Pongamos el desorden: El sol no se tapa con un dedo

El episodio de la mujer que tomaba el sol en un balcón de Palacio Nacional, captada el 18 de marzo de 2026 durante el plantón magisterial en el Zócalo, es más que una anécdota: es una metáfora.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

El sol no se puede tapar con un dedo, menos con un comunicado. Lo digo porque la comunicación política de la Cuarta Transformación ha pasado de la narrativa épica al laberinto de la contradicción.

Cada vez funciona menos la estrategia de negar, minimizar y victimizarse. Lo que antes era un aparato aceitado para imponer agenda, hoy tropieza con sus propios cables, intentando negar realidades que, literalmente, se asoman por la ventana.

El episodio de la mujer que tomaba el sol en un balcón de Palacio Nacional, captada el 18 de marzo de 2026 durante el plantón magisterial en el Zócalo, es más que una anécdota: es una metáfora. La primera reacción oficial fue la negación automática.

La cuenta de Infodemia lo calificó como falso, sugiriendo un montaje o inteligencia artificial. Días después, la propia presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que reconocer el hecho y confirmar la sanción a la funcionaria involucrada —Florencia Franco Fernández, de la SHCP—. Incluso matizó que no existía un reglamento que lo prohibiera. Y quizá ese fue otro error. Porque el problema no es el balcón. Es el reflejo institucional de negar lo evidente. Si se niega lo trivial que ocurre a plena vista, ¿qué cabe esperar de lo que no vemos?

No se trata solo de balcones soleados. La misma lógica se repite en las aguas del Golfo de México. Mientras imágenes satelitales y más de quince organizaciones ambientalistas —Greenpeace, CEMDA, CartoCrítica, entre otras— documentaron un derrame de hidrocarburos que contaminó kilómetros de costa, el discurso oficial optó por minimizar, retrasar o diluir el problema en explicaciones técnicas.

Negar o enredar un desastre ambiental no es un error de comunicación. Es una falla de responsabilidad pública.

Esta resistencia a la realidad ha escalado incluso al plano internacional. Ahí está el reciente informe del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, que advierte indicios de crímenes de lesa humanidad en México. La respuesta presidencial, este 6 de abril, siguió el mismo patrón: descalificar al mensajero para evitar el mensaje. Reducir una tragedia humanitaria a una diferencia de criterios es un atajo retórico que evade el fondo: las deudas en seguridad y búsqueda siguen abiertas.

El problema de fondo no es solo la dificultad para reconocer la verdad. Es la disposición a incomodar —o castigar— a quien la busca. La libertad de expresión enfrenta una doble pinza: por un lado, el uso administrativo del SAT y la cancelación del estatus de donatarias a organizaciones críticas; por el otro, la costumbre de señalar a periodistas desde la tribuna oficial, no para ejercer réplica, sino para exhibirlos ante audiencias que no siempre distinguen entre crítica y consigna.

No se encarcela por opinar, es cierto. Pero se puede asfixiar o erosionar la credibilidad, y para el periodismo eso también pesa.

La 4T parece olvidar que comunicar no es lo mismo que persuadir. Gobernar implica rendir cuentas, incluso cuando incomodan, incluso cuando exhiben errores, incluso cuando una funcionaria decide tomar el sol donde no debe.

Porque al final, no se trata de balcones ni de comunicados. Se trata de un gobierno que, frente a la evidencia, prefiere administrar la narrativa antes que asumir la realidad. Y cuando la verdad se vuelve incómoda para el poder, deja de ser principio… y empieza a convertirse en estorbo.

Pongamos el desorden: Economía mexicana, ¿tibia o estancada?

El consumo aguanta, pero ya no empuja como antes. Y la inversión, que es la que realmente mueve la economía, simplemente no despega.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

En foros y conferencias el gobierno presume baja en el desempleo y que el peso anda fuerte. El famoso “súper peso”.

Pero en la vida diaria, eso no alcanza.

La economía creció apenas 0.8% en 2025. Para 2026 no se espera mucho más: entre 1.3% y 1.8%. Dicho en palabras sencillas: no estamos creciendo, apenas nos estamos moviendo.

Algunos analistas dicen que la economía está tibia. Pero siendo claros, esto ya se parece más a estancamiento.

El dato que más pesa, el famoso PIB per cápita, está en niveles de 2017. Como si hubiéramos pasado varios años en pausa. O peor, en retroceso.

La industria cayó. Los servicios avanzan poco. El consumo aguanta, pero ya no empuja como antes. Y la inversión, que es la que realmente mueve la economía, simplemente no despega. Se promete mucho. Se ve poco.

Por otro lado el gobierno sigue gastando más de lo que tiene. Sí, bajó el déficit, pero seguimos lejos de un equilibrio sano. Traducido: se aprieta por un lado, pero la economía no reacciona.

Aquí está el fondo del asunto: en los números todo parece “estable”, pero en la calle no se siente así.

El dinero alcanza menos. Emprender sigue siendo complicado. Y los apoyos ayudan, pero no sustituyen empleos bien pagados ni crecimiento real.

Pongamos el desorden: ¿esto es estabilidad… o es conformarse con no caer? Porque una cosa es no estar en crisis, y otra muy distinta es avanzar.

La propia presidenta lo dijo: hace falta crecer. Y tiene razón. El problema es que se habla más de lo que resistimos que de por qué no avanzamos.

Las exportaciones sostienen al país. Pero hacia adentro, la economía sigue sin fuerza.

Para este año se anuncian apoyos y créditos. Ojalá funcionen. Por ahora, estamos en medio: ni mal del todo, ni bien de verdad.

Y eso, en economía, no dura mucho.

Porque lo tibio, tarde o temprano, se enfría.

El verdadero desorden no está en los datos, está en la diferencia entre lo que se dice arriba y lo que se vive abajo. Porque cuando una economía no crece, el problema no desaparece… solo se va acumulando.

EN EL TINTERO

Por dignidad, Jenaro Villamil debería dejar la vida pública y quizá alquilar una habitación en Palenque.

En Corto: Armenta, Gobierno Cercano

Puebla tiene un gobernador que no teme enfrentar retos, escuchar al ciudadano y consolidar un proyecto sólido, cercano y participativo. Ese es el sello de su gestión.

Raúl García Araujo @araujogar

Alejandro Armenta ha llegado a la gobernatura de Puebla con un sello claro: el poder debe estar al servicio de la gente, no por encima de ella.

Inspirado en los principios que promovió Andrés Manuel López Obrador en la Ciudad de México, el gobernador apuesta por austeridad, ética pública y un sentido social que coloca al ciudadano en el centro de la gestión.

Leal a Claudia Sheinbaum y a Morena, Armenta combina disciplina política con liderazgo propio. Esa lealtad no es decorativa; le permite construir un gobierno fuerte, coherente y capaz de enfrentar retos con resultados concretos.

En su administración, la política ya no es solo un discurso: es acción directa.

El gobernador ha transformado la comunicación oficial. Las mañaneras y encuentros con medios se han regionalizado; el diálogo se da cara a cara con la sociedad.

Mesas de trabajo con sectores sociales, productivos y académicos buscan enriquecer los proyectos estratégicos para Puebla. Gobernar, en este esquema, significa escuchar, dialogar y articular.

El eje central de su gobierno es la territorialidad. Armenta está presente en los municipios y comunidades, supervisa obras, atiende demandas locales y prioriza la participación ciudadana.

Su administración busca dejar atrás privilegios y derroche; propone una gestión cercana, transparente y orientada al bienestar colectivo.

La participación social no es opcional. Comunidades deciden prioridades, supervisan obras y participan en la ejecución de proyectos. Cada acción se construye en corresponsabilidad, legitimando decisiones y fortaleciendo la gobernanza.

Armenta también apuesta por acuerdos firmes: combina autoridad con diálogo, planeación con escucha, acción con participación.

Las mesas de trabajo con empresarios, académicos y gobiernos municipales convierten los proyectos públicos en procesos democráticos, con respaldo social y visión territorial.

El desarrollo, insiste el gobernador, debe llegar a todas las comunidades, no concentrarse en unas pocas.

Su gestión redefine la política pública: menos burocracia, más cercanía; menos unilateralidad, más interlocución. La lealtad política y la coherencia ideológica se traducen en eficiencia y resultados.

Hoy, Armenta demuestra que gobernar con ética y compromiso social no es retórica. Es presencia, decisiones responsables y construcción de consensos sin ceder a presiones ni intereses particulares.

Su liderazgo marca un precedente: quien se compromete con el pueblo y mantiene disciplina política redefine los estándares de gobernabilidad en México.

No gobierna desde la comodidad del poder. Gobernar, para Armenta, es asumir la exigencia del servicio público con firmeza, claridad y resultados.

Puebla tiene un gobernador que no teme enfrentar retos, escuchar al ciudadano y consolidar un proyecto sólido, cercano y participativo. Ese es el sello de su gestión.

 

En Cortito: Nos cuentan que durante la Semana Santa 2026, Cuernavaca ya está lista para recibir a miles de turistas nacionales y extranjeros bajo un esquema de seguridad reforzado.

El presidente municipal, José Luis Urióstegui Salgado, puso en marcha un operativo especial que demuestra su liderazgo y compromiso tanto con los visitantes como con los habitantes de la capital morelense.

Desde el 29 de marzo y hasta el 12 de abril, la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano despliega patrullajes terrestres y aéreos, con rondines permanentes en colonias, plazas, centros religiosos y puntos turísticos estratégicos.

La presencia de drones de vigilancia, Policía de Género, Policía Turística, Grupo de Operaciones Motorizadas, Protección Civil, Bomberos y Policía Vial asegura prevención y respuesta inmediata ante cualquier eventualidad.

Bajo la supervisión directa de José Luis Urióstegui Salgado, cada acción es monitoreada y ajustada para maximizar su eficacia.

En Cuernavaca, Semana Santa no solo significa festividad: significa disciplina, coordinación y responsabilidad institucional.

De nueva cuenta, el alcalde Urióstegui demuestra que gobernar implica acción directa, presencia territorial y resultados visibles.

La capital de Morelos se prepara para recibir a sus visitantes con la certeza de que cada medida ha sido planeada, vigilada y ejecutada con eficiencia.

Pongamos el desorden: Y si cambiamos el guión

El derrame de petróleo en el Golfo de México, donde los responsables se pierden en tecnicismos y comunicados vacíos mientras el chapopote asfixia nuestras costas.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Este “Domingo de Ramos”, el obispo de Irapuato, Guanajuato, monseñor Enrique Díaz Díaz, compartió una reflexión que llamó mi atención.

Este es un fragmento:

“Alguna vez los actores (de la representación de la Pasión de Cristo) me preguntaron si no se podrían cambiar los papeles: ver a un Pilato que no se lave las manos, a un Pedro que no niegue a su amigo o a discípulos que no huyan por miedo. Hoy tenemos esa posibilidad de cambiar el guion… ¡con nuestra vida!”

Más allá de un llamado espiritual, lo dicho por monseñor Díaz encierra —quizá sin proponérselo— una provocación política y social de primer orden. Nos hemos acostumbrado tanto a la representación de nuestra propia tragedia nacional que ya nos sabemos los diálogos de memoria. En el escenario público, el reparto parece inamovible y el final, siempre predecible.

Hagamos un ejercicio de imaginación. En nuestra vida diaria los “Pilatos” abundan: personajes que, ante la injusticia o la crisis, siempre encuentran una forma de lavarse las manos y deslindarse de la responsabilidad. Lo vemos hoy con el derrame de petróleo en el Golfo de México, donde los responsables se pierden en tecnicismos y comunicados vacíos mientras el chapopote asfixia nuestras costas. Para ellos, el guion siempre dicta lo mismo: la culpa es de la fatalidad o del pasado, nunca de la negligencia presente.

También están los “Pedros”, que por conveniencia o temor niegan la verdad cuando el poder los cuestiona. Es el papel que decidió actuar el Tribunal Electoral en el caso de los famosos “sobres amarillos” de Pío López Obrador. Exonerar lo evidente no es justicia; es seguir un libreto de complicidad donde la verdad suele ser el personaje que termina crucificado.

Y si de bajezas hablamos, ahí están los senadores que, en un desplante de miseria humana, prefirieron gritarle “¡Morón!” a la viuda de Carlos Manzo en pleno salón de sesiones, en lugar de mostrar la altura que su cargo exige. Son el ejemplo perfecto de quienes eligen la estridencia para no enfrentar el peso de la realidad ni el dolor de las víctimas.

Cambiar el guion de la vida nacional en 2026 no es una utopía de domingo ni un eco de púlpito: es una urgencia ciudadana. Debemos dejar de ser extras en una obra escrita por el cinismo de quienes nos gobiernan —y de quienes ya gobernaron.

No podemos esperar a que “Pilato” deje su palangana o a que los legisladores recuperen la decencia por iluminación divina; la transformación empieza cuando el espectador se levanta del asiento y cuestiona el libreto.

El destino del país no está escrito; se construye día con día. La posibilidad de cambiar las cosas está en nuestras manos: en esas que hoy se niegan a lavarse frente a la negligencia y que se atreven a escribir una historia distinta. No somos espectadores de una tragedia ajena; somos los autores de una realidad que, por fin, merezca ser vivida.

EN EL TINTERO

La interpretación de la reflexión de monseñor Díaz es exclusivamente mía.

Aunque el SAT dice que no es política la decisión, el que quitara el carácter de donatarias a organizaciones críticas del gobierno, es bastante sospechoso.

Sepa la Bola: Influencias desde la Corte

Las primeras versiones surgieron dentro de la Dirección General de Servicios Legales, área adscrita a la Consejería Jurídica y de Servicios Legales de la Ciudad de México.

Claudia Bolaños @claudiabola

Y Sepa La Bola… pero en días recientes comenzó a circular dentro del Poder Judicial información sobre José Alfonso Aparicio Velázquez, actualmente secretario auxiliar de acuerdos en la ponencia de la ministra Loretta Ortiz en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, señalado por presuntamente usar su cargo para obtener beneficios mediante un esquema de influyentismo, junto con un exfuncionario de la Consejería Jurídica de la Ciudad de México.

Las primeras versiones surgieron dentro de la Dirección General de Servicios Legales, área adscrita a la Consejería Jurídica y de Servicios Legales de la Ciudad de México. Ahí se indica que el ex trabajador de la dependencia, José René Rivas Valladares, habría obtenido y entregado expedientes relacionados con carpetas de investigación para favorecer litigios contra la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México.

Según mencionan, esa operación la habría iniciado desde su paso por la Defensoría Pública, en apoyo de despachos externos.

El caso habría generado alertas desde 2023, cuando Néstor Vargas Solano estaba al frente de la Consejería Jurídica capitalina y tuvo conocimiento del caso. Ahora se sabe que hacia finales de 2023, Rivas fue removido de su cargo en medio de indagatorias vinculadas con despachos de abogados presuntamente relacionados con estas prácticas de favoritismo e influyentismo.

Desde 2019, Rivas comenzó una relación de amistad con José Alfonso Aparicio Velázquez, actualmente secretario auxiliar de acuerdos en la ponencia de la ministra Loretta Ortiz, quien, según versiones, lo habría favorecido con información y documentación en sus asuntos judiciales y los de su hermano, Arturo Aparicio Velázquez.

Arturo Aparicio comenzó a figurar en expedientes judiciales y amparos en materia administrativa, tanto del ámbito federal como local, por lo que requería información de primera mano, la cual, según se indica, se habría facilitado con la intervención de Rivas y su hermano, en un puesto clave dentro del Gobierno y el Poder Judicial.

Rivas también trabajó en el Instituto de Transparencia de la Ciudad de México, y Alfonso Aparicio Velázquez laboró en el entonces Instituto Federal de Acceso a la Información Pública entre agosto de 2015 y enero de 2020, lo que les habría permitido acceso a información y datos personales privilegiados.

Se menciona que uno de los casos en los que habría sido favorecido Arturo Aparicio corresponde al expediente 2/2023, tramitado en el Décimo Sexto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito, y al 1388/2024, radicado en el Juzgado Décimo de Distrito en Materia Administrativa de la Ciudad de México, ambos vinculados con órganos de transparencia.

También se señala que René Rivas y Arturo Aparicio han coincidido en actos de carácter vecinal. De ahí derivan acusaciones, incluso de extorsión, interpuestas por grupos vecinales. A ello se suma la versión de que se difundía la idea de contar con respaldo desde la Suprema Corte, ya fuera como oferta de apoyo o como mecanismo de presión.

Y Sepa La Bola… pero ya se dice que Gerardo Villanueva, diputado por el distrito 26 de Coyoacán, avanzó en las encuestas internas de Morena.

De acuerdo con estadísticas públicas, tendría una ventaja de 23% frente al resto de aspirantes a la candidatura de Morena en Coyoacán, como Hanna de la Madrid, Carlos Castillo, Bertha Luján y Ana María Lomelí.

Desde que inició como legislador se le ha visto encabezando acciones de recuperación de parques públicos. Sus propuestas en materia de vivienda son el eje central de su estrategia.

Y Sepa La Bola… pero en el Instituto Mexicano del Seguro Social ha aumentado la inquietud en la Dirección de Incorporación y Recaudación, encabezada por Luisa Guadalupe Alejandra Obrador Garrido Cuesta, debido a que su gestión está marcada por un desempeño recaudatorio débil en 2025, con un presunto faltante superior a los 7 mil millones de pesos.

A las críticas financieras, que podrían afectar la calidad del servicio, se suman señalamientos por decisiones sin sustento técnico, como la salida de personal experimentado y el pago de liquidaciones millonarias a otros empleados, lo que ha alimentado la percepción de un desmantelamiento institucional. Además, se cuestiona su paso por el entorno empresarial de Ricardo Salinas Pliego, considerado adversario del partido en el poder, y si ello influye en sus decisiones.

Pongamos el desorden: Leyes a 119 millones

Pongamos el desorden: Leyes a 119 millones

La Cámara de Diputados no sale cara por lo que cuesta, sino por lo poco que entrega.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Las leyes en México salen carísimas. Y no, no es una exageración: es de esas cifras que, cuando uno las ve con calma, dan más coraje que risa.

Dicen que la democracia no tiene precio. Está bien. Pero eso no significa que tengamos que aceptar cualquier cuenta sin chistar. A ver, pongamos la lupa en la Cámara de Diputados en 2025.

El dato duro, completo: la Cámara de Diputados tuvo un presupuesto de 8 mil 941 millones 100 mil pesos.

El resultado: 75 dictámenes aprobados.

Así, sin mucho enredo, cada dictamen aprobado nos salió en 119.2 millones de pesos. Sí, 119 millones por ley. O por lo que haya pasado por ley.

Y claro, siempre aparece el argumento: “legislar es complejo”. Nadie lo niega. Lo que ya no cuadra tanto es pagar como si cada dictamen fuera una pieza de ingeniería fina… cuando muchas veces apenas pasa de trámite.

Ahí va otro dato, también completo: cada uno de los 500 diputados tuvo una percepción neta anual de 1 millón 193 mil 485 pesos.

En total, estamos hablando de 596 millones 742 mil 500 pesos solo en sueldos.

Bajado a tierra: el puro salario de los diputados le carga cerca de 8 millones de pesos a cada dictamen.

Y falta desglosar todo lo demás: asesores, oficinas, viajes, comidas, estructura, operación… todo un aparato que se mueve mucho, pero no siempre en la dirección correcta.

Porque ese es el punto incómodo: no es solo cuánto cuesta, sino qué estamos recibiendo.

De esos 75 dictámenes, varios fueron ajustes menores, otros venían prácticamente resueltos desde antes, y en más de uno el debate fue mero trámite. Se cumple el guion, se levanta la mano y se sigue.

¿De verdad eso vale 119 millones?

Mientras tanto, afuera, el país sigue atorado en lo importante: inseguridad, calor que ya no da tregua, una economía que no termina de despegar. Problemas que no se resuelven con dictámenes de relleno.

Y sí, en algo hay razón: hay que recortar privilegios. Pero tampoco nos hagamos bolas, eso no alcanza

El problema viene desde antes. Desde quién llega, cómo llega y para qué llega. Sin filtros reales, sin independencia y con incentivos para obedecer, el resultado es el mismo de siempre: diputados caros y resultados baratos.

Al final, la Cámara de Diputados no sale cara por lo que cuesta, sino por lo poco que entrega.

Pero bueno, la factura ya está aquí.

Y, como siempre, la seguimos pagando nosotros. ¿Cuánto más?

EN EL TINTERO

Las cifras corresponden al costo promedio por dictamen aprobado en 2025 en la Cámara de Diputados, calculado con base en su presupuesto anual.

Al cierre de esta columna, la Cámara de Senadores aprobó un descafeinado Plan B. La revocación de mandato se queda en el 2028.