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Pongamos el desorden: A la defensa del “amigo” Maduro

Pongamos el desorden: A la defensa del “amigo” Maduro

El presidente estadounidense es un impresentable que vio en la caída de Maduro una inversión petrolera con moño de héroe.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

El ex presidente López Obrador volvió a asomar la nariz en redes. No fue para mirar lo que pasa en México —que no es poco—, sino para indignarse por la captura de Nicolás Maduro a manos de Estados Unidos y, de paso, darle un jalón de orejas a Donald Trump.

En su cuenta de X escribió que aquello fue un secuestro y un “prepotente atentado a la soberanía del pueblo de Venezuela”. Se puso solemne: aseguró que ni Bolívar ni Lincoln aceptarían que Washington actuara como tiranía mundial. Después vino el regaño directo:

“Presidente Trump: no caiga en la autocomplacencia ni escuche el canto de las sirenas. Mande al carajo a los halcones… la política no es imposición.”

Invocó a Juárez, respaldó a la presidenta y remató con una línea casi infantil:

“Por ahora no le mando un abrazo.”

A mí el mensaje me produjo más ternura que temblor diplomático. Igual que sus cartas pidiendo explicaciones por la llegada de El Mayo Zambada a Estados Unidos, estas proclamas sirven para lo mismo: para el archivo, no para la realidad.

Después de leerlo, desordené tres ideas.

Primera. Que amplió oficialmente las causas para regresar a la vida pública, aunque sea en declaraciones. Ahora debemos agregar: cuando sus convicciones libertarias le impidan callar. Anotado para la enciclopedia obradorista.

Segunda. Que afirmó que “la política no es imposición”. Lo dijo quien pasó seis años imponiendo su voluntad, incluso después de dejar Palacio Nacional: ahí está la reforma al Poder Judicial como monumento a la no-imposición.

Tercera. Que advirtió que la victoria de hoy puede ser la derrota de mañana. En eso sí coincidí: ojalá su movimiento se aplique el cuento frente al espejo.

Y ya encarrerado, yo quisiera hacerle preguntas al expresidente, no a Bolívar ni a Lincoln.

¿Dónde estaba usted cuando el régimen venezolano atropellaba las libertades que hoy dice defender? ¿Dónde se escondieron sus convicciones libertarias cuando periodistas, estudiantes y opositores eran encarcelados u obligados a abandonar su tierra? ¿En qué cajón guardó su humanismo mientras Caracas se llenaba de presos políticos y cementerios?

Que nadie me malinterprete: no estoy de acuerdo con Trump. El presidente estadounidense es un impresentable que vio en la caída de Maduro una inversión petrolera con moño de héroe. Pero una cosa es denunciar a Washington y otra muy distinta canonizar a Miraflores.

¿Qué le espera a Venezuela? Sospecho al menos tres años de tutela estadounidense cobrando el “favor” de quitar al dictador. Y en cuanto a María Corina Machado y Edmundo González, tal vez nunca gobiernen. No porque les falte apoyo popular, sino por haberle robado al “nuevo pacificador” del mundo el Nobel de la Paz, que ya veía en su vitrina.

Yo, por ahora, tampoco mando abrazos. Pero no por convicción libertaria: es por simple memoria.

Pongamos el desorden: Hay de carroña a carroña

Pongamos el desorden: Hay de carroña a carroña

Ojalá la Fiscalía General de la República realice una investigación a fondo y, si la causa del descarrilamiento fue el material rodante, éste sea retirado y los responsables de las compras sancionados.

Miguel Camacho  @mcamachoocampo

Hubiera querido empezar 2026 con una colaboración alegre y optimista, pero hay tragedias que no permiten buenos deseos ni silencios cómodos.

El pasado 28 de diciembre un convoy del llamado Tren Interoceánico se descarriló en el estado de Oaxaca. Al momento de escribir esta colaboración, el saldo era de 14 personas muertas y casi 100 heridas, algunas de ellas en estado grave.

Más que hablar del accidente, quisiera comentar con ustedes lo que vino después.

El gobierno hizo lo que tenía que hacer: atender la emergencia y apoyar a las víctimas. Sin adjetivos. Es su trabajo.

De manera paralela se desató una cascada de críticas desde la oposición y diversos grupos sociales. Salió a la luz que el material rodante del megaproyecto es reciclado; incluso se dijo que los rieles y durmientes no eran nuevos. Testimonios de pasajeros, recogidos por algunos medios, señalan que el convoy tomó una curva a exceso de velocidad.

¿Y qué hizo la 4T? Sacó el manual que ya tiene bien probado para enfrentar crisis: victimizarse, minimizar los hechos, lanzar cortinas de humo y apostar al olvido.

Comenzaron a circular comparaciones con otros accidentes ferroviarios del pasado, como el de Saltillo en los años setenta del siglo XX, y se arremetió contra quienes criticaron el hecho, acusándolos de querer destruir el movimiento transformador de México. Como no podía faltar, apareció su adjetivo favorito: carroñeros.

Personajes como Gerardo Fernández Noroña calificaron lo ocurrido simplemente como un “accidente”. Llamarlo así no explica nada, pero sí sirve para desactivar la gravedad del asunto y tranquilizar conciencias.

Otros activistas, como Gerardo Moncada, fueron más allá y sugirieron que pudo tratarse de un sabotaje, esto escribió en sus redes sociales:

“QUÉ CASUALIDAD. Justo cuando China busca alternativas al Canal de Panamá, cuando analistas internacionales hablan del Tren Interoceánico como pieza clave en la reconfiguración de rutas comerciales, ocurre un ‘accidente’ y la oposición corre a pedir que se suspendan las operaciones…”

Después vino la siguiente fase del manual: una avalancha de infografías para enterrar lo ocurrido en Oaxaca. Que si la presidenta Sheinbaum está entre las gobernantes más populares de América Latina, que si México está en el top 10 de países con menor desocupación, y una larga lista de cifras para recordarnos lo bien que estamos con la 4T.

Siendo sinceros, a la 4T se le olvida algo fundamental: cuando este “movimiento” era oposición hacía exactamente lo mismo. Criticaba, cuestionaba, marchaba y señalaba tragedias como símbolos del fracaso del poder. Entonces, el calificativo de carroñeros también les queda.

Ojalá la Fiscalía General de la República realice una investigación a fondo y, si la causa del descarrilamiento fue el material rodante, éste sea retirado y los responsables de las compras sancionados. Pero, aunque lo deseo —al igual que muchos mexicanos—, sinceramente creo que nos vamos a quedar con las ganas.

En Corto: Criminalizar para callar periodistas

En Corto: Criminalizar para callar periodistas

Ni en los peores tiempos del viejo régimen —cuando el poder lo controlaba todo— se normalizaba con tanta facilidad que un periodista fuera procesado por publicar información incómoda. 

Raúl García Araujo @araujogar

Ejercer el periodismo en México nunca ha sido una labor segura, pero en 2025 el riesgo ha escalado a un nuevo y peligroso nivel: informar puede llevarte al banquillo de los acusados.

Mientras siete periodistas han sido asesinados en el país este año, según Artículo 19, hoy además enfrentamos una forma moderna de censura: la criminalización del ejercicio periodístico desde las propias instituciones del Estado, una práctica que no sólo intimida al comunicador, sino que erosiona directamente el derecho de la sociedad a estar informada.

El caso del colega veracruzano Rafael “Lafita” León Segovia no es un episodio aislado, es una advertencia nacional.

Un juez de control, José Guadalupe Nucamendi Albores, desestimó finalmente el delito de terrorismo —una acusación tan grave como absurda—, pero aun así decidió vincular a proceso al periodista por otros cargos, imponiéndole prisión domiciliaria durante un año, no por haber cometido un crimen, sino por hacer su trabajo.

La audiencia, documentada por Artículo 19, exhibió a una Fiscalía de Justicia de Veracruz sin pruebas sólidas, con inconsistencias, argumentos endebles y una narrativa preocupante: si el periodista llega primero a cubrir una nota, entonces “sabía” del delito.

Bajo esa lógica perversa, informar se convierte en sospecha y la eficacia profesional pasa a ser “prueba criminal”.

La Fiscalía llegó al extremo de acusarlo de no denunciar hechos delictivos que supuestamente conocía por mensajes de texto, como si el periodista tuviera funciones de Ministerio Público y como si la recepción de información de una fuente fuera participación delictiva, una distorsión jurídica que pone en jaque a todo el gremio.

Peor aún, la acusación se sustenta principalmente en un “testigo protegido” cuyas declaraciones son contradictorias y plagadas de irregularidades.

Aun así, en apenas veinte días la Fiscalía integró y judicializó una carpeta por terrorismo, encubrimiento y delitos contra las instituciones de seguridad, mientras solicita cuatro meses para la investigación complementaria, una diligencia que contrasta dolorosamente con la impunidad absoluta en los asesinatos de periodistas en Veracruz, una de las entidades más letales para la prensa.

El mensaje es claro y estremecedor: se persigue con rapidez al que informa, pero no al que mata al periodista.

La medida cautelar impuesta —arraigo domiciliario— resulta desproporcionada y devastadora, pues impide a Rafael salir a las calles, cubrir hechos, trabajar, vivir de su oficio y cumplir con el derecho social a la información; no sólo se castiga al periodista, se castiga a la sociedad.

Por eso este caso encendió todas las alarmas. La propia presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo con claridad: no existe precedente de acusaciones por terrorismo en México y exigió a la Fiscalía de Veracruz que explique si existe un delito real y probado, subrayando que ninguna investigación debe estar relacionada con la labor profesional del comunicador.

Entonces, ¿qué estamos viendo? Una peligrosa deriva: la utilización del aparato judicial como instrumento de intimidación política.

Ni en los peores tiempos del viejo régimen —cuando el poder lo controlaba todo— se normalizaba con tanta facilidad que un periodista fuera procesado por publicar información incómoda.

Hoy le tocó a Rafael, mañana puede tocarle a cualquier reportero, columnista o medio que se atreva a incomodar al poder, y por eso este no es un pleito personal ni un asunto local, es una causa del periodismo mexicano.

Cuando informar se vuelve delito, la democracia deja de existir. Hoy más que nunca el gremio está llamado a la solidaridad, a la defensa común de la libertad de expresión y a no permitir que el miedo sustituya al periodismo, porque si callan a uno, nos ponen en riesgo a todos.

 

En Cortito: Nos cuentan que el cierre de año en Ecatepec dejó una señal política clara: cuando hay coordinación real entre los tres niveles de gobierno, los resultados en seguridad sí llegan.

Desde el C5 de la policía estatal, la gobernadora Delfina Gómez Álvarez encabezó la Mesa de Paz junto a la alcaldesa Azucena Cisneros Coss, y el mensaje fue contundente: Ecatepec es prioridad para el gobierno estatal y federal, y ese respaldo se traduce en acciones concretas, no en discursos.

Delfina Gómez no sólo reconoció el trabajo en equipo, sino que subrayó que los resultados positivos de las Mesas de Paz ya se reflejan en todo el Estado de México, destacando particularmente el caso de Ecatepec como ejemplo de cómo la coordinación institucional, el Mando Unificado y la voluntad política pueden revertir una de las problemáticas más complejas del país: la inseguridad en zonas metropolitanas densamente pobladas.

En esa misma línea, Azucena Cisneros agradeció el respaldo de la presidenta Claudia Sheinbaum y de la propia gobernadora, señalando que la implementación del Mando Unificado, junto con el despliegue de Marina, Sedena, Guardia Nacional, policía estatal y Fiscalía, ha sido clave para inhibir la comisión de delitos y recuperar la tranquilidad de las comunidades.

La seguridad, en Ecatepec, dejó de ser un tema de buenas intenciones para convertirse en una estrategia operativa con resultados medibles.

 

 

Pongamos el desorden: Volver a lo básico

Pongamos el desorden: Volver a lo básico

Que el gobierno gobierne este país complejo como lo es, sin pretender que todos pensemos igual, sin confundir autoridad con unanimidad.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Esta es ya mi última columna del año. La próxima vez que nos leamos será en 2026. Un nuevo ciclo, nuevas historias, nuevas vivencias…

Como cada diciembre realizamos la inevitable lista de propósitos que casi nunca cumplimos: bajar de peso, ahorrar, cuidar la salud, hacer ejercicio.

En estas fechas también los políticos hacen sus propósitos. Nos dirán —una vez más— que seguirán trabajando por el bien de México, que lucharán hasta su último aliento por la soberanía nacional, que ahora sí viene lo bueno.

Ordenando mis archivos de este año encontré el discurso que la princesa de Asturias pronunció el pasado mes de octubre durante la entrega de los Premios Princesa de Asturias. Ahí, la heredera al trono español lanzó una idea tan simple como poderosa, una que bien podría servirnos de propósito colectivo para el año que comienza: volver a lo esencial, volver a lo básico.

Dijo:

“…Al respeto por quienes piensan diferente, por quienes son diferentes; a la educación, a valorar a nuestras maestras y maestros… A no olvidarnos de atender —con acciones responsables y medibles— a quienes no lo tienen fácil: a las personas más vulnerables, a los jóvenes que luchan por formarse, por tener un trabajo, un hogar; a las personas mayores que no desean estar solas; a nuestros niños y niñas en riesgo de pobreza”.

Más adelante añadió:

“Quizá haya que recordar lo que significa tratar bien al prójimo, salir de la trinchera, sacudirnos el miedo, unirnos para hacer las cosas mejor, pensar que, si no miramos al otro, no sabremos construir confianza… La convivencia no es fácil, pero es el único camino para lograr un progreso compartido”.

Y entonces me quedé pensando: ¿por qué en México nos cuesta tanto volver a lo básico?

Que el gobierno gobierne este país complejo como lo es, sin pretender que todos pensemos igual, sin confundir autoridad con unanimidad.

Que los legisladores legislen, debatan, discutan… y no se limiten a levantar la mano cuando se los piden.

Y que la sociedad, los ciudadanos de a pie, cumplamos también con lo nuestro: trabajar, respetar la ley y asumir nuestras responsabilidades como hijos, padres, madres y abuelos.

Sólo así —tocando cada quien el instrumento que le corresponde— podremos aspirar a interpretar una melodía que haga sobresalir a México, no por el ruido, sino por la armonía.

Feliz 2026.

Pongamos el desorden: Las palabras del año son…

Pongamos el desorden: Las palabras del año son…

El retrato de 2025 es claro: un mundo que cobra aranceles mientras consume basura digital, se indigna por deporte, evade respuestas con números absurdos y confunde cercanía con algoritmos.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Cuando uno escucha, cada final de año, la selección que diversas instituciones lingüísticas hacen de las llamadas palabras del año, suele imaginar a un grupo de intelectuales metiendo vocablos en una tómbola y sacando al azar a la ganadora. Nada más lejos de la realidad.

Las palabras del año quizá sí las elige un “consejo de sabios”, pero sobre todo reflejan lo que somos como sociedad. Son una especie de tomografía —a veces incómoda— de lo que nos hemos convertido como seres humanos.

Si hacemos una rápida revisión de las palabras elegidas en este 2025, el diagnóstico es claro: estamos enojados, confundidos, hiperconectados, mal informados y, por si fuera poco, cobrando impuestos hasta por respirar.

Comencemos el recuento.

La Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), patrocinada por la agencia EFE y la RAE, eligió “arancel” como palabra del año. No “esperanza”, no “acuerdo”, no “futuro”. Arancel.

Un término que antes dormía tranquilo en los libros de economía y que este año se coló en la sala, en la sobremesa y en la conversación cotidiana, en gran parte por cortesía del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Después de décadas de globalización feliz, el mundo decidió volver a levantar muros… pero con recibo fiscal. El comercio internacional se convirtió en un campo minado.

Del otro lado de la pantalla, Oxford eligió “rage bait”,  “el anzuelo de la ira”. Contenido hecho no para informar ni convencer, sino para provocar. Para que usted se enoje, comente, comparta y vuelva a enojarse.

No importa el tema: política, feminismo, fútbol o vacunas. Lo importante es que sangre. El enojo se volvió moneda digital y, como toda moneda, alguien siempre la está acuñando.

Cualquier similitud con el discurso de la 4T y sus partidarios… ¿Será mera coincidencia?

Merriam-Webster fue todavía más honesto —o más cruel— y eligió “slop”: basura digital generada por inteligencia artificial. Videos sin sentido, imágenes deformes, textos huecos. Contenido que no dice nada, pero ocupa todo.

No es que falte información: sobra porquería.

Y si alguien tenía dudas sobre el estado mental colectivo, ahí está Dictionary.com coronando “67”. No significa nada. No quiere decir nada. Se usa para no responder.

Es el “me da igual”, el “ajá”, el “lo que tú digas” de la Generación Alfa. Una palabra perfecta para una época que evade respuestas y huye de la complejidad.

Cambridge eligió “parasocial”:  relaciones unilaterales con influencers, celebridades o incluso chatbots. Gente que sentimos cercana, aunque no sepa que existimos. Amistades imaginarias en alta definición. Soledad acompañada.

La Real Academia Española no elige palabra del año, pero sus incorporaciones dicen mucho. Entre las de este año están loguearse, simpa, turismofobia, milenial, brutal.

El diccionario ya no dicta cómo hablamos; va detrás, tomando nota.

Si uno junta todas estas palabras, el retrato de 2025 es claro: un mundo que cobra aranceles mientras consume basura digital, se indigna por deporte, evade respuestas con números absurdos y confunde cercanía con algoritmos.

Dígame si eso no define bastante bien este año.

Las palabras no mienten. A veces, los que mentimos… somos nosotros.

En Corto: Esthela, confianza de Sheinbaum

En Corto: Esthela, confianza de Sheinbaum

La Consejería Jurídica no es un espacio técnico; es un puesto profundamente político, donde se definen estrategias, se blindan decisiones y se construye gobernabilidad. Colocar ahí a Esthela Damián es apostar por una mujer de absoluta lealtad, probada capacidad y profunda comprensión del Estado.

Raúl García Araujo @araujogar

En política, la confianza no se decreta: se construye con años de trabajo, resultados y lealtad probada.

El reciente nombramiento de Esthela Damián Peralta como Consejera Jurídica de la Presidencia de la República confirma que para la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo los cargos estratégicos no se asignan por coyuntura, sino por trayectoria, oficio y absoluta confianza política.

Esthela Damián no es una funcionaria improvisada ni una recién llegada al círculo presidencial. Es, por el contrario, una de las mujeres que ha acompañado a Sheinbaum desde su etapa como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, donde se consolidó como una operadora institucional de primer nivel.

Desde la Secretaría Particular de la entonces mandataria capitalina, Damián participó en la coordinación fina del gobierno local, en la toma de decisiones estratégicas y en el seguimiento puntual de la agenda política y administrativa de la ciudad más compleja del país.

Su paso por el DIF de la Ciudad de México no fue meramente administrativo: ahí construyó una política pública con enfoque de derechos, fortaleció instituciones y demostró una capacidad singular para traducir los principios progresistas en acciones concretas.

Más recientemente, como subsecretaria de Prevención de las Violencias en la SSPC, encabezó una de las tareas más delicadas del Estado mexicano: atender las causas profundas de la violencia, integrando lo jurídico, lo social y lo comunitario.

Pero hay un elemento que explica mejor que ningún otro su llegada a la Consejería Jurídica: su oficio político.

Dentro de Morena y en el ámbito legislativo, Esthela Damián es reconocida como una de las negociadoras más eficaces, una operadora capaz de construir acuerdos complejos, procesar conflictos y sostener la estabilidad política aun en escenarios de alta presión.

No es casual que, por su perfil, su experiencia y su peso político, durante meses fuera considerada la virtual candidata de Morena al gobierno de Guerrero en 2027.

Sin embargo, el mensaje de la presidenta es claro: Sheinbaum la necesita a su lado. En el corazón del Gobierno Federal. En una posición clave para la consolidación del proyecto de transformación.

La Consejería Jurídica no es un espacio técnico; es un puesto profundamente político, donde se definen estrategias, se blindan decisiones y se construye gobernabilidad.

Colocar ahí a Esthela Damián es apostar por una mujer de absoluta lealtad, probada capacidad y profunda comprensión del Estado.

Más que un relevo administrativo tras la salida de Ernestina Godoy, este nombramiento refleja la arquitectura política del nuevo gobierno: un equipo compacto, experimentado, cohesionado y con liderazgo femenino en las áreas más sensibles del poder.

En esa lógica, Esthela Damián no sólo asume un cargo; se consolida como una de las figuras estratégicas del sexenio de Claudia Sheinbaum.

 

En Cortito: Nos cuentan que en apenas un año de gobierno, Azucena Cisneros Coss ha pasado de ser una apuesta municipal a convertirse en uno de los nuevos liderazgos más sólidos y visibles de Morena en el Estado de México.

Esto cobra especial relevancia en un municipio históricamente golpeado por el abandono institucional, donde Cisneros ha logrado algo políticamente valioso: devolverle a la ciudadanía la sensación de que el gobierno vuelve a estar de su lado.

Esa percepción no es casual. La alcaldesa entendió que gobernar Ecatepec implica atacar primero las carencias más profundas y convertir compromisos de campaña en políticas públicas tangibles.

En ese mismo sentido, se suma una estrategia de seguridad que ha reducido hasta en 50 por ciento los delitos de alto impacto, combinando proximidad social, patrullaje reforzado y el respaldo permanente de la Marina.

Con estos resultados sobre la mesa, más allá del ámbito municipal, su figura comienza a proyectarse como uno de los cuadros emergentes más fuertes de Morena en el Estado de México, y eso que apenas terminamos 2025.