La Federación tiene la rectoría en seguridad nacional y un gobernador no debería hacer política exterior con pala y embajador.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
Si hay algo que el poder trae aparejado es la soledad. El poderoso no sabe si quienes están a su lado lo hacen por la persona, porque comparten sus ideas y su proyecto o, sencillamente, porque quieren una tajada del pastel.
Digo lo anterior por la polémica que se dio alrededor de la colocación de la primera piedra de una academia de policía en Querétaro.
El 2 de octubre, Mauricio Kuri y el embajador Ronald Johnson colocaron la primera piedra de la Academia Internacional de Capacitación Policial, con una inversión superior a 30 millones de pesos. Desde Palacio Nacional, Sheinbaum reprochó que no invitaron a la Defensa, al Gabinete de Seguridad ni a la SRE: “se invitó al embajador”.
Hasta ahí, un reclamo de protocolo con vocación de doctrina: cualquier agencia estadounidense que quiera capacitar en México debe pasar por la SRE y por la Ley de Seguridad Nacional. Es una regla razonable. El problema es que la discusión se volvió sobre la foto y no sobre la regla.
Querétaro respondió con papel: un documento que acreditaba haber informado a la SRE de la invitación al embajador, aunque sin aclarar que se trataba de una escuela de policía. Avisó sin avisar: la burocracia como arte del sigilo.
Y hay otra arruga: al acto asistieron representantes de fuerzas de seguridad federales. El “no invitaron” convive mal con el “sí fueron”.
Ahora lo incómodo. Esta cooperación no nació el 2 de octubre. Johnson dijo que Estados Unidos ha destinado más de 10 millones de dólares en una década a capacitar y equipar instituciones de seguridad y justicia de Querétaro. Ya en 2024, la Policía Estatal contaba con cien elementos capacitados por FBI, DEA y ATF.
Nadie descubrió América este viernes: lo nuevo es el cemento y el micrófono.
Y aquí asoma el patrón. En abril, Sheinbaum habló de una posible violación a la Ley de Seguridad Nacional por la participación de agentes estadounidenses en un operativo en Chihuahua.
Chihuahua, Querétaro: dos estados panistas, dos episodios con Estados Unidos, dos indignaciones federales. La soberanía, curiosamente, se activa con más fuerza cuando el anfitrión es de oposición.
No se trata de negar el reclamo. La Federación tiene la rectoría en seguridad nacional y un gobernador no debería hacer política exterior con pala y embajador.
La presidenta dijo que no considera que la invitación sea un delito, y la SRE ya se puso en contacto con Kuri para ofrecerle acompañamiento en las gestiones. De la indignación al trámite en cuestión de días.
Cuando escuché a la presidenta decir que no habían invitado al Gabinete de Seguridad, cuando ahí estaban sus representantes, me hice varias preguntas:
¿Qué no le presentan a la presidenta tarjetas informativas cuando surgen estos temas?
Porque, sinceramente, no creo que, estando avisada, se aventara el tiro de hacer un reclamo en cadena nacional, sabiendo que, más rápido que inmediatamente, iba a ser desmentida y a quedar mal.
Tampoco la creo capaz de hacer un reclamo únicamente para seguir con el cuento de que está defendiendo la soberanía de la injerencia de Estados Unidos. No sería digno de ella.
Lo que sí creo es que la presidenta está sola, confía en pocos a su alrededor y trata de mantener, a cualquier costo, incluso el de su propia credibilidad, una narrativa que hace rato ya se le salió de las manos.






