decodificar palabras, pero no procesar ideas. Gente que lee, pero no resume, no cuestiona, no conecta. Una forma elegante de decir que tenemos una sociedad particularmente vulnerable a la manipulación.

¿Y cómo se intenta corregir esto desde el poder? Regalando libros. Millones de libros.

La colección 25 para el 25 del Fondo de Cultura Económica es, sin duda, una proeza logística y un gesto políticamente rentable. Libros gratis, autores fundamentales, distribución continental. La foto es perfecta.

Pero aquí viene la pregunta incómoda:

¿Estamos creando lectores o solo llenando estantes?

Un libro en manos de alguien que no comprende lo que lee es, en el mejor de los casos, un objeto decorativo. En el peor, papel reciclable con prestigio intelectual. Regalar Guerra en el paraíso a quien batalla para identificar sujeto y predicado es un acto de romanticismo ciego. Muy noble. Muy inútil.

El fetichismo del libro —creer que el objeto, por sí solo, transforma— ha sustituido la discusión de fondo:

¿Quién está enseñando a leer con profundidad?

¿Quién acompaña la lectura, la cuestiona, la vuelve conversación y no solo estadística?

Porque leer por gusto no es el problema.

El problema es leer sin herramientas, leer sin detenerse, leer sin incomodarse, leer sin pensar.

Cambiamos la escasez de libros por la escasez de pensamiento crítico. El desabasto ya no es editorial; es cognitivo.

Una sociedad que lee pero no entiende es mucho más dócil que una que no sabe leer. Porque cree que sabe. Porque se siente informada. Porque repite sin cuestionar.

Tal vez por eso el verdadero problema no sea cuántos libros se regalan, sino cuántas ideas se discuten. No cuántas páginas se recorren, sino cuántas se digieren.

En México, la lectura se volvió una cifra de buena voluntad. La comprensión sigue siendo una deuda incómoda.

Pongamos el desorden empezando por admitirlo: leer no nos está salvando… porque no estamos entendiendo nada.

EN EL TINTERO.

Menuda revuelta se ha armado por el aterrizaje de un avión militar estadounidense en el Aeropuerto de Toluca.

Las explicaciones del gobierno no han hecho más que levantar más polvo.

Sepa La Bola: El Tren de Aragua en Sullivan

Lo que ocurría en Sullivan era un secreto a voces, tolerado en los hechos, pese a las denuncias y al impacto directo en la seguridad y en los derechos de las mujeres explotadas.

Claudia Bolaños @claudiabola

Esta columna ya había advertido, desde mayo pasado, sobre la ocupación de la zona de Sullivan por parte del Tren de Aragua, una presencia criminal de origen venezolano que no surgió de la noche a la mañana y que era conocida tanto por vecinos como por quienes trabajan en el lugar.

Han sido meses de desplazamiento de trabajadoras sexuales mexicanas, la imposición de mujeres venezolanas y el control violento del territorio mediante amenazas, extorsión y explotación sexual, sin que hubiera una respuesta efectiva de las autoridades.

No fue sino hasta que el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, exigió acciones contundentes al gobierno mexicano en el combate al crimen organizado, que se desplegaron operativos y se detuvo a seis integrantes de esta organización delictiva en la Ciudad de México.

La intervención, aunque necesaria, dejó en evidencia que lo que ocurría en Sullivan era un secreto a voces, tolerado en los hechos, pese a las denuncias y al impacto directo en la seguridad y en los derechos de las mujeres explotadas.

Muchas de ellas son  muy jóvenes, podría decirse que hay hasta menores de edad. Ellas descubren su cuerpo al paso de los automovilistas que buscan sus favores sexuales. Las mexicanas no hacían eso, y ante la llegada de muchas chicas, decidieron irse por cuenta propia o porque sus proxenetas fueron superados por explotadores venezolanos.

Y Sepa La Bola, pero el desalojo de perros y gatos del Refugio Franciscano para abrir paso a un desarrollo inmobiliario ha generado numerosas críticas al gobierno, al evidenciar que no estaba preparado para garantizar el bienestar de los animales. Hoy se sabe que todo ese movimiento y la penuria que enfrentaron perros y gatos, sin transparencia alguna, fue una apuesta fallida de quienes creyeron que desplazar a estos seres indefensos era un trámite menor en el camino hacia la construcción de departamentos en Cuajimalpa.

La postura del alcalde Carlos Orvañanos marca un punto de quiebre al rechazar públicamente cualquier desarrollo inmobiliario en el predio y asegurar que no se otorgarán permisos, licencias ni autorizaciones.

La coincidencia entre el alcalde y la jefa de Gobierno, Clara Brugada, refuerza la idea de que hay límites que no pueden cruzarse, incluso en una ciudad presionada por el crecimiento inmobiliario. El respeto al medio ambiente, a los recursos naturales y a los seres sintientes no es un adorno discursivo, es una obligación legal y moral.

Y Sepa La Bola, pero padres y madres de familia de la colonia Cristo Rey, en Álvaro Obregón, denunciaron que el acceso al Centro de Atención y Cuidado Infantil estaría siendo condicionado al pago mensual de 500 pesos, bajo la advertencia de perder el lugar si no se cubre la cuota. Señalaron que esta práctica contraviene el carácter público del servicio y el derecho constitucional a la educación gratuita, además de afectar a familias con limitadas condiciones económicas.

La Alcaldía Álvaro Obregón respondió de manera general al asegurar que ningún servicio público tiene costo y exhortó a denunciar cobros indebidos, sin atender de forma directa los señalamientos. El caso se suma a otras críticas contra la administración de Javier López Casarín, relacionadas con servicios públicos y transparencia, lo que ha incrementado la exigencia vecinal de claridad y rendición de cuentas.

Y Sepa La Bola pero el exjefe de Gobierno de la CDMX y exsenador Miguel Ángel Mancera ha marcado distancia del nuevo medio digital Aurora de México. Aunque en su momento se especuló sobre una posible cercanía, ésta nunca fue directa ni formal y, según se señala, Mancera ha optado por deslindarse por completo de cualquier vínculo con ese proyecto, al considerar que su ruta política va por un camino distinto.

Pongamos el desorden: Aprender a leer… también en la pantalla

Pongamos el desorden: Aprender a leer… también en la pantalla

En México —y en gran parte del mundo— confundimos la alfabetización digital con aprender a encender dispositivos.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

No sé si a usted le pase, pero es común quedarse con una expresión entre orgullo y sorpresa cuando ve a un niño o a un joven manejar con destreza un dispositivo digital, dando una cátedra maestra sobre su funcionamiento a personas que le duplican o triplican la edad.

Pero esa misma cara de orgullo de muchos padres cambia drásticamente cuando sus hijos, por creer en “información bien editada”, caen en manos de la delincuencia o son acosados por no tener cuidado con lo que publican en redes sociales.

Y es que, amigas y amigos, saber usar una pantalla no es lo mismo que saber leer lo que hay detrás de ella.

En México —y en gran parte del mundo— confundimos la alfabetización digital con aprender a encender dispositivos. Repartimos tablets, entregamos computadoras, presumimos conectividad… y dejamos solos a niños y adolescentes frente a un mundo digital que no entiende de inocencias.

Hoy, más del 90% de los adolescentes mexicanos usa internet a diario. Lo dice el INEGI. Lo que no dice nadie es quién les enseñó a distinguir una mentira de una verdad, una opinión de un hecho o una manipulación de una idea propia.

Las redes sociales se han vuelto su primer salón de clases emocional. Ahí aprenden qué cuerpo es “correcto”, qué vida es “exitosa”, qué opinión vale y cuál merece burla. Y aun así, en la mayoría de las escuelas nadie les explica cómo funcionan esos espacios ni por qué parece que el algoritmo sabe más de ellos que ellos mismos.

Luego está la inteligencia artificial. Ese fantasma cuyo andar está dejando huella en los salones y que muchos prefieren ignorar. Los estudiantes ya la usan para hacer tareas, resúmenes, cartas y ensayos. La escuela, en cambio, sigue discutiendo si la prohíbe, como si fuera posible ponerle candado a la realidad. Y como casi siempre, llega tarde a la conversación y, peor aún, sin entenderla.

El problema no es que usen IA; el problema es que nadie les enseña a usarla con criterio.

La IA podría ser una herramienta creativa brutal: para pensar mejor, escribir mejor, contrastar ideas o hacerse preguntas incómodas. Pero sin guía, se vuelve solo una trampa elegante para no pensar.

Mientras tanto, las autoridades educativas mexicanas parecen vivir en otro calendario —qué digo calendario, en otro universo—. Planes de estudio que apenas rozan lo digital, docentes sin capacitación real y una ausencia casi total de formación en pensamiento crítico digital, ética tecnológica o navegación responsable.

Están más enfocadas en defender una “Nueva Escuela Mexicana” —que a ciencia cierta ni ellos saben qué es—, pero que está condenando al atraso a miles de estudiantes.

No es un tema menor. La UNESCO ya ha advertido que la falta de alfabetización digital crítica aumenta la vulnerabilidad a la desinformación, al discurso de odio y a la manipulación política. Y aun así, seguimos actuando como si fuera un asunto secundario.

Después nos preguntamos por qué cuesta tanto dialogar, por qué la mentira corre más rápido que la verdad o por qué tantos jóvenes repiten lo que ven sin cuestionarlo.

Tal vez porque nadie les enseñó que a pensar también se aprende. Y que hoy, pensar implica saber moverse entre pantallas, algoritmos e inteligencias artificiales sin perder el criterio ni la humanidad.

La alfabetización digital no es enseñar tecnología.

Es enseñar a no dejarse dominar por ella.

Y si el Estado no se toma en serio esa tarea, el desorden seguirá creciendo.

No en las redes, sino en la sociedad.

EN EL TINTERO

Mientras discutimos si educamos o no para el mundo digital, la política sigue haciendo lo suyo. El martes les comenté que Donald Trump era el mejor amigo de la 4T. La presidenta habló con él y salió de la plática con la “certeza” de que Estados Unidos no atacará a los narcos en suelo mexicano. Y mientras estábamos enfocados en las bravatas del inquilino de la Casa Blanca, por la puerta de atrás cocinan la reforma electoral.

En Corto: Seguridad, turismo y desarrollo para Cuernavaca

Lo que hoy se construye en Cuernavaca es un modelo de liderazgo municipal que combina orden financiero, seguridad pública, planeación urbana y desarrollo económico, sostenido por una coordinación real entre los distintos niveles de gobierno y los municipios de la región.

Raúl García Araujo @araujogar

El arranque de 2026 encuentra a Cuernavaca bajo una conducción política definida y con objetivos claros.

La administración que encabeza José Luis Urióstegui Salgado ha trazado una hoja de ruta que coloca a la capital de Morelos en una etapa de consolidación institucional, donde seguridad, desarrollo urbano y turismo se articulan como pilares estratégicos para fortalecer la gobernabilidad, atraer inversión y proyectar a la ciudad como uno de los polos urbanos más relevantes del centro del país.

La instalación de la primera Mesa de Seguridad para la Construcción de la Paz de la Región Tepoztlán–Huitzilac–Cuernavaca confirma el papel de Urióstegui como articulador regional.

La presencia de autoridades de los tres órdenes de gobierno, así como de las fuerzas federales, estatales y de inteligencia, expresa una visión de Estado que entiende que la seguridad pública se construye con coordinación, información y territorio.

La interconexión en tiempo real del C4 de la SEPRAC con el C5 estatal fortalece la capacidad de reacción institucional y consolida un modelo de prevención que ya se refleja en una reducción sostenida de las incidencias delictivas y en una percepción social de mayor tranquilidad.

A esta arquitectura de seguridad se suma una política decidida de fortalecimiento operativo: nuevas patrullas, motocicletas, equipamiento especializado y una mejora sustantiva en las condiciones laborales de los policías.

El mensaje político es inequívoco: la seguridad de Cuernavaca es una prioridad estructural del gobierno municipal y no una respuesta coyuntural.

En paralelo, el gobierno de Urióstegui ha asumido uno de los retos históricos más complejos de la ciudad: el sistema hídrico. Con el Plan Maestro Hídrico 2026, respaldado por una inversión superior a los 75 millones de pesos y una coordinación efectiva con la Federación y el Gobierno del Estado, Cuernavaca avanza hacia un modelo de gestión del agua más eficiente, equitativo y sostenible.

La construcción de nuevos tanques, la perforación y rehabilitación de pozos, así como la modernización de la infraestructura, fortalecen la capacidad de la ciudad para garantizar el abasto en el mediano y largo plazo.

Este proceso se acompaña de una decisión política de fondo: el saneamiento financiero de SAPAC mediante la reestructuración de más de 114 millones de pesos en pasivos históricos con el IMSS.

Poner orden donde otros gobiernos postergaron responsabilidades no sólo fortalece al organismo operador, sino que devuelve credibilidad institucional y viabilidad financiera al sistema.

Sobre esta base de gobernabilidad y estabilidad, la política turística de Cuernavaca comienza a desplegar su potencial. El estudio Perfil del Visitante Cuernavaca 2026 confirma una recuperación sólida: mayor estadía promedio, crecimiento del gasto turístico y una presencia internacional que ya representa casi una cuarta parte de los visitantes.

Estos indicadores no son fortuitos; son consecuencia directa de una ciudad que ofrece seguridad, servicios confiables y una narrativa de futuro.

Lo que hoy se construye en Cuernavaca es un modelo de liderazgo municipal que combina orden financiero, seguridad pública, planeación urbana y desarrollo económico, sostenido por una coordinación real entre los distintos niveles de gobierno y los municipios de la región.

En un entorno político donde la estabilidad y los resultados son activos cada vez más escasos, la capital morelense empieza a consolidarse como un referente de gestión pública responsable y visión de largo plazo.

Ese es el sello político del gobierno de José Luis Urióstegui Salgado. Y es la base sobre la cual Cuernavaca proyecta su siguiente etapa de desarrollo.

 

En Cortito: Nos cuentan que también en Yautepec el calendario rumbo a 2026 ya empezó a moverse con mayor claridad y que el presidente municipal Eder Alonso Gutiérrez ha comenzado a fijar los ejes estratégicos de su administración en un momento clave para el reacomodo político del oriente de Morelos.

No es un movimiento menor: el municipio se ha convertido en una pieza central por su peso poblacional, su dinámica económica y su influencia dentro del corredor metropolitano, por lo que cada decisión de gobierno adquiere una dimensión política que trasciende sus límites territoriales.

El primer gran reto de su gobierno es convertir la inversión en infraestructura social en un instrumento de estabilidad y cohesión.

Otro desafío central es el fortalecimiento del programa de transporte gratuito para estudiantes universitarios. Incrementar el número de unidades y ampliar los destinos no es solamente una medida administrativa, sino una decisión política que apuesta por la permanencia escolar, el desarrollo del capital humano y la reducción de la carga económica de cientos de familias.

Para Eder Alonso, este programa representa una de las inversiones sociales con mayor retorno político: cercanía con la población, legitimidad y proyección de futuro.