por Dominio Público | Abr 28, 2026 | Opinión, Principales
La 4T ha buscado que el gobierno estatal, y particularmente la gobernadora, cargue con la responsabilidad principal. Sin embargo, este asunto tiene **cuatro patas**, y ninguna de ellas se sostiene por completo.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
Este martes, cuando estas líneas vean la luz, es muy probable que la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, y el fiscal general del estado se encuentren —o sean esperados— ante un grupo de senadores para explicar la presencia de agentes de la CIA en un operativo policial realizado en la zona serrana.
Nadie habría conocido los detalles de no ser por el accidente ocurrido en el barranco de El Pinal, donde perdieron la vida el director de la Agencia Estatal de Investigación, Pedro Román Oseguera Cervantes, su escolta y dos estadounidenses identificados por medios internacionales como agentes de la CIA. Algunos reportes señalan que hasta cuatro elementos de la agencia podrían haber participado en la zona.
El operativo permitió desmantelar un importante narcolaboratorio, pero el verdadero escándalo radica en la irregular participación de agentes extranjeros y en las versiones contradictorias sobre quién autorizó su presencia y quién estaba enterado de ella.
La 4T ha buscado que el gobierno estatal, y particularmente la gobernadora, cargue con la responsabilidad principal. Sin embargo, este asunto tiene **cuatro patas**, y ninguna de ellas se sostiene por completo.
Primera pata: El gobierno de Chihuahua
Si las autoridades estatales invitaron o permitieron la participación operativa de agentes de la CIA sin la acreditación formal correspondiente, incurrieron en una violación a la Ley de Seguridad Nacional y a las facultades exclusivas que la Constitución otorga a la Federación en materia de inteligencia y soberanía.
Las explicaciones iniciales, que hablaban de “instructores de drones”, perdieron credibilidad al confirmarse que los estadounidenses viajaban en el mismo convoy que el director de la AEI. La creación de una unidad especial de investigación interna, encabezada por personal de la propia fiscalía, ha generado la percepción de que se busca más el control del daño que una investigación transparente.
Segunda pata: Los órganos de inteligencia y seguridad federales
Resulta poco convincente que el CNI, Defensa, Marina, Guardia Nacional y el gabinete de seguridad nacional ignoraran por completo la presencia y operación de agentes estadounidenses en la sierra de Chihuahua, máxime cuando diversos reportes indican que no habría sido la primera ocasión durante 2026.
Tanto el gobierno estatal como el federal tienen la obligación de ser completamente transparentes con la ciudadanía y rendir cuentas claras. Ninguna de las dos instancias puede permitirse opacidad, porque eso solo alimenta especulaciones y desconfianza. La insistencia federal en que “no sabían nada” deja más dudas que respuestas y apunta, cuando menos, a una seria falla de coordinación.
Tercera pata: El uso político por parte de la 4T
El gobierno federal y Morena han visto en este caso una oportunidad política clara. Las declaraciones que ubican la principal responsabilidad en el gobierno estatal, los citatorios en el Senado y las advertencias sobre el respeto a la soberanía parecen tener un doble objetivo: presionar a gobernadores opositores y desviar la atención de las dificultades del propio gobierno federal para mantener el control territorial en varias regiones del país.
Cuarta pata: Estados Unidos y la CIA
Washington ha actuado, como en otras ocasiones, como si las leyes mexicanas fueran flexibles cuando están en juego sus intereses de seguridad nacional. Uno de los agentes ingresó con pasaporte diplomático y otro como turista. La CIA opera bajo la lógica de que la amenaza del narcotráfico justifica saltarse los protocolos formales, aprovechando las limitaciones históricas de México para controlar plenamente su territorio.
Más allá de discursos sobre traición a la patria o entrega de soberanía, el incidente de Chihuahua revela, ante todo, una grave falta de coordinación entre el gobierno federal y el estatal, agravada por la intromisión estadounidense y el oportunismo político de los involucrados.
Tanto el gobierno de Chihuahua como el federal tienen la obligación impostergable de rendir cuentas con total transparencia. Solo así se evitarán especulaciones y se podrá esclarecer realmente lo ocurrido. Convertir este trágico accidente en un instrumento para golpear políticamente a Maru Campos, mientras se minimiza la posible omisión federal y la actuación irregular de la CIA, solo contribuye a enrarecer el ambiente y aleja las soluciones reales.
Al final, los más afectados son los ciudadanos de Chihuahua, que continúan enfrentando la presencia del crimen organizado mientras sus gobernantes disputan la narrativa.
La soberanía no se defiende con comparecencias mediáticas ni con declaraciones grandilocuentes. Se construye con instituciones sólidas, coordinación efectiva y resultados concretos en la lucha contra el crimen. Por ahora, en las cuatro patas del caso Chihuahua, abunda más el circo político que las respuestas serias.
por Dominio Público | Abr 24, 2026 | Opinión, Principales
Entre quienes conocen la operación interna del OPLE poblano, se desliza que el interés no sería solo político, sino también administrativo: evitar que temas heredados escalen o se reabran.
Claudia Bolaños @claudiabola
Y Sepa La Bola… pero nos cuentan desde Puebla que la recién nombrada consejera electoral, Blanca Yassahara Cruz García, no perdió tiempo y, tras el protocolo en el Instituto Nacional Electoral, regresó a su estado.
En los pasillos del Organismo Público Local Electoral de Puebla aseguran que su visita no fue solo de cortesía.
Coincide, dicen, con el arranque de los movimientos rumbo a la renovación de la presidencia del organismo, donde ya empiezan a perfilarse nombres.
Ahí es donde varios levantaron la ceja: hay quien sostiene que la consejera estaría buscando incidir en ese relevo, impulsando a un perfil cercano que le dé continuidad a ciertas decisiones tomadas en su etapa local.
Otros, más cautos, hablan de simple interlocución política en un momento clave.
El comentario no es menor. Entre quienes conocen la operación interna del OPLE poblano, se desliza que el interés no sería solo político, sino también administrativo: evitar que temas heredados escalen o se reabran.
En paralelo, volvió a mencionarse en corto a viejos conocidos del sector de impresión, entre ellos la familia Carranza, lo que para algunos es coincidencia y para otros, parte de una red que sigue activa.
Por lo pronto, la llegada al INE no parece haber significado un corte con Puebla. Al contrario, dicen, la interlocución sigue… y no precisamente a distancia.
Y Sepa La Bola… pero en algunas regiones del país, programas de apoyo dirigidos a agricultores estarían siendo aprovechados por grupos de la delincuencia organizada para intervenir en la cadena de comercialización de las cosechas.
De acuerdo con versiones recogidas en campo, estos grupos compran productos agrícolas a precios por debajo del mercado directamente a los productores, para posteriormente revenderlos a instancias gubernamentales a un costo mayor.
Este esquema, señalan las fuentes, afecta de manera directa a los agricultores, quienes reciben menores ingresos por su producción, mientras que intermediarios ilegales concentran las ganancias.
La situación también podría distorsionar los objetivos de los programas públicos, diseñados para fortalecer al sector rural, pero que en estos casos terminan beneficiando a terceros ajenos a la actividad productiva.
Y Sepa La Bola, pero ocurrido en Teotihuacán no es un hecho aislado ni menor; es una alerta directa sobre la fragilidad con la que se está gestionando la seguridad en espacios turísticos clave de México.
La muerte de una turista canadiense y las personas heridas no solo estremecen por la tragedia humana, sino por lo que representan: una grieta en la confianza internacional hacia uno de los destinos más emblemáticos del país.
Teotihuacán no es cualquier sitio. Es símbolo de identidad, de historia y de proyección global. Lo que sucede ahí trasciende lo local y se convierte en un mensaje hacia el exterior. Hoy, ese mensaje es incómodo: la percepción de riesgo está ganando terreno donde debería existir certeza.
El avance de las investigaciones y la respuesta de las autoridades han sido observados con lupa. Más allá de los resultados periciales, el tema de fondo es la prevención.
¿Qué falló para que una visita turística terminara en tragedia? Esa es la pregunta que aún no encuentra una respuesta clara ni contundente.
Para México, el impacto es doble. Por un lado, el golpe reputacional en materia turística; por otro, la urgencia de replantear protocolos de seguridad en zonas de alta afluencia internacional. No se trata solo de esclarecer, sino de garantizar que no se repita.
Porque cuando falla la seguridad en un sitio como Teotihuacán, no solo cae una estadística: se tambalea la credibilidad de todo un destino país.
por Dominio Público | Abr 23, 2026 | Opinión
Porque cada vez que se niega lo evidente, no solo se pierde una discusión: se pierde credibilidad. Y la credibilidad, a diferencia de la narrativa, no se fabrica en una conferencia ni se corrige con un comunicado.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
“No me ayuden compadres” o “mejor ayuda el que no estorba” son dos frases que la presidenta, Claudia Sheinbaum, debe estar repitiendo a sus colaboradores y equipos de comunicación luego de la cadena de hechos en los que “se les ha hecho bolas el engrudo”. En su afán por mantener la imagen inmaculada de la 4T, no solo construyeron narrativa: en varios casos terminaron negando la realidad… y la realidad, necia como es, terminó alcanzándolos.
Un estratega político, Xavier Domínguez, plantea una distinción interesante: en política se puede “mentir” —es decir, acomodar, encuadrar o dosificar la verdad—, pero no “engañar”, porque el engaño implica negar hechos verificables y, cuando se cae, el costo es mayor. Viendo los casos recientes, pareciera que alguien confundió una cosa con la otra.
La mujer que asoleó sus piernas en una de las ventanas de Palacio Nacional. Por días se dijo que el hecho no era cierto, que las imágenes eran producto de inteligencia artificial y que todo formaba parte de un complot de la derecha. Ante la evidencia, la propia presidenta tuvo que salir a reconocer que sí, que una funcionaria de Hacienda había decidido broncearse en pleno recinto histórico. Ahí no hubo encuadre: hubo negación. Y luego, corrección.
La presidenta intentó suavizar el asunto diciendo que no existía un reglamento que lo prohibiera y que ya se le había llamado la atención. Muchos se preguntaron por qué, si no había falta. La respuesta es más terrenal: faltó sentido común. Y, agregaría, sobró reflejo de negar primero y explicar después.
La fuga de hidrocarburo en el Golfo de México siguió un patrón similar. Durante semanas se minimizó o se negó el problema, hasta que Pemex terminó admitiendo que sí, que la fuga provenía de un oleoducto en el complejo Abkatún-Pol-Chuc. Otra vez: lo que se negó, resultó cierto.
Lo más desconcertante fue escuchar al director de la paraestatal decir que nadie le había informado. Por favor, durante dos meses el tema estuvo en la conversación pública. ¿De verdad nadie pensó en subirse a un avión y verificar? Por los hechos cesaron a tres funcionarios. A mi juicio, faltó uno: el director de Pemex.
En días recientes hubo un nuevo derrame, cerca de Puerto Progreso. Esta vez Pemex optó por admitirlo de entrada. Tal vez alguien entendió, aunque sea tarde, que es menos costoso administrar una mala noticia que negarla hasta que reviente.
El tercer caso es el accidente en la sierra de Chihuahua donde murieron dos agentes estadounidenses que, según medios de ese país, pertenecían a la CIA, tras un operativo contra laboratorios de drogas. La presidenta afirmó que no tenían información y que la estaban solicitando al gobierno estatal y a la embajada.
Aquí la duda es inevitable: si en el operativo participaron elementos del Ejército Mexicano, ¿nadie reportó la presencia de personal extranjero al alto mando? ¿De verdad la información no fluye en esa cadena? O peor aún, ¿se decidió no usarla de inmediato?
La estrategia, en este caso, fue arremeter contra el gobierno de Chihuahua. Otra vez, el reflejo: desplazar el foco antes que aclarar el hecho.
Y es aquí donde la distinción de Domínguez deja de ser teoría y se vuelve advertencia. En política, todos construyen relato, todos encuadran la realidad. Pero hay una línea —delgada, sí, pero real— entre acomodar los hechos y negarlos. Cruzarla no solo es un problema ético; es, sobre todo, un error estratégico.
Porque cada vez que se niega lo evidente, no solo se pierde una discusión: se pierde credibilidad. Y la credibilidad, a diferencia de la narrativa, no se fabrica en una conferencia ni se corrige con un comunicado.
La realidad puede incomodar, pero tiene una mala costumbre: siempre regresa. Y cuando regresa después de haber sido negada, cobra más caro.
Por eso, más que cuidar la imagen, habría que cuidar el método. Menos reflejo de negar, más responsabilidad de informar.
Porque en política, mentir —en el sentido de acomodar— puede ser parte del oficio. Pero engañar, negar lo que es, termina siendo una torpeza que se paga en público.
Y a juzgar por lo visto, el problema no es que no ayuden… es que ayudan mintiendo mal.
EN EL TINTERO
Siempre sí. Luisa María Alcalde deja Morena y se va como consejera jurídica de la Presidencia. Como decía mi mamá: ¿A dónde irá a parar la carrera Andy?
por Dominio Público | Abr 22, 2026 | Opinión, Principales
Morelos no está bien. Y pretender lo contrario no sólo es irresponsable, es ofensivo para quienes todos los días entierran a sus muertos.
Raúl García Araujo @araujogar
En Morelos la violencia dejó de ser noticia para convertirse en rutina, y lo más grave no es la frecuencia de los hechos, sino la insistencia del gobierno estatal por administrarlos desde el discurso, minimizarlos en los hechos y diluir su gravedad ante una ciudadanía que vive, todos los días, bajo la sombra del miedo.
Lo ocurrido en los últimos días no admite eufemismos ni matices. El asesinato de Brenda Kelly Analco Santanero, enganchada con una falsa oferta de trabajo y localizada sin vida días después, evidencia no sólo la brutalidad del crimen, sino la fragilidad absoluta en la que se encuentran las mujeres frente a redes delictivas que operan con impunidad.
La respuesta institucional, como ya es costumbre, llegó tarde. Siempre llega tarde.
A la par, la masacre en el bar “El Rincón de la Banda” en Ayala —ocho personas ejecutadas sin piedad— confirma que amplias zonas del estado están bajo control de la violencia.
No fue un hecho aislado, fue un mensaje. Y el mensaje fue claro: aquí no hay autoridad que contenga, ni estrategia que disuada.
Como tampoco la hay en Cuautla, donde un cuerpo decapitado fue abandonado en plena vía pública, con un nivel de saña que habla de la normalización del horror.
O en Temixco, donde un comandante de la policía fue asesinado a plena luz del día, elevando a diez el número de elementos de seguridad ejecutados en lo que va del año. Ni quienes deberían garantizar la seguridad están a salvo.
Mientras tanto, la zona oriente —Ayala, Cuautla— sigue hundida en una crisis de violencia que supera ya los cinco años, sin que los operativos, refuerzos militares o despliegues especiales hayan logrado cambiar la realidad. Los anuncios van y vienen. Los muertos, también.
En este contexto, los llamados de organizaciones civiles y del sector empresarial no sólo han sido ignorados, sino prácticamente despreciados. Se pide acción, se exige estrategia, se reclama presencia del Estado. Pero la respuesta ha sido el silencio, la evasión o, peor aún, la narrativa de que las cosas “no están tan mal”.
La gobernadora Margarita González Saravia tiene hoy una responsabilidad que no admite excusas. Gobernar no es administrar crisis desde el discurso, es enfrentarlas con resultados. Y esos resultados no están a la vista.
Tampoco lo están en el desempeño del secretario de Seguridad Pública, Miguel Ángel Urrutia Lozano, ni en el del fiscal Fernando Blumenkron Escobar.
Ambos han quedado rebasados por la realidad. Los homicidios no disminuyen, los feminicidios no se detienen y la percepción de inseguridad crece. No hay estrategia visible, no hay golpe de timón, no hay señales de control.
Y cuando un gobierno pierde el control de la seguridad, lo pierde todo.
Porque aquí el problema ya no es sólo la violencia desbordada, sino la negación sistemática de esa violencia. Es el intento constante de bajarle el volumen a una crisis que grita por todos lados. Es la peligrosa apuesta por simular normalidad en medio del caos.
Morelos no está bien. Y pretender lo contrario no sólo es irresponsable, es ofensivo para quienes todos los días entierran a sus muertos.
Al final, la crudeza de la realidad termina por exhibir lo que el discurso intenta ocultar. Y es ahí donde cobra sentido aquella frase que el expresidente Andrés Manuel López Obrador lanzaba sin rodeos: “hay maderas que de plano no agarran el barniz”.
Hoy, en Morelos, esa frase ya no suena a crítica política.
Suena a diagnóstico.
En Cortito: Nos cuentan que la reducción de delitos de alto impacto en Ecatepec no es sólo un dato estadístico ni un informe administrativo: es un movimiento político que busca reposicionar al municipio dentro del debate nacional sobre seguridad pública.
La presidenta municipal, Azucena Cisneros Coss, colocó sobre la mesa una caída del 36 por ciento en delitos como extorsión, robo de vehículo y robo a transporte en el primer trimestre del año, una cifra que, más allá de su valor técnico, tiene una lectura inevitable en el contexto mexiquense: demostrar que incluso en los territorios más complejos es posible revertir tendencias delictivas cuando hay coordinación y operación constante.
De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la reducción se detalla en varios frentes: 49 por ciento menos extorsión, 38 por ciento en robo de vehículo, 38 por ciento en robo a negocio, 27 por ciento en robo a transeúnte y 29 por ciento en homicidio doloso.
En términos fríos, se trata de una baja simultánea en delitos de alto impacto que, en otros contextos, suelen moverse de forma independiente.
La narrativa oficial sostiene que estos resultados derivan de la implementación territorial de la estrategia nacional de seguridad impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con el respaldo del gobierno del Estado de México encabezado por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez.
El énfasis no es menor: se trata de vincular un caso municipal con un diseño de política pública federal.
por Dominio Público | Abr 21, 2026 | Opinión
La inteligencia artificial no tiene prejuicios… tiene memoria. Decidí ponerlo a prueba.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
Hace unos días escuché una frase que suena eficiente, pero es peligrosa: “con inteligencia artificial podemos hacer lo mismo con menos personas”. Suena bien… hasta que uno entiende el problema.
La inteligencia artificial sí facilita tareas, sí acelera procesos, pero no piensa: aprende. Y aprende de nosotros. Por eso necesita supervisión. No porque “se equivoque” sola, sino porque arrastra errores, prejuicios y distorsiones que vienen en los datos con los que fue entrenada. Las propias plataformas lo advierten: pueden contener sesgos.
Uno de los más discutidos es el de género. Algunos lo explican por la baja participación de mujeres en el desarrollo de estas tecnologías. Puede ser parte de la respuesta, pero no es toda la historia.
La inteligencia artificial no tiene prejuicios… tiene memoria. Decidí ponerlo a prueba.
Le pedí a ChatGPT que generara la imagen de una mujer colombiana de 30 años. El resultado: una mujer perfecta, de rasgos simétricos, piel impecable, sonrisa de catálogo. Una postal. Luego subí imágenes de mujeres colombianas reales, distintas, más cercanas, más… normales. La diferencia no fue técnica, fue otra cosa: la IA no retrató a una mujer, retrató una idea de mujer.
Entre el dato y el deseo, eligió el deseo.
Después le pedí la imagen de un hombre de 54 años con la cabeza rapada. La respuesta fue otra: un hombre firme, con presencia, en una oficina, con símbolos de poder a su alrededor. Nadie le pidió autoridad, pero la puso. Ahí estaba.
Entonces hice la prueba final: le pedí la imagen de una persona de 54 años con la cabeza rapada. No hombre, no mujer. Persona. La respuesta fue un hombre.
Ahí está el punto. No es un machismo intencional… pero el resultado se parece demasiado. Cuando no sabe qué elegir, la inteligencia artificial elige lo que más ha visto. Y lo que más ha visto —vale la pena decirlo— no siempre es lo más justo.
No inventa el sesgo: lo hereda, lo ordena y lo reproduce.
Por eso el debate no es solo quién programa la inteligencia artificial, sino qué mundo estamos digitalizando. Porque cambiar a los programadores ayuda, sí, pero no basta si los datos siguen contando la misma historia de siempre.
La IA es poderosa. Mucho. Pero también es un espejo incómodo. Nos devuelve no solo lo que sabemos, sino lo que damos por hecho sin pensar demasiado.
El riesgo no es que la inteligencia artificial piense por nosotros. Es que confirme, sin discutir, todo aquello que ya pensábamos… y nunca nos detuvimos a cuestionar. O peor: que lo normalice.
EN EL TINTERO
Y en el México real, están dejando sola a la presidenta Sheinbaum. La mañana de este lunes dijo que no sabían nada de un operativo en el que se desmantelaron dos laboratorios de drogas en Chihuahua, cuando hay fotografías que documentan la presencia de militares: ¿no sabían… o no le dijeron?
por Dominio Público | Abr 17, 2026 | Opinión, Principales
A diferencia del periodismo, donde existen reglas claras como verificar fuentes o contrastar versiones, en el mundo de los influencers esas prácticas no siempre están presentes. Muchas veces se prioriza la rapidez, el impacto o los “likes” por encima de la verdad.
Claudia Bolaños @claudiabola
Un estudio reciente de la UNESCO pone sobre la mesa un problema que ya es evidente: los influencers tienen la atención y la confianza del público, pero no siempre la responsabilidad de verificar lo que comparten.
Hoy, millones de personas se informan a través de redes sociales. Ven videos, historias o publicaciones y las toman como ciertas solo porque vienen de alguien a quien siguen. El problema es que, según este estudio, muchos influencers no revisan la información antes de difundirla. Es decir, comparten datos sin confirmar si son verdaderos.
Esto no es un detalle menor. Cuando alguien con miles o millones de seguidores publica algo incorrecto, el error se multiplica rápidamente. La información falsa no solo circula, sino que se instala en la conversación pública.
A diferencia del periodismo, donde existen reglas claras como verificar fuentes o contrastar versiones, en el mundo de los influencers esas prácticas no siempre están presentes. Muchas veces se prioriza la rapidez, el impacto o los “likes” por encima de la verdad.
Algunos dirán que los influencers no son periodistas. Es cierto, pero cuando informan, influyen. Y cuando influyen, tienen una responsabilidad.
No se trata de exigirles un título profesional, sino de pedir algo básico: revisar lo que publican.
Lo más preocupante es la combinación de alta confianza con baja verificación. La gente cree en ellos, pero ellos no siempre confirman lo que dicen. Ese es el verdadero riesgo.
Si los influencers quieren mantener la credibilidad que tienen, necesitan dar un paso adelante. Informar no es solo hablar frente a una cámara; también implica hacerse responsable de lo que se dice.
Y Sepa La Bola… pero la elección de 2027 ya está en marcha, aunque oficialmente no haya iniciado.
La renuncia de Citlalli Hernández y de la senadora Andrea Chávez no son hechos aislados, sino una señal clara de que el tablero político comenzó a moverse.
La presidenta Claudia Sheinbaum fue contundente: quien aspire, que deje el cargo. Y el mensaje no es solo ético, es estratégico.
En 2027 no se juega cualquier cosa. Se renovarán 500 diputados federales, 17 gubernaturas y miles de cargos locales.
Es, en los hechos, una elección de control territorial total. Morena llega con una ventaja amplia: una supermayoría legislativa que le ha permitido aprobar reformas constitucionales sin contrapesos.
Pero justamente ahí está el riesgo. Porque esta elección será un referéndum: continuidad o desgaste.
Mientras Morena opera con estructura, y figuras adelantadas como “coordinadores”, la oposición sigue atrapada en su dilema histórico: dividirse o sobrevivir juntos.
PAN, PRI y Movimiento Ciudadano aún no resuelven si competirán en bloque o cada quien por su lado, y eso podría costarles estados clave.
Pero hay algo más preocupante: la normalización de campañas anticipadas.
Hoy ya nadie se esconde. Funcionarios en funciones, operadores territoriales y aspirantes recorren estados como si ya estuvieran en campaña, mientras la autoridad electoral observa sin capacidad real de sanción.
La elección de 2027 no será solo de votos, será de control político. Y si algo queda claro desde ahora, es que el proceso ya empezó… y el que se duerma, pierde.
Y Sepa La Bola… pero la Fiscalía de la CDMX debe poner atención en posibles hechos fraudulentos, donde algunas mujeres simulan ser víctimas para aprovechar el movimiento feminista con fines de extorsión o para acusar falsamente a personas. Se trata de casos que, de comprobarse, podrían involucrar redes delictivas dedicadas a la extorsión o el fraude.