Fallece el periodista Óscar Mario Beteta

Fallece el periodista Óscar Mario Beteta

Uno de los capítulos centrales de su carrera fue En los tiempos de la radio, programa que condujo durante aproximadamente 30 años en Grupo Fórmula.

El periodista Óscar Mario Beteta Vallejo falleció la noche de este miércoles, en el Hospital ABC de Santa Fé, víctima del cáncer a los 70 años de edad; su trayectoria supera tres décadas e incluye radio, televisión, análisis económico y entrevistas.

El periodista, conductor de radio y televisión y especialista en temas económicos nacido el 13 de enero de 1956 en la ciudad de México. Su trayectoria profesional supera las tres décadas y combina experiencia en medios de comunicación, sector financiero y análisis político y económico.

Actualmente mantiene actividad periodística y de opinión. Su sitio oficial registró publicaciones durante septiembre de 2026, mientras que El Financiero mantiene su espacio de opinión firmado por Beteta.

Uno de los capítulos centrales de su carrera fue En los tiempos de la radio, programa que condujo durante aproximadamente 30 años en Grupo Fórmula y que se convirtió en uno de los espacios informativos de mayor presencia de la radio mexicana. En febrero de 2024 concluyó esa etapa para incorporarse a El Heraldo Media Group.

También encabezó durante años el programa de análisis y entrevistas Visión 40, en Canal 40, además de participar en espacios especializados en información política, económica y financiera.

Pongamos el desorden: 14 de mayo de 1971… 55 años

Pongamos el desorden: 14 de mayo de 1971… 55 años

En 1971 el periodista temía a la censura del poder. En 2026, además de eso, teme al crimen organizado, al linchamiento digital, a las campañas de odio y, en muchas regiones del país.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

El 14 de mayo de 1971 México seguía envuelto en la resaca de lo acontecido en octubre de 1968. Había un nuevo movimiento estudiantil que, si bien tenía su epicentro en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), terminó por repercutir a nivel nacional y desembocar semanas después en otro episodio trágico: el Halconazo del 10 de junio de 1971.

En lo económico, el kilo de tortilla costaba en promedio un peso; un litro de leche entre dos y dos pesos con cincuenta centavos; el litro de gasolina, cincuenta y cinco centavos; y el dólar se cotizaba a 12.50 pesos.

Una de las notas principales en los diarios era la liberación, el 13 de mayo, de más de una veintena de líderes del movimiento del 68, entre ellos Heberto Castillo.

Pero México no solamente era distinto en sus precios o en sus conflictos políticos. También lo era en la forma de informar.

El periodismo de 1971 vivía atrapado entre la censura oficial, la dependencia económica del gobierno y el miedo.

Muchos periódicos sobrevivían gracias a la publicidad gubernamental y al control del papel periódico, administrado desde el poder. Criticar al presidente no era un ejercicio común de libertad; era, muchas veces, una sentencia de asfixia financiera o de persecución política.

Las grandes noticias nacionales pasaban primero por el filtro de Gobernación antes que por el criterio editorial. Había periodistas valientes, por supuesto, pero trabajaban en un sistema diseñado para premiar la obediencia y castigar la incomodidad.

La televisión comenzaba a consolidarse como un instrumento de influencia política masiva. La narrativa oficial dominaba el espacio público. El gobierno no necesitaba desmentir demasiado: le bastaba con controlar la conversación.

Cinco décadas después, el panorama cambió por completo… y al mismo tiempo no cambió tanto.

Hoy ya no existe aquel control monolítico de la información. Las redes sociales pulverizaron el monopolio informativo. Cualquier ciudadano con un teléfono puede grabar un abuso, transmitir una protesta o desmentir una versión oficial en tiempo real. El periodista dejó de ser el único intermediario entre los hechos y la sociedad.

Eso democratizó la información, sí. Pero también abrió la puerta a una nueva selva.

La velocidad comenzó a imponerse sobre la verificación. La opinión desplazó al reporteo. El algoritmo empezó a decidir qué se vuelve relevante y qué desaparece. Y en medio de esa batalla por clics, likes y viralidad, el periodismo también perdió parte de su paciencia, de su profundidad y, en algunos casos, de su independencia.

Porque si antes el riesgo era depender del gobierno, hoy el riesgo puede ser depender de la polarización.

Muchos medios dejaron de construir audiencias para construir trincheras. Hay periodistas que parecen activistas; activistas que se presentan como periodistas; y políticos que descubrieron que pueden comunicarse directamente con millones de personas sin pasar por una conferencia de prensa incómoda.

El viejo régimen controlaba mediante el silencio. El nuevo ecosistema muchas veces controla mediante el ruido.

Y, sin embargo, hay algo todavía más preocupante.

En 1971 el periodista temía a la censura del poder. En 2026, además de eso, teme al crimen organizado, al linchamiento digital, a las campañas de odio y, en muchas regiones del país, literalmente teme por su vida. México se convirtió en uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo.

La paradoja mexicana es brutal: nunca habíamos tenido tantas herramientas para informar y nunca había sido tan difícil ejercer un periodismo libre, profesional y sostenible.

Hoy cualquiera puede publicar. Pero no cualquiera investiga. No cualquiera verifica. No cualquiera resiste.

Y quizá ahí está la diferencia más importante entre aquel México de 1971 y el de hoy.

Antes la batalla era por abrir espacios para decir la verdad. Ahora la batalla también consiste en distinguirla entre millones de voces, versiones, intereses y manipulaciones.

El periodismo mexicano cambió de uniforme, de plataformas y de velocidad. Pasó del plomo de las rotativas a la inmediatez del teléfono celular. De la nota impresa del día siguiente al video en vivo de treinta segundos. Pero su responsabilidad sigue siendo exactamente la misma: incomodar al poder, explicar la realidad y evitar que la sociedad termine confundiendo propaganda con información.

Porque al final, más allá de gobiernos, tecnologías o generaciones, un país mal informado sigue siendo un país más fácil de manipular.

Ahora se preguntarán el motivo del título de esta colaboración. El 14 de mayo de 1971, en el hospital Gabriel Mancera, del entonces Distrito Federal nací yo.

Sepa La Bola: Influencers: mucha confianza, poca verificación

Sepa La Bola: Influencers: mucha confianza, poca verificación

A diferencia del periodismo, donde existen reglas claras como verificar fuentes o contrastar versiones, en el mundo de los influencers esas prácticas no siempre están presentes. Muchas veces se prioriza la rapidez, el impacto o los “likes” por encima de la verdad.

Claudia Bolaños @claudiabola

Un estudio reciente de la UNESCO pone sobre la mesa un problema que ya es evidente: los influencers tienen la atención y la confianza del público, pero no siempre la responsabilidad de verificar lo que comparten.

Hoy, millones de personas se informan a través de redes sociales. Ven videos, historias o publicaciones y las toman como ciertas solo porque vienen de alguien a quien siguen. El problema es que, según este estudio, muchos influencers no revisan la información antes de difundirla. Es decir, comparten datos sin confirmar si son verdaderos.

Esto no es un detalle menor. Cuando alguien con miles o millones de seguidores publica algo incorrecto, el error se multiplica rápidamente. La información falsa no solo circula, sino que se instala en la conversación pública.

A diferencia del periodismo, donde existen reglas claras como verificar fuentes o contrastar versiones, en el mundo de los influencers esas prácticas no siempre están presentes. Muchas veces se prioriza la rapidez, el impacto o los “likes” por encima de la verdad.

Algunos dirán que los influencers no son periodistas. Es cierto, pero cuando informan, influyen. Y cuando influyen, tienen una responsabilidad.

No se trata de exigirles un título profesional, sino de pedir algo básico: revisar lo que publican.

Lo más preocupante es la combinación de alta confianza con baja verificación. La gente cree en ellos, pero ellos no siempre confirman lo que dicen. Ese es el verdadero riesgo.

Si los influencers quieren mantener la credibilidad que tienen, necesitan dar un paso adelante. Informar no es solo hablar frente a una cámara; también implica hacerse responsable de lo que se dice.

Y Sepa La Bola… pero la elección de 2027 ya está en marcha, aunque oficialmente no haya iniciado.

La renuncia de Citlalli Hernández y de la senadora Andrea Chávez no son hechos aislados, sino una señal clara de que el tablero político comenzó a moverse.

La presidenta Claudia Sheinbaum fue contundente: quien aspire, que deje el cargo. Y el mensaje no es solo ético, es estratégico.

En 2027 no se juega cualquier cosa. Se renovarán 500 diputados federales, 17 gubernaturas y miles de cargos locales.

Es, en los hechos, una elección de control territorial total. Morena llega con una ventaja amplia: una supermayoría legislativa que le ha permitido aprobar reformas constitucionales sin contrapesos.

Pero justamente ahí está el riesgo. Porque esta elección será un referéndum: continuidad o desgaste.

Mientras Morena opera con estructura, y figuras adelantadas como “coordinadores”, la oposición sigue atrapada en su dilema histórico: dividirse o sobrevivir juntos.

PAN, PRI y Movimiento Ciudadano aún no resuelven si competirán en bloque o cada quien por su lado, y eso podría costarles estados clave.

Pero hay algo más preocupante: la normalización de campañas anticipadas.

Hoy ya nadie se esconde. Funcionarios en funciones, operadores territoriales y aspirantes recorren estados como si ya estuvieran en campaña, mientras la autoridad electoral observa sin capacidad real de sanción.

La elección de 2027 no será solo de votos, será de control político. Y si algo queda claro desde ahora, es que el proceso ya empezó… y el que se duerma, pierde.

Y Sepa La Bola… pero la Fiscalía de la CDMX debe poner atención en posibles hechos fraudulentos, donde algunas mujeres simulan ser víctimas para aprovechar el movimiento feminista con fines de extorsión o para acusar falsamente a personas. Se trata de casos que, de comprobarse, podrían involucrar redes delictivas dedicadas a la extorsión o el fraude.

Sheinbaum califica de irresponsable difusión de rumores sobre salud de AMLO

Sheinbaum califica de irresponsable difusión de rumores sobre salud de AMLO

Agregó que resulta cuestionable que alguien que se presenta como periodista difunda una noticia falsa sin corroborar la información.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, criticó la difusión de información falsa sobre la salud del expresidente Andrés Manuel López Obrador y calificó como irresponsable la publicación de rumores que señalaban una supuesta hospitalización del exmandatario.

Durante su conferencia matutina, la mandataria señaló directamente al periodista Jorge Fernández Menéndez por difundir en redes sociales versiones no confirmadas sobre el presunto ingreso de López Obrador a un hospital militar.

Sheinbaum sostuvo que este tipo de información debe manejarse con responsabilidad, ya que se trata de datos sensibles que pueden generar confusión entre la población si no están verificados.

La polémica surgió después de que en redes sociales circularan versiones que afirmaban que el exmandatario había sido internado por un problema cardiaco, lo cual fue desmentido posteriormente por distintas voces del entorno del exjefe del Ejecutivo.

En la conferencia de este lunes, la presidenta sostuvo que la difusión de esa versión es irresponsable. “Y lo digo con todas sus letras, Jorge Fernández Menéndez, él fue quien estuvo difundiendo que el presidente López Obrador había entrado al Hospital Militar. ¿Cuál fuente tenía? Ninguna, porque es falso”, afirmó.

Agregó que resulta cuestionable que alguien que se presenta como periodista difunda una noticia falsa sin corroborar la información.

El comunicador insistió este domingo en redes sociales que tenía “absoluta certeza, por confirmación de personas muy cercanas al expresidente”, de que López Obrador había sufrido un episodio cardiaco delicado, que fue ingresado a un hospital para evaluación y posteriormente dado de alta.

El expresidente López Obrador permanece retirado de la vida pública tras concluir su administración federal y reside en Palenque, Chiapas.