Logo blanco Dominio Público

México llegó al Mundial mostrando su mejor rostro. Pero no existe un solo México. Existen muchos Méxicos: el de la celebración, el de la protesta, el de la esperanza y el de las cuentas pendientes.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

El pasado 11 de junio el balón rodó en el Estadio Azteca-Banorte-Ciudad de México. El mundo vio música, luces, celebridades y una Selección Mexicana que derrotó 2-0 a Sudáfrica. Vio a Andrea Bocelli, Shakira, Belinda y Maná sobre el escenario. Vio a Salma Hayek dar la bienvenida a los asistentes y participar en una ceremonia diseñada para mostrar la mejor cara del país.

Vio, en suma, el México de la fiesta.

Pero existe otro México que también estuvo presente, aunque no apareciera en las pantallas gigantes ni formara parte del espectáculo.

El mundo no pudo ver —o quizás sí— las protestas de maestros de la CNTE, una organización que el gobierno ha fortalecido políticamente con sus concesiones; de madres buscadoras que continúan rastreando restos de sus hijos desaparecidos sin encontrar respuestas suficientes del Estado; o de transportistas hartos de la inseguridad en carreteras que las autoridades prometen atender desde hace años.

Grupos que salieron a las calles no para arruinar una celebración, sino porque tienen razones para exigir atención.

Desde el gobierno y entre los simpatizantes de la 4T no faltaron las voces que acusaron a estos grupos de intentar manchar la imagen de México ante el mundo. La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que buscaban proyectar una imagen de caos que, según ella, no corresponde a la realidad del país.

Pero hay algo que el poder suele olvidar: cuando existen protestas persistentes, no basta con descalificarlas. Su sola existencia revela problemas que siguen esperando solución.

Porque si hay maestros bloqueando calles, madres buscando a sus desaparecidos y transportistas denunciando la inseguridad, entonces no todo está bajo control, por más que el discurso oficial insista en repetirlo.

Sin embargo, mientras observaba a los jugadores abrazados cantando el Himno Nacional y a miles de personas coreándolo desde las gradas, una idea me vino a la cabeza.

¿Y si la directora técnica del país escuchara a todo el cuerpo técnico y no solamente a quienes piensan igual?

¿Y si rojos, naranjas, guindas y azules fuéramos capaces de sentarnos a resolver problemas en lugar de utilizarlos como munición política?

¿Y si dejáramos de actuar como si cada grupo tuviera el monopolio de la verdad y aceptáramos que ningún partido, gobierno o movimiento posee todas las respuestas?

Tal vez entonces la próxima vez que escuchemos e himno nacional sonará más fuerte. No porque todos pensáramos igual, sino porque habríamos aprendido a construir juntos.

México llegó al Mundial mostrando su mejor rostro. Pero no existe un solo México. Existen muchos Méxicos: el de la celebración, el de la protesta, el de la esperanza y el de las cuentas pendientes.

Ignorar cualquiera de ellos no los hace desaparecer. Sólo impide entender el país que realmente somos.