por Dominio Público | Ene 22, 2026 | Opinión
En todos los casos se repite el mismo libreto: silencio, minimización, explicación incompleta y, cuando la presión es insostenible, una narrativa para esquivar la rendición de cuentas.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
En estos años en el poder, la llamada Cuarta Transformación no ha aprendido —o no ha querido— hablar claro, a pesar de haber prometido transparencia total y diálogo frontal con los mexicanos, con “el pueblo bueno”.
Ante situaciones polémicas hay una constante: silencio inicial, explicación tardía y una narrativa que parece diseñada más para contener el daño político que para informar a la ciudadanía. No es un error aislado. Es un patrón.
El caso más reciente lo ilustra con precisión. El 18 de enero de 2026, un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Toluca. Durante horas no hubo explicación oficial. En un contexto de tensiones con el gobierno de Donald Trump —porque, aunque lo nieguen, la relación con nuestro vecino del norte es tensa— y de discursos duros contra el crimen organizado, el silencio fue combustible para el “sospechosismo”, como diría el clásico.
Cuando por fin llegó la versión oficial, tampoco fue del todo clara. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró en su conferencia mañanera del 19 de enero que se trataba de personal civil de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana que viajaría a capacitación, otros reportes señalaban que el permiso original era para trasladar a marinos. La oposición cuestionó si se requería autorización del Senado, como marca la Constitución cuando se trata del ingreso de fuerzas extranjeras. La respuesta fue que se trataba solo de una “tarea logística”. Caso cerrado… oficialmente.
Ya sé, ya sé, dirán que el caso del avión no es tan importante. Pero no es la primera vez que la 4T se hace bolas al intentar explicar algo. Veamos otros ejemplos donde la opacidad fue la regla.
Ahí está el desfalco a Segalmex, considerado el mayor fraude de la 4T. Durante meses se minimizó el monto del quebranto, que hoy supera los 15 mil millones de pesos. Se protegió políticamente a su entonces director, Ignacio Ovalle, bajo el argumento de que “lo engañaron”. La corrupción se reconoció tarde, a medias y sin responsables claros, contradiciendo la bandera de honestidad que el movimiento presume.
Otro ejemplo es la opacidad en las megaobras prioritarias. El Tren Maya, Dos Bocas y el AIFA fueron blindados mediante un decreto que las clasificó como asuntos de “seguridad nacional”. La Suprema Corte invalidó ese decreto, pero el gobierno respondió con otro similar casi de inmediato. Transparencia cuando conviene, opacidad cuando estorba.
La tragedia de la Línea 12 del Metro marcó también un antes y un después. El peritaje de la empresa noruega DNV fue primero ocultado y luego descalificado cuando comenzó a señalar fallas de mantenimiento, además de errores de origen. La narrativa se concentró más en desacreditar al perito que en asumir responsabilidades políticas. El mensaje fue claro: el problema no era el colapso, sino quién se atrevía a explicarlo.
Y está, por supuesto, el desabasto de medicamentos. Durante años se negó que existiera un problema generalizado. Se atribuyeron las denuncias a campañas de farmacéuticas o a intereses políticos. Nunca se explicó con claridad por qué fracasó el nuevo sistema de compras consolidadas. El costo humano fue altísimo, especialmente en oncología pediátrica, donde los padres de familia se convirtieron en los críticos más incómodos del gobierno.
En todos los casos se repite el mismo libreto: silencio, minimización, explicación incompleta y, cuando la presión es insostenible, una narrativa para esquivar la rendición de cuentas.
A todo lo anterior habría que agregar el reciente descarrilamiento del Tren Interoceánico, la reforma electoral y la visita de los dirigentes de Morena a la presidenta, cuyos detalles reales, como en otros episodios, siempre se quedan en la superficie.
La pregunta no es si estos gobiernos cometen errores —todos los cometen—, sino por qué insisten en no explicarlos con claridad, en un intento por no manchar el plumaje de sus alas. Un plumaje que, en realidad, se manchó hace mucho. Porque cuando un gobierno deja de hablar claro, no solo se erosiona la confianza: se normaliza la opacidad como forma de poder. Y de ahí a la tiranía, a veces, hay solo un paso.
EN EL TINTERO
¿Francisco Garduño un funcionario ejemplar? Sin comentarios.
por Dominio Público | Dic 18, 2025 | Valle de México
La ex titular del DIF reafirmó que mantiene firme su militancia dentro del movimiento fundado por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
La ex presidenta honorífica del Sistema Municipal DIF de Ecatepec, Esmeralda Vallejo Martínez, ganó las elecciones internas de Morena en la sección electoral 620 de Ecatepec.
Con esto, la actual consejera estatal morenista ocupará la presidencia del comité seccional en fórmula con Ramona Vázquez, quien ocupará la secretaría.
Fueron militantes y simpatizantes de Morena quienes decidieron dar su confianza y respaldo a Vallejo Martínez para asumir dicho cargo en una asamblea celebrada el pasado fin de semana.
Esmeralda Vallejo Martínez ocupó la presidencia honorífica (sin cobrar sueldo) del Sistema Municipal DIF de Ecatepec de 2019 a 2024, además de ser una destacada militante de Morena desde la fundación del partido.
La ex titular del DIF reafirmó que mantiene firme su militancia dentro del movimiento fundado por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador y seguirá tomando parte activa en el fortalecimiento del partido, así como del segundo piso de la cuarta transformación.
por Dominio Público | Dic 11, 2025 | Opinión, Principales
La 4T no tomó en cuenta dos factores fundamentales que ahora les están pasando factura: el tiempo, ese fantasma cuyo andar deja huella; y sus propios dirigentes, que más que mártires son humanos.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
Desde hace días ronda en mi cabeza una pregunta: ¿por qué la presidenta Sheinbaum dice un día sí y otro también que hay un grupo de mexicanos que convoca a la violencia y busca una intervención extranjera? Después de mucho pensar —y de escuchar a personas y personajes que saben más que yo— llegué a una conclusión: andan urgidos de enemigos.
Permítanme explicarles, antes de que levanten las cejas.
La 4T, con López Obrador a la cabeza, llegó al poder tomando como bandera el descontento —justo, sí— de gran parte de la población del país. Se autoproclamaron la “Esperanza de México” y, con base en su narrativa esperanzadora de “nosotros somos los buenos y todos los que nos critican son malos”, fueron adueñándose de todo: instituciones, congresos locales y el federal, el Poder Judicial y, próximamente, de las instituciones electorales.
Además del discurso, la 4T pudo hacerse fuerte porque la oposición entregó la plaza; quizá por miedo a que les sacaran, como ya ha ocurrido, los expedientes de sus “travesuras”. Hoy esa oposición —representada por los partidos— es prácticamente inexistente.
Sin embargo, la 4T no tomó en cuenta dos factores fundamentales que ahora les están pasando factura: el tiempo, ese fantasma cuyo andar deja huella; y sus propios dirigentes, que más que mártires son humanos.
El paso del tiempo volvió cada vez más inverosímil culpar a sus enemigos originales —los fifís, los neoliberales, Calderón, Salinas— de los problemas que hoy enfrenta el país. Y algunos de sus dirigentes, al ver el arca abierta, dejaron el aura de salvadores y aprovecharon la oportunidad de “mejorar” su situación.
Por eso ahora buscan nuevos enemigos: porque su discurso inicial no aguantó la comezón del séptimo año y comenzó a desgastarse. Y como a cada “héroe” le hace falta su villano, hoy nos hablan de bots, de la derecha internacional y de complots.
Pero volvamos al título de esta colaboración: ¿Tiene adversarios la 4T?
La respuesta es sí. Pero no están en el ambiente político. Su principal —y única— adversaria es la realidad, ese fantasma que se encarga de poner a cada quien en su lugar.
EN EL TINTERO
La opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, salió de Venezuela. ¿Qué sigue ahora?
por Dominio Público | Dic 9, 2025 | Opinión, Principales
México no está al borde del totalitarismo, pero afirmar que vivimos en una democracia impoluta es tan fantasioso como decir que el Tren Maya “ya conectó al país entero”.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
Hoy quiero iniciar con una pregunta: ¿a ustedes les sorprendió lo que pasó el 6 de diciembre? El Zócalo lleno, la porra coreando, los drones sobrevolando y la presidenta recitando una pieza que, más que discurso, fue un catecismo de autocelebración. Siete años de Transformación, dijo. Y cuando un gobierno se mira al espejo y solo ve virtudes, la crítica deja de ser algo sano y se convierte en acto de salud pública.
Claudia Sheinbaum subió al templete con la convicción de que México vive una época épica, casi una reedición de la Independencia, pero ahora de la “oligarquía”, los “bots”, los “comentócratas” y cualquier mexicano que ose dudar del guion oficial.
Sheinbaum enumeró cifras como quien sacude confeti: empleos, inversión extranjera, reservas, salarios. Todo suena bien en papel, pero el papel aguanta más que las salas de espera del IMSS. En el mismo discurso donde presume récord de inversión, acepta unas líneas más abajo que el país todavía no tiene un sistema de salud que funcione sin milagros ni estampitas. Y ahora vamos rumbo a la “credencialización universal”, algo que suena precioso… hasta que uno recuerda que la universalidad ya se había prometido antes.
Luego vino la parte espiritual:
El enemigo es el neoliberalismo, ese fantasma que sirve para explicar desde la falta de medicinas hasta el bache de cada colonia. Y, por si no alcanzara, también están los “calumniadores”, los “expertos de ficción”, los “conservadores de aquí y de allá”. Se habla tanto de los adversarios que pareciera que gobiernan ellos.
Y mientras la presidenta afirma que “nunca” ha habido represión, que todo es libertad y respeto, basta mirar cualquier marcha reciente para saber que el discurso va por un carril y la realidad por otro.
En cuanto a libertad de expresión, mejor pregunten a los colegas vigilados por un censor, acusados de violencia política en razón de género o señalados por escribir lo que no cae bien en Palacio.
México no está al borde del totalitarismo, pero afirmar que vivimos en una democracia impoluta es tan fantasioso como decir que el Tren Maya “ya conectó al país entero”.
La seguridad fue mencionada como triunfo, aunque cualquiera con memoria sabe que la caída del 34% en homicidios depende del cristal con que se mire, es decir, del modo en que se acomoden las cifras. El crimen no desaparece porque el presidente lo niegue ni porque los números se ajusten con cariño.
Pero quizá lo más significativo del discurso no fue lo que dijo, sino lo que insinuó: la Transformación ya no es solo gobierno; es creencia. Se ha vuelto una identidad —casi una moral— que divide al país entre quienes aplauden y quienes estorban. Y esa narrativa, repetida una y otra vez en plazas cada vez más llenas, termina creando un país donde la disidencia no es oposición: es sospecha.
Siete años después, México no es el infierno que algunos pintan, pero tampoco el paraíso que se celebró en el Zócalo. Somos un país real, con avances reales y pendientes gigantescos. Y mientras el poder siga hablando como si no tuviera fallas, nos toca a los demás hacer lo que el templete no hace: poner el desorden.
Lo que vimos en el Zócalo no fue una celebración, fue un espejo de cuento: uno que te dice lo que quieres oír, no lo que eres.
Y cuando un país deja de verse a sí mismo, lo que sigue no es transformación.
Lo que sigue es tropezarse. Y la caída… la caída siempre llega sin avisar.
EN EL TINTERO
Mientras la 4T festejaba en el Zócalo de la Ciudad de México, en el México real estallaba un carro bomba frente a la comandancia de la Policía Comunitaria en Coahuayana, Michoacán.
por Dominio Público | Nov 28, 2025 | Opinión, Principales
Las decisiones que hoy se toman en Tlalpan parecen no ser las de la 4T: No mentir, no robar, no traicionar.
Claudia Bolaños @claudiabola
La alcaldesa Gaby Osorio prometió “renovación”, “limpieza institucional” y una lucha frontal contra los vicios heredados. Sin embargo, en los pasillos de la demarcación comienza a escucharse del regreso de viejas prácticas que contrastan con el discurso oficial.
Ejemplo es la designación de personajes con denuncias formales ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México en áreas estratégicas no solo contradice ese compromiso, sino que revive una sombra de corrupción que Tlalpan no ha logrado sacudirse.
El caso más grave es el de Juan Pablo Tlaltempa Camacho, nombrado Director de Gobierno y Vía Pública. No se trata de rumores, se dice, sino de antecedentes graves y documentados: extorsión, robo y una denuncia vigente por abuso sexual.
Su nombre no es nuevo en el expediente. En 2021, según registros oficiales, fue exhibido por falsificar documentos oficiales para presionar a comerciantes de la vía pública y solicitar dinero a cambio de evitar supuestas sanciones administrativas. Aquel episodio derivó en decenas de denuncias de locatarios de San Miguel Xicalco y zonas aledañas.
De acuerdo con cifras de la entonces Dirección General de Gobierno, solo entre 2019 y 2021 se registraron más de 430 quejas relacionadas con actos de corrupción en la vía pública en Tlalpan, una de las áreas históricamente más sensibles y con mayor flujo económico informal.
Colocar ahora a Tlaltempa en la oficina que controla justamente ese sector es una decisión que desconcierta incluso a funcionarios internos. Más aún cuando la Ciudad de México cerró 2024 con 6,287 denuncias por delitos relacionados con corrupción de servidores públicos, un aumento del 18% respecto a 2022, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
En ese contexto, Tlalpan tendría que ser un ejemplo, no una excepción al compromiso anticorrupción.
Pero el problema no es un solo nombre. Distintas fuentes internas aseguran que la administración de Osorio ha optado por perfiles cuestionados para posiciones clave, privilegiando lealtades políticas sobre credenciales éticas. La pregunta es inevitable y cada vez más recurrente entre comerciantes, trabajadores y vecinos: ¿para formar parte del círculo de confianza de la alcaldesa es requisito enfrentar denuncias?
La transformación prometida no se acredita con discursos, sino con decisiones.
Y las decisiones que hoy se toman en Tlalpan parecen no ser las de la 4T: No mentir, no robar, no traicionar.
Y Sepa La Bola, pero mucho habrá detrás de la salida de Alejandro Gertz Manero de la FGR, que el tema no se trató con transparencia dando a especulaciones.
La presidenta Claudia Sheinbaum dijo en su mala a que no sabía de la renuncia del ahora ex fiscal que ya se había ventilado en medios de comunicación; pero ayer mismo lo nombró Embajador de México en Alemania.
Un oficio del propio Gertz a la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, con fecha de este 27 de noviembre, le informa esa decisión presidencial.
Se sabe que Gertz Manero fue obligado a dejar el cargo luego de que se le pidiera su renuncia en más de una ocasión. Y todo indica que la filtración de la investigación en contra del dueño de Miss Universo, quien estaría ligado con la mafia, fue la gota que derramó el vaso.
La presencia del octagenario funcionario ya incomodaba, de tan autónomo que se sentía, sin hacer equipo que tanto gusta a este gobierno. La misma Sheinbaum le dio un raspón a su trabajo como fiscal, al decir en Palacio Nacional que su que era bueno su trabajo, pues no tenía la coordinación necesaria con las fiscalías estatales. ¡Zaz!
El tema debió ser tomado con pinzas por varios, sobre todo por Adán Augusto, operador de la separación de Gertz, ya que ha demostrado ser vengativo… y tiene mucha información en su poder.