Lo que precipitó todo fueron los reportajes (publicados en Latinus, Reforma y El Universal), que documentaron presuntos vínculos entre el entorno de Taddei y empresas que habían recibido contratos millonarios.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Guadalupe Taddei Zavala presentó este lunes su renuncia formal a la presidencia del Instituto Nacional Electoral. No fue un retiro discreto ni una salida negociada en silencio. Fue el desenlace de una semana de revelaciones periodísticas que pusieron sobre la mesa contratos, proveedores, “posibles” conflictos de interés y una cercanía personal demasiado incómoda para quien encabeza el órgano encargado de organizar las elecciones.

En su carta a la Cámara de Diputados, Taddei escribió que se va “con serenidad, con la satisfacción del deber cumplido y con el orgullo de haber dedicado más de tres décadas de mi vida al servicio de la democracia mexicana”. Añadió que el Instituto y sus responsabilidades constitucionales deben prevalecer “por encima de cualquier interés personal”.

No mencionó los reportajes. No habló de los videos. Tampoco aludió a la investigación de oficio que abrió la Auditoría Superior de la Federación. Prefirió el lenguaje casi litúrgico.

Horas antes, en su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum había respaldado la decisión. Dijo que Taddei tomó “una buena decisión” al separarse del cargo frente a los señalamientos de posibles abusos, privilegios y conflictos de interés. Insistió en que debe haber auditoría y que no puede haber “sombras de corrupción” en la institución electoral.

Lo que precipitó todo fueron los reportajes (publicados en Latinus, Reforma y El Universal), que documentaron presuntos vínculos entre el entorno de Taddei y empresas que habían recibido contratos millonarios del INE y de organismos locales.

El último golpe fue audiovisual: imágenes que muestran a uno de sus hijos en un hotel de lujo en París junto al empresario José Alfredo Hernández Casillas, vinculado a un grupo de compañías proveedoras de material electoral.

La ASF ya había abierto una investigación de oficio por posibles irregularidades, colusiones y triangulación de recursos. El periodismo no inventó el expediente; puso el asunto a la vista pública y elevó el costo de no dar explicaciones.

Este caso vuelve a plantear una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿qué peso tiene el periodismo de investigación en un país donde las instituciones se defienden con comunicados y las redes se encienden con memes?

La respuesta, al menos esta semana, es que todavía puede ser decisivo. No porque los medios tengan poder formal, sino porque la evidencia, ya sean contratos, relaciones o videos, obliga a reaccionar a quienes sí lo tienen. Taddei resistió el sábado. El domingo anunció que se iba. El lunes formalizó la renuncia.

Habrá quien diga que se trata de un linchamiento mediático. Habrá quien celebre que “por fin” cayó alguien del aparato electoral. Ambas serían lecturas simplistas.

Lo relevante es que, cuando aparecen indicios serios de conflicto de interés en el árbitro electoral, la salida de quien encabeza la institución puede ser una medida para contener el daño. Pero no resuelve las dudas.

Que la reacción haya llegado por el trabajo periodístico y no por los mecanismos institucionales de vigilancia deja al descubierto una falla preocupante en los contrapesos del Estado mexicano.

La Cámara de Diputados activó ya el proceso para elegir a quien ocupe la presidencia del INE.

Las investigaciones deben llegar hasta las últimas consecuencias. El caso no puede congelarse con la renuncia ni darse por cerrado con la llegada de alguien más.

Deben aclararse las “presuntas” irregularidades, a quién o quiénes beneficiaron y con qué alcance.

La credibilidad del árbitro electoral no se restaura solo con un cambio de titular. Se restaura con lo que se haga a partir de ahora.

Pongamos el desorden, entonces. No para destruir instituciones, sino para exigir que funcionen sin sombras. Y recordemos, de paso, que el periodismo que investiga sigue siendo una de las pocas herramientas que todavía puede forzar esa exigencia.