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Pongamos el desorden: Faltó garra

Pongamos el desorden: Faltó garra

Algunas crónicas del evento señalaron que al último discurso de la ministra Piña le faltó fuerza. Coincido: quedó a deber un guiño a todos los jueces que perdieron su cargo por una reforma al Poder Judicial hecha sobre las rodillas.

Miguel Camacho mcamachoocampo

Con su informe final, la ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Norma Lucía Piña Hernández, puso fin a una época en el máximo tribunal del país y, en general, en el Poder Judicial Federal.

En su discurso, la ministra Piña dio cifras, habló de transparencia, dijo que el máximo tribunal estuvo sujeto a acoso y desinformación, y afirmó que no respondieron con estridencias, sino con sentencias.

Fue un adiós más parecido a un café descafeinado: sin tres de los ministros en activo del pleno, sin los magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral y sin los miembros de la Judicatura Federal. Seguramente tenían algo mejor que hacer.

Algunas crónicas del evento señalaron que al último discurso de la ministra Piña le faltó fuerza. Coincido: quedó a deber un guiño a todos los jueces que perdieron su cargo por una reforma al Poder Judicial hecha sobre las rodillas, y a todos los trabajadores que también serán cesados para acomodar a los equipos de los juzgadores del “acordeón”, de la “chiva” o de la “chuleta”, como usted le quiera llamar.

Faltó un mensaje crítico a las que se quedan y a los que llegan al máximo tribunal del país, recordándoles que no tienen el cargo por la “voluntad del pueblo”, sino por la ambición de unos cuantos, el instinto de conservación de otros, la venganza de uno y la falta de garra de todos.

Faltó una advertencia: está en sus manos ser agentes de cambio o simples comparsas de una causa.

El 1 de septiembre entrará en funciones una SCJN descafeinada, sin muchas de las facultades que tiene la actual. Llegarán juzgadores que no podrán ayudarnos porque, si se salen del guion, podrían enfrentar la furia del régimen o de sus allegados en el Tribunal de Disciplina Judicial.

A partir del lunes 1 de septiembre comenzaremos a vivir las consecuencias —buenas o malas— de nuestra falta de garra. Después no digamos que no lo vimos venir.

EN EL TINTERO

Menudo espectáculo protagonizaron Gerardo Fernández Noroña y Alejandro Moreno Cárdenas al liarse a golpes en la última sesión de la Comisión Permanente del Congreso, en la antigua sede del Senado.

Bastante raros los vendajes con los que apareció el colaborador de Fernández Noroña en la conferencia de prensa tras el altercado… No digo que no saliera lastimado; mi pregunta es: ¿QUIÉN CARAMBA LO ATENDIÓ?

Esto sí se llama justicia expedita: agentes del Ministerio Público fueron a la casona de Xicoténcatl a recibir la denuncia. ¿Iría un médico legista a ver las radiografías y valorar las lesiones? Si así curan las fracturas, no me quiero imaginar cómo suturan las vergüenzas.

En Corto I Adiós a la SCJN dorada

En Corto I Adiós a la SCJN dorada

Hoy Norma Piña será recordada como la presidenta que permitió la demolición de la Suprema Corte. La que, en lugar de defender la institución, la arrastró a la peor crisis de su historia.

Raúl García Araujo @araujogar

Culmina toda una vida de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de resoluciones hechas a la medida de los poderosos, de dictámenes por consigna para favorecer al presidente en turno, de burocracia dorada que vivió de espaldas al pueblo. Se apaga una época de privilegios insultantes.

Empieza ahora una nueva era para sus integrantes salientes, once ministros que regresarán a una vida terrenal, donde deberán pagar sus propios gastos, sus comidas, sus viajes, su gasolina, sin el séquito ni la parafernalia que por años los rodeó en su reino de opulencia.

La debacle de la Corte comenzó con la errática conducción de su presidenta, Norma Piña Hernández, quien, cerrada a escuchar al pueblo, se atrincheró en la soberbia y terminó entregando el Poder Judicial en bandeja de plata. Creyó que la institución era intocable, que los ministros eran intocables, y lo único que consiguió fue acelerar el derrumbe.

Piña tuvo en sus manos la posibilidad histórica de impulsar la más grande reforma judicial de nuestra vida pública. Prefirió mirar hacia otro lado. Fue Andrés Manuel López Obrador quien tomó la bandera y, con el respaldo popular, la convirtió en una Reforma Judicial que ya es irreversible.

La presidenta de la Corte apostó a desafiar al Ejecutivo y perdió. Pensó que con gestos de desdén, como negarse a ponerse de pie en Querétaro en la ceremonia constitucional; con promesas vacías, como el supuesto destino de los fideicomisos para los damnificados de Acapulco; o con el silencio cómplice de sus ministros frente a los llamados de autorregulación, bastaba para contener la marea. Pero en realidad lo único que hacía era cavar la tumba del Poder Judicial.

Y a la par, desde dentro, Arturo Zaldívar se encargó de dinamitar lo que quedaba de su autoridad, mientras desde las mañaneras se exhibían sus contradicciones, excesos y privilegios. Lo que derrumbó a Piña no fue solo la fuerza del Ejecutivo, sino su propia incapacidad política.

Hoy Norma Piña será recordada como la presidenta que permitió la demolición de la Suprema Corte. La que, en lugar de defender la institución, la arrastró a la peor crisis de su historia, dejando abandonados a miles de trabajadores honestos y al descubierto la corrupción de quienes convirtieron al Poder Judicial en un negocio familiar.

Su legado no es de independencia ni de dignidad, sino de claudicación. Pasará a la historia no como la mujer que reformó la justicia, sino como la ministra que selló la rendición del Poder Judicial ante el pueblo organizado.

Y ese es el punto central: no fue López Obrador quien derrotó a la Corte. Fue el pueblo de México, cansado de jueces corruptos, ministros de lujo y sentencias al servicio del dinero. La gente decidió que la justicia no puede seguir siendo privilegio de unos cuantos.

Norma Piña podrá decir que será la historia la que la juzgue. Pero el juicio ya está dictado: su nombre quedará marcado como el de la presidenta que dejó morir a la Corte, que dejó sin defensa a su propio poder y que abrió paso a una nueva justicia popular que ya no se detendrá.

 

En Cortito: No hay que perder de vista lo que ocurre dentro de Morena, donde los excesos y extravagancias de sus líderes, diputados y senadores están ahogando el discurso de austeridad que tanto pregonó su máximo líder, Andrés Manuel López Obrador.

Los morenistas dejaron de predicar con el ejemplo. Sin la férrea presencia y control de López Obrador, comenzaron a mostrar su verdadero rostro: intereses personales, privilegios y una ambición desmedida que choca con los principios que alguna vez defendieron. El maquillaje del partido se cae y, con él, la credibilidad ante el electorado.

Lo más grave es que estos excesos tendrán consecuencias claras en la elección intermedia de 2027. Sin el escudo político de López Obrador, los ciudadanos juzgarán a cada uno de los líderes que hoy abusan de los recursos y la influencia de Morena. Ese voto de castigo podría marcar un retroceso severo para el partido, dejando al descubierto la fragilidad de un proyecto político que parecía invulnerable.

La prueba de fuego para Morena recaerá sobre Luisa María Alcalde y su capacidad de mantener la cohesión y disciplina dentro del partido. Será un examen ineludible: demostrar que Morena puede sostener su proyecto político más allá de la figura del ex presidente o sucumbir ante los intereses individuales de quienes hoy gobiernan bajo la sombra del poder.

Si no se actúa con firmeza, el mensaje será claro: sin López Obrador, Morena no solo pierde la moral, sino también la conexión con la gente que alguna vez confió en él. Y esa lección, inevitablemente, se reflejará en las urnas.

 

Pongamos el desorden: La inflación emocional

Pongamos el desorden: La inflación emocional

La inflación emocional se mide en frases: “ya no me alcanza el día”, “ando tronado”, “me siento drenada”.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Cuando escuchamos la palabra inflación, pensamos en el precio del limón, en el kilo de tortillas o en que el gas LP ya parece artículo de lujo. Pero hay otra inflación, silenciosa y cotidiana, que no aparece en las gráficas del Banco de México ni en los reportes del INEGI. La otra inflación no se mide en pesos, sino en paciencia: es la inflación emocional.

Dormir bien, estar en paz o reír sin cinismo ya son lujos que se cotizan al alza. El fenómeno es tan real como el que golpea a la canasta básica. Solo que aquí la moneda no es el peso o el dólar, sino las horas de sueño perdidas, la ansiedad acumulada y la fatiga de vivir con prisa.

En 2022, México alcanzó una inflación anual del 8.7%, la más alta en 20 años. El dato fue portada y objeto de debates. Pero si midiéramos con la misma seriedad la inflación emocional, el índice sería de crisis humanitaria.

El costo de la paciencia en el tráfico es altísimo. La CDMX ocupa el sexto lugar mundial en congestión vehicular. Eso significa que cada capitalino pierde 148 horas al año atorado en alguna avenida, casi un mes laboral completo.

Pero lo que se pierde en el tránsito no es solo tiempo: es humor, es salud, es la última pizca de cordura. Si esas horas se tradujeran en dinero, cada automovilista podría darse algunos lujos, como… un terapeuta de cabecera. Quizá deberíamos contabilizar como horas trabajadas los traslados.

La pandemia dejó claro que la inflación emocional no es metáfora.  burnout (agotamiento por estrés) se disparó: en 2021, un estudio de la UNAM encontró que 75% de los trabajadores en México tenían síntomas de estrés severo.

El INEGI mide carencias en salud, vivienda y educación. Pero ¿quién mide la carencia de descanso? Dormir ya es un lujo: el mexicano promedio duerme 6.5 horas diarias, menos de las ocho recomendadas por la OMS.

La deuda de sueño es el verdadero Fobaproa de nuestra generación.

Lo mismo pasa con la risa genuina, con el ocio sin culpa, con el silencio. Todo está en escasez. Y cuando algo escasea, sube de precio. Hoy hasta dar un abrazo sincero se siente como llenar el tanque de gasolina.

La inflación emocional se mide en frases: “ya no me alcanza el día”, “ando tronado”, “me siento drenada”. Son indicadores más confiables que cualquier encuesta.

Si existiera un INEE (Instituto Nacional de Estadística Emocional), sus gráficas mostrarían la curva del estrés disparada, el índice de ternura en mínimos históricos y la confianza en el futuro depreciada.

La inflación emocional es el costo oculto de un país y de un mundo que exige más de lo que devuelve. Y aunque no aparezca en los reportes oficiales, sus efectos son visibles: cansancio colectivo, violencia cotidiana, apatía política.

No es solo un fenómeno mexicano. En Nueva York, Tokio o Madrid, el alza en las estadísticas de divorcios, de depresión y de violencia intrafamiliar también muestra esta carestía emocional. En Estados Unidos, incluso se declaró la epidemia de la soledad como problema de salud pública.

Como advierte la psicoterapeuta belga-estadounidense Esther Perel, especialista en vínculos humanos: “Hoy no estamos hambrientos de pan, sino de descanso, de atención y de conexión humana”. Esa es la verdadera canasta básica emocional, y está más cara que nunca.

Quizá lo que necesitamos no es un control de precios, sino un control de tiempos. Subvencionar la calma, subsidiar el descanso, estabilizar el mercado de la ternura. Un bono de siestas, una tarifa plana de abrazos, un seguro contra la prisa. Suena utópico, pero más caro es seguir pagando con ansiedad y desvelo cada instante de la vida.

EN EL TINTERO

“El Mayo Zambada” se declaró culpable de varios cargos de narcotráfico. Aseguró que durante su carrera criminal sobornó a políticos… ¿Qué políticos tendrán sus barbas remojando?

Sepa La Bola: El caso  Ximena y José  ¿inconcluso?

Sepa La Bola: El caso Ximena y José ¿inconcluso?

La ausencia del tirador, tres meses después del crimen, es un hoyo negro que ensombrece la investigación.

Claudia Bolaños @claudiabola

Y Sepa La Bola… pero la investigación sobre el asesinato de Ximena Guzmán y José Muñoz, colaboradores cercanos de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada,  ha dejado una sensación de estar frente a algo inacabado.

A pesar de las detenciones realizadas por la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC),  ahí que les consideran que solo se atrapó a operadores de bajo nivel, mientras los verdaderos autores intelectuales y materiales permanecen en la sombra.

La pregunta que resuena con fuerza es: ¿Quién o quiénes orquestaron este crimen que segó la vida de dos figuras clave en el equipo de Brugada? Y aún más importante, ¿cuál fue el motivo detrás de este acto?

Las declaraciones de Bertha Alcalde, titular de Fiscalía, y Pablo Vásquez, secretario de Seguridad Ciudadana, lejos de disipar las dudas, alimentaron la incertidumbre, dejando la impresión de que las autoridades desconocen los hilos que movieron este trágico suceso.

La ausencia del tirador, tres meses después del crimen, es un hoyo negro que ensombrece la investigación.

Incluso las declaraciones de Omar García Harfuch, titular de la SSP, apuntan a la participación del crimen organizado, sugiriendo que este tipo de acciones solo son ejecutadas por grupos delictivos de alto calibre, con experiencia en ataques a funcionarios públicos, pero no los ha logrado detener.

Las especulaciones no se hicieron esperar, señalando al Cártel Jalisco Nueva Generación, al Cártel de Sinaloa o incluso al emergente Cártel Nuevo Imperio como posibles responsables, dada la planificación y ejecución, a plena luz del día y en una avenida céntrica, del ataque.

Sin embargo, ninguna autoridad logró establecer una línea de investigación sólida y convincente que arroje luz sobre este caso.

El tiempo transcurrido desde el 20 de mayo ha diluido la memoria y el reconocimiento al trabajo de Ximena y José, quienes fueron víctimas de un ataque perpetrado por un único individuo, un hecho que aún genera incredulidad y desconcierto.

Y Sepa La Bola… pero se abrió un debate sobre la capacitación y el desempeño de la policía capitalina.

A pesar de los discursos oficiales que la catalogan como la más preparada del país, incidentes como el reciente homicidio de un motociclista revelan deficiencias alarmantes en la actuación de los uniformados.

Muchos agentes parecen carecer de las herramientas necesarias para responder adecuadamente ante situaciones de alta tensión, mientras que otros se ven envueltos en operativos ilegales y actos de extorsión contra automovilistas y motociclistas.

De ahí que el policía  que asesinó por la espalda a un motociclista con el que se había enfrentado segundos antes manda un terrible mensaje de que aún falta mucho por hacer, ya que el haber disparado a una persona por la espalda se considera un uso excesivo de la fuerza.

Este tipo de conductas no solo dañan la imagen de la institución, sino que también socavan la confianza de la ciudadanía.

Es imperativo que la Secretaría de Seguridad Ciudadana extreme la cautela en sus declaraciones, evalúe y capacite constantemente a su personal para evitar atropellos que manchen la reputación de la institución.

Las cárceles de la Ciudad de México albergan a numerosos policías acusados de delitos graves como secuestro, extorsión, asesinato y abuso de autoridad, lo que evidencia un problema sistémico que debe ser abordado de manera urgente.

Pongamos el desorden: La geopolítica del aguacate

Pongamos el desorden: La geopolítica del aguacate

El oro verde, como también se le llama al aguacate, tiene manchas de sangre. Michoacán, líder en producción, vive bajo la violencia de cárteles que cobran cuotas, controlan huertas y disputan rutas.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

El petróleo mueve ejércitos, el gas tumba gobiernos, el litio es la nueva fiebre del oro… y el aguacate, bueno, el aguacate puede poner en jaque al Super Bowl. No es exageración: un cierre de importaciones en esas fechas sería una catástrofe nacional en Estados Unidos y un boquete económico de pronóstico reservado en México.

Detrás de cada guacamole no solo hay un antojo: hay comercio internacional, violencia, tala de bosques y hasta seguridad nacional servidos en molcajete.

Según la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), México produce el 30% de los aguacates del planeta. El 80% de esas exportaciones va a Estados Unidos. Solo en 2023 salieron más de 3.3 millones de toneladas, lo que dejó un ingreso de 3,500 millones de dólares. Para ponerlo en perspectiva: la carne de res mexicana, con toda su fama, exporta menos.

El negocio es tan jugoso que la Asociación de Productores y Empacadores de Aguacate de México paga anuncios millonarios cada Super Bowl. En 2022, un spot de 30 segundos costó 7 millones de dólares.

Pero el oro verde, como también se le llama al aguacate, tiene manchas de sangre. Michoacán, líder en producción, vive bajo la violencia de cárteles que cobran cuotas, controlan huertas y disputan rutas. En 2022, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos suspendió temporalmente las importaciones por amenazas a sus inspectores. Dicho sin rodeos: un pistolero local puede frenar el comercio más rápido que cualquier tratado internacional. México inventó el T-MEC versión balazo.

El impacto ambiental tampoco se queda atrás. En ocasiones, para abrir huertas, se talan cientos de hectáreas de bosques en Michoacán y el sur del Estado de México. Lo que en Los Ángeles se presume como “superfood”, en la sierra mexicana es el “súper pretexto” para arrasar con miles de árboles.

Lo que ocurre en una huerta de México repercute en la economía global. Un retraso en la cosecha encarece el aguacate en supermercados de Nueva York y en restaurantes de Chicago. Hasta la inflación culinaria ya se mide en guacamole.

El aguacate demuestra que la globalización no solo se escribe con siglas como OPEP o G7, sino también con sudor de campesinos michoacanos. Y ahí está la paradoja: México puede alimentar al mundo, pero no puede proteger a sus productores.

La gran ironía es esta: el aguacate mexicano tiene más presencia en las embajadas que muchos diplomáticos. Mientras tanto, aquí seguimos discutiendo si el guacamole lleva jitomate o no, como si esa fuera la única disputa que importara. El aguacate ya es embajador global; el Estado, en cambio, todavía necesita pasaporte para entrar a sus propias huertas.

EN EL TINTERO

Los mexicanos no supimos o no pudimos defender al Poder Judicial. A partir del 1 de septiembre entra en funciones el Poder Judicial del Bienestar.

En Corto I Teocaltiche, la violencia imparable

En Corto I Teocaltiche, la violencia imparable

Lejos de la promesa de pacificación, Pablo Lemus ha permitido que Teocaltiche se convierta en un infierno. Hoy el municipio no es símbolo de orden, sino de abandono y fracaso.

Raúl García Araujo @araujogar

Teocaltiche se ha convertido en el espejo más brutal del fracaso en materia de seguridad del gobierno de Jalisco. Lo que el gobernador Pablo Lemus prometió pacificar, hoy es un territorio sumido en la violencia más descarnada.

En lugar de la paz ofrecida, el municipio vive secuestros, desapariciones, asesinatos y feminicidios casi a diario, bajo un patrón que se ha vuelto cotidiano: grupos criminales irrumpen de madrugada en las casas, revientan chapas y ventanas, y se llevan a hombres o mujeres mientras duermen.

La madrugada del 16 de agosto, Óscar Daniel Pérez Aguayo, exagente de vialidad, fue sacado de su casa por hombres armados. Dos días antes, Oliver Adolfo Cruz Ponce fue privado de su libertad en circunstancias similares. El 11 de agosto, Oscar Díaz, comerciante, fue levantado en su negocio y liberado horas más tarde en una brecha.

A esa lista se suman el asesinato de Isaías Ruvalcaba Cuevas, baleado en su vivienda; la desaparición de Juan Diego Aguayo Cruz en una forrajera; el secuestro de Jessica Tejeda, madre de familia sustraída frente a sus hijos; y el caso de Salvador Villalobos, arrancado de su hogar en la colonia El Tanque.

Como si la violencia no tuviera límite, el 13 de agosto Teocaltiche volvió a ser escenario de un feminicidio: una joven fue ejecutada de un disparo en la cabeza dentro de su casa en la colonia Revolución. Con este caso suman nueve feminicidios en lo que va del 2025, una cifra que evidencia la gravedad de la crisis de violencia de género en la región.

Los datos oficiales apenas muestran una parte de la tragedia: 21 homicidios dolosos en el primer semestre de 2025. Pero la cifra real es mayor. El medio Dominio Público Noticias ha documentado al menos 30 asesinatos, todos respaldados en partes informativos de la policía. Esta diferencia evidencia lo que el gobierno quiere ocultar: la violencia es peor de lo que reconoce.

Lo más indignante es el silencio cómplice de las autoridades. Ni Lemus, ni su secretario de Seguridad Pública, Juan Pablo Hernández, ni el fiscal estatal, Salvador González de los Santos, han dado explicaciones claras ni asumido la magnitud del problema. Informan a cuentagotas, minimizan los hechos y permiten que el miedo se normalice en la vida diaria de Teocaltiche.

Pablo Lemus, Gobernador de Jalisco

La gente lo sabe: la policía estatal no llega a tiempo, y algunos habitantes incluso los acusan de ser responsables de las desapariciones. La Guardia Nacional brilla por su ausencia y los criminales operan con total impunidad. Los habitantes viven con la certeza de que nadie está a salvo y que cualquiera puede ser la próxima víctima.

Lejos de la promesa de pacificación, Pablo Lemus ha permitido que Teocaltiche se convierta en un infierno. Hoy el municipio no es símbolo de orden, sino de abandono y fracaso. Cada secuestro, desaparición, feminicidio y asesinato recuerda que el Estado ha renunciado a su deber más básico: proteger la vida de los jalicienses.

La pregunta no es si Teocaltiche puede volver a la calma, sino si el gobierno de Jalisco está dispuesto a enfrentar a los criminales o seguirá escondiendo la cabeza como avestruz mientras el municipio más violento del estado se hunde en la barbarie.

 

En Cortito: El periodista y comunicador Manuel Moreno Domínguez suena con fuerza tanto dentro, como fuera de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para ocupar uno de los cargos más relevantes el próximo 1 de septiembre: la Dirección General de Comunicación Social.

Se trata de un perfil altamente experimentado, y según diversos analistas, es la mejor opción que tiene el próximo presidente de la Corte, Hugo Aguilar Ortiz. Moreno Domínguez no solo cuenta con amplia experiencia en temas de comunicación, sino que además ha trabajado estrechamente con figuras clave del país.

Durante el gobierno capitalino de Andrés Manuel López Obrador, fue su Director de Información, coordinando la cobertura de las mañaneras junto con César Yáñez y Jesús Ramírez, con quien también colaboró en la Presidencia durante el sexenio de AMLO.

Su experiencia en el Poder Judicial es igual de notable. Ha ocupado en dos ocasiones la Dirección de Información de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura Federal, lo que le otorga un conocimiento profundo de los mecanismos internos y de la importancia de la comunicación institucional en el ámbito judicial.

La llegada de Moreno Domínguez a la llamada “nueva Corte” no solo representaría una bocanada de aire fresco, sino también una estrategia para fortalecer la relación del Poder Judicial con los medios de comunicación y la opinión pública.

Su red de contactos incluye a líderes de opinión, conductores y periodistas de diversas fuentes de información en todo el país, y cuenta con el respaldo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, lo que refuerza aún más su candidatura.

En suma, Manuel Moreno Domínguez no llega a ocupar un cargo más: aporta experiencia, confianza y estrategia comunicacional en un momento clave para la Suprema Corte, consolidando una visión moderna de cómo el Poder Judicial puede acercarse a la ciudadanía y reforzar su legitimidad.