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Sepa la Bola: Patrimonio bajo la lupa

Sepa la Bola: Patrimonio bajo la lupa

Los cuestionamientos no se limitan al ámbito doméstico. López Portillo es señalado también por su presunta participación en negociaciones internas de la administración estatal.

Claudia Bolaños @claudiabola

Y Sepa La Bola…pero en Tamaulipas, el nombre de José Eduardo López Portillo comenzó a figurar más por su patrimonio que por su labor como asesor del gobernador Américo Villarreal.

La presunta adquisición de propiedades en Morelos y en la Ciudad de México, junto con vehículos de lujo y un proyecto ecuestre en marcha, abrió un debate sobre la procedencia de los recursos que respaldan este crecimiento.

Un elemento que avivó la polémica es la exposición pública que su esposa, Jessie Guerra, hizo en redes sociales.

Fotografías de viajes, estancias en destinos turísticos y estilos de vida costosos alimentan la percepción de que el nivel económico de la pareja no corresponde con el de un asesor gubernamental.

Los cuestionamientos no se limitan al ámbito doméstico. López Portillo es señalado también por su presunta participación en negociaciones internas de la administración estatal, así como por vínculos con actividades relacionadas con el comercio de hidrocarburos.

Estas versiones recuerdan el periodo de campaña de Villarreal, cuando se mencionó el papel de Sergio Carmona en el financiamiento político.

Ante este panorama, la exigencia ciudadana se hizo escuchar. Alejandro Ruiz Martínez, presidente de la Red Ciudadana para el Combate a la Corrupción y la Transparencia, subraya que los organismos de fiscalización no pueden ignorar las denuncias. Su llamado a realizar auditorías claras y controles estrictos refleja la necesidad de un escrutinio real sobre quienes ejercen poder, aun cuando lo hagan desde posiciones de asesoría.

El eco de estas sospechas ha llegado también al ámbito internacional. En Nueva York, el FBI mantiene abierta una investigación sobre operaciones financieras que, de acuerdo con medios en México y Estados Unidos, incluiría el nombre de López Portillo. Si bien no existen documentos oficiales que lo confirmen, la sola mención de autoridades extranjeras basta para colocar el tema en el radar público.

La columna vertebral de la discusión es, al final, la confianza en las instituciones. Si un asesor cercano al gobernador de Tamaulipas exhibe un crecimiento patrimonial que no puede explicar con sus ingresos, la credibilidad del gobierno entero se ve comprometida. Más allá de rumores o filtraciones, el reto está en transparentar y esclarecer con pruebas lo que hoy solo se percibe como opacidad.

Y Sepa La Bola…pero la explosión ocurrida este miércoles en el Puente de la Concordia puso en evidencia un problema que las autoridades han evadido durante años: la circulación de pipas de gas sin controles adecuados ni operadores capacitados, como ocurre con gurpo Tomza y sus múltiples percances.

El saldo es devastador: 8 muertos y alrededor de 94 personas con quemaduras y lesiones que marcarán de por vida a las familias afectadas.

El caso involucra a unidades del grupo Tomza, cuya operación ha sido señalada por priorizar ganancias sobre la seguridad y las personas.

La tragedia demuestra que este tipo de empresas no solo representan un riesgo para el medio ambiente, sino que ponen en juego la vida de comunidades enteras.

La pregunta ahora es qué harán las autoridades. No basta con discursos de condolencia; se requieren sanciones, regulaciones estrictas y un plan integral de transporte seguro. Porque ninguna ganancia empresarial justifica el costo humano de esta catástrofe.

Pongamos el desorden: La “fatiga cívica”

Pongamos el desorden: La “fatiga cívica”

Nosotros, los de a pie, cada vez más cansados. Ya no nos indignamos, ya ni nos sorprendemos. Inventamos, sin darnos cuenta, un mecanismo de defensa: la fatiga cívica.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Vaya meses los que hemos cargado en la política mexicana: de un escándalo saltamos al siguiente. Si no son los viajes de lujo de los miembros de la 4T, que ya olvidaron aquello de la austeridad republicana, son las casas con precios de otro planeta o los golpes en el Senado.

Y como si faltara circo, este 1 de septiembre vimos a una representación de “pueblos originarios” entregando “bastones de mando” a quienes por la noche juraron como ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En este espectáculo de tres pistas nunca faltan los payasos, los trapecistas se caen solos y los domadores terminan devorándose entre ellos. Aquí los reflectores no se apagan y la polarización es el acto estelar. ¿Y el público? Nosotros, los de a pie, cada vez más cansados. Ya no nos indignamos, ya ni nos sorprendemos. Inventamos, sin darnos cuenta, un mecanismo de defensa: la fatiga cívica.

No es apatía, es puro agotamiento. Según análisis hechos con base en la Encuesta de Calidad e Impacto Gubernamental (2023), realizada por el INEGI, 68% de los mexicanos ya no confían en las instituciones políticas. Ese número no solo habla de desconfianza: es como si hubiéramos firmado el acta de defunción de la esperanza. Y si me apura, el otro 32% quizá todavía no se entera.

El bombardeo de noticias es interminable. Hoy un político acusado de corrupción, mañana una ley polémica, pasado la bronca digital por un tuit. Nuestro cerebro ya entendió que lo más sano es desconectarse. Llegamos al punto en que un nuevo escándalo no genera marchas ni pancartas: apenas un bostezo colectivo.

El filósofo español Daniel Innerarity llama a esto “la política de la perplejidad”: ese sentimiento de estar abrumados por tanta información. En México, la perplejidad ya se convirtió en fatiga. Y lo peor: normalizamos el desorden.

El resultado es un círculo vicioso. La clase política sabe que estamos agotados, y por eso no se molesta en cambiar. Aprendieron que un escándalo dura lo que dura el trending topic: 24 horas. Y nosotros, con la batería descargada, se lo dejamos pasar.

El mayor triunfo de la clase política en México no es su inteligencia, sino nuestro cansancio. Ellos solo esperan, y saben que al final claudicamos.

El verdadero desorden no está en sus jugadas. Está en nosotros, resignados a ver el circo arder desde la grada. Y todavía aplaudimos.

EN EL TINTERO

El 1 de septiembre estrenamos ministros en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la corte de la polémica, la corte del acordeón. Ojalá les quede claro que su chamba es aplicar la ley para todos, incluso para los opositores. Porque ellos también son pueblo.

Y la presidenta, Claudia Sheinbaum, presentó su primer informe de gobierno. Como en todos los informes, de cualquier color, aparecieron cifras muy alegres… que no siempre coinciden con lo que se vive en la calle.

Pongamos el desorden: La indignación selectiva

Pongamos el desorden: La indignación selectiva

La crítica se ha vuelto un producto de consumo: solo nos importa si trae la marca que nos gusta.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

En la política mexicana, la indignación no es un sentimiento moral, sino una estrategia de guerra. Se enciende y se apaga como un interruptor. Y de ahí nace el nuevo vicio nacional: el desinterés selectivo. Un superpoder de la polarización que permite ver la paja en el ojo ajeno, pero jamás la viga en el propio.

Si eres del bando A, te indignará la corrupción, la falta de resultados, los errores de comunicación y las concesiones del pasado. Pero si esos mismos errores los comete tu líder, mágicamente se convierten en “sabias decisiones”, “deslices menores” o simples “malos entendidos de la prensa”. Y si eres del bando B, harás exactamente lo mismo con el otro lado.

El Índice de Paz México 2023, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, reveló que 65% de los mexicanos cree que es “poco probable que las divisiones pudieran superarse”. Ese dato no es solo una estadística: es una alarma encendida. En este país, la lealtad al grupo político se volvió más fuerte que la búsqueda de la verdad.

Ejemplo: Adán Augusto López nombró como secretario de Seguridad de Tabasco a Hernán Bermúdez, señalado como líder del cártel de La Barredora. Hoy, el actual hombre fuerte de Morena en el Senado se defiende diciendo que “nunca supo de irregularidades”. Su grupo lo aplaudió y validó sin titubeo. Sin embargo, cuando Felipe Calderón asegura que no sabía de las actividades ilícitas de García Luna, los patriotas digitales lo llaman cómplice y corrupto. El mismo argumento espejo: “no sabía nada”, “era un hombre con trayectoria”. Sirve igual para justificar que para condenar.

La crítica se ha vuelto un producto de consumo: solo nos importa si trae la marca que nos gusta. En palabras del politólogo José Woldenberg, el malestar social es fruto del “desencanto por la democracia”. La indignación selectiva es el combustible de esa desconfianza, pero también la excusa perfecta para no cambiar nada.

En lugar de buscar soluciones, nos consolamos con que los de enfrente también tienen lodo. El resultado es un país que, en vez de avanzar, se dedica a lanzar basura de un lado a otro. Y lo peor: entre tanta basura, ya nadie distingue qué era verdad y qué era mentira.

EN EL TINTERO

La esposa del expresidente López Obrador respondió al diario español ABC, que publicó que establecería su residencia en un exclusivo barrio de Madrid. En una carta dijo que vive y seguirá viviendo en México. Sin comentarios.

Que alguien le diga a los miembros de la ex familia presidencial que calladitos se ven más bonitos, porque en estos tiempos, con un clic, se pueden descubrir muchas cositas.

En Corto I Morena traiciona sus principios

En Corto I Morena traiciona sus principios

Si Luisa María Alcalde, como dirigente nacional, no actúa con firmeza y permite que esto pase sin consecuencias, el mensaje será letal: que en Morena la austeridad era solo una bandera para llegar al poder, no un compromiso real.

Raúl García Araujo @araujogar

Hablar de Morena es, inevitablemente, hablar de Andrés Manuel López Obrador. No solo fue su primer dirigente nacional, también fue el fundador y el artífice de un movimiento que en octubre de 2011 nació para romper con los privilegios de los partidos tradicionales y para darle un nuevo sentido a la política en México.

Desde el inicio, López Obrador dejó claro que su lucha no era por cargos ni por riqueza, sino por transformar el país desde dos pilares: honestidad y austeridad. Lo repitió hasta el cansancio y, lo más importante, lo practicó. No hubo en él una doble cara ni un discurso para la plaza pública que se contradijera en privado.

Bajo su liderazgo, Morena se convirtió rápidamente en el partido más fuerte de México. La congruencia de su fundador conectó con millones de mexicanos hartos de la ostentación política. López Obrador no necesitaba blindarse con un ejército de escoltas ni recorrer las ciudades en camionetas de lujo. Su vehículo más famoso fue un modesto Jetta blanco, con el que llegaba a actos públicos y privados, enviando un mensaje claro: el poder no es para servirse, es para servir.

Mientras los políticos que él llamaba “neoliberales” o “fifís” vestían trajes de diseñador, lucían relojes carísimos, comían en restaurantes exclusivos y se paseaban por el mundo en primera clase, López Obrador viajaba en vuelos comerciales, se hospedaba en hoteles sencillos y disfrutaba de la comida popular: una quesadilla, un pozole, un caldo de olla, un café de olla en una fonda de carretera.

Y aquí está el punto clave: nunca, en su vida como Presidente, tomó vacaciones en el extranjero. Ni una sola vez. Siempre descansó en México, recorriendo playas, pueblos y ciudades, convencido de que el país que gobernaba debía ser también el lugar donde recargara fuerzas. Para él, ir a Cancún, Huatulco o Palenque no era un sacrificio, sino un privilegio que implicaba convivir con su gente y seguir conociendo la realidad nacional.

Sin embargo, esa congruencia que durante años fue la principal fortaleza de Morena, hoy parece estar en crisis. Los principios que López Obrador dejó como mandamientos para su movimiento —y que incluso redactó en su famoso decálogo— están en riesgo de quedar reducidos a un discurso vacío. Y lo más preocupante es que algunos de los que hoy los traicionan son justamente figuras clave del partido.

El caso más doloroso, por el simbolismo que implica, es el de su propio hijo, Andrés Manuel López Beltrán, quien hace unos días viajó a Japón para vacacionar después de “unos días de mucho trabajo”. La imagen es demoledora: mientras su padre nunca cruzó la frontera para descansar, su hijo fue sorprendido de vacaciones en uno de los destinos más caros del planeta.

Pero no es el único. Ahí está también el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez Luna, y su esposa —también legisladora—, cuyo estilo de vida lujoso es de dominio público. Y, por si faltara algo, el diputado Ricardo Monreal decidió vacacionar en España, un destino que difícilmente encaja en la narrativa de austeridad y cercanía con el pueblo.

Estas actitudes no son simples anécdotas. Son señales de alerta. Representan todo lo que López Obrador criticó durante décadas: la ostentación, el despilfarro, el alejamiento de la gente. Y lo más grave es que vienen desde dentro de Morena, el partido que nació para ser la antítesis de esas prácticas.

Si Luisa María Alcalde, como dirigente nacional, no actúa con firmeza y permite que esto pase sin consecuencias, el mensaje será letal: que en Morena la austeridad era solo una bandera para llegar al poder, no un compromiso real. Y si es así, entonces ya no habrá diferencia entre los morenistas y los partidos que tanto cuestionaron.

Por eso, Morena debe decidir si quiere seguir siendo el movimiento de López Obrador o convertirse en un nuevo PRI o PAN, lleno de privilegios, lujos y políticos desconectados de la realidad. Porque la historia es clara: los pueblos no perdonan la traición a los principios. Y si no lo creen, que esperen a ver el resultado de las elecciones intermedias de 2027.

En política, la congruencia no se hereda, se demuestra todos los días. López Obrador lo entendió. Ojalá sus herederos políticos —y de sangre— lo comprendan antes de que sea demasiado tarde.

 

En Cortito: En política, los gestos importan tanto como los resultados. Y este martes, Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, volvió a demostrar que en su escritorio no se acumulan los pendientes: se resuelven.

La Fiscalía General de la República y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana anunciaron el traslado de 26 narcotraficantes a Estados Unidos, todos con orden de extradición.

No se trató de cualquier operativo: entre los entregados hay figuras clave de los cárteles más peligrosos de México, lo que convierte esta acción en un mensaje contundente, tanto hacia dentro como hacia fuera del país.

No es poca cosa. Estamos hablando de figuras que en su momento controlaron regiones enteras, movieron toneladas de droga y tejieron redes de corrupción. Su salida del país para enfrentar la justicia estadounidense es un golpe estratégico que corta hilos de operación y manda un mensaje: la cooperación binacional está viva y funcionando.

Porque aquí está el punto central: estas extradiciones no solo son un éxito operativo, también son una muestra del nivel de entendimiento que existe hoy entre México y Estados Unidos en materia de seguridad.