Los problemas del sistema educativo no son nuevos y tampoco se resolverán repartiendo dinero.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
Es tiempo de clausuras escolares en todos los niveles. Por las calles vemos a madres y padres cargando ramos de flores, llevando de la mano a sus hijos con el uniforme de gala o acompañando a jóvenes vestidos para celebrar el fin de una etapa.
En los últimos días de clases, los pasillos se llenan de conversaciones sobre las vacaciones, la escuela a la que irán quienes concluyeron un ciclo, la carrera que quieren estudiar o el trabajo que esperan conseguir.
Pero no todas las historias terminan con aplausos.
En la ceremonia de clausura de una primaria, en el sur del Estado de México, el director presentó su informe de labores. Después de enumerar los logros del plantel, comentó que el ciclo escolar había iniciado con una matrícula de 100 alumnos y concluía con 98.
Dos alumnos menos. Dos niños cuyos padres decidieron que había otras prioridades. Los maestros me contaron que, simplemente, dejaron de asistir.
También me dijeron que entregaron la documentación correspondiente y confían en que hayan sido inscritos en otra escuela.
Hay otros sueños que no se rompen por falta de ganas, sino por razones económicas y de infraestructura. Es el caso de Ángel.
Ángel es un joven apasionado del campo y de los animales. Sus padres dicen que no es una «lumbrera», pero sí muy trabajador. Terminó el bachillerato con la ilusión de estudiar “para ingeniero agrónomo con especialidad en zootecnia”. No pudo hacerlo porque su familia no cuenta con los recursos suficientes y, además, en la región donde vive no existe una universidad que ofrezca esa carrera. Las opciones más cercanas son la Universidad Autónoma Chapingo y otra institución ubicada en Iguala, Guerrero.
Las universidades cercanas a su comunidad, en el sur del Estado de México, ofrecen carreras como Contaduría, Enfermería, Pedagogía, Educación Física y Derecho. Ninguna responde a lo que él quiere hacer con su vida.
Antes de seguir, quiero dejar clara mi forma de pensar. Los problemas del sistema educativo no son nuevos y tampoco se resolverán repartiendo dinero.
Las becas pueden ayudar a disminuir la deserción escolar, pero por sí solas no resuelven el problema. Ahí está el ejemplo de la primaria cuya ceremonia de clausura presencié.
También hace falta replantear la educación superior para que la oferta académica responda a las necesidades de cada región y evite que jóvenes como Ángel tengan que renunciar a sus proyectos por falta de opciones.
Los problemas educativos no se resuelven con discursos ni con la simple entrega de recursos. Requieren planeación, visión de largo plazo y una oferta educativa que responda a la realidad de cada región. Mientras eso no ocurra, seguiremos viendo que muchos jóvenes no abandonan sus sueños por falta de capacidad, sino porque el país nunca les abrió el camino para alcanzarlos.
EN EL TINTERO
El Tren Interoceánico volvió a descarrilar, precisamente en la misma zona donde, en diciembre pasado, otro convoy sufrió un accidente en el que murieron varias personas. Es momento de cerrar temporalmente esa línea y realizar una investigación seria. Dos accidentes en el mismo sitio ya no pueden considerarse una casualidad; son la señal de que algo se hizo mal.






