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Pongamos el desorden: La presidenta se va a Europa

Pongamos el desorden: La presidenta se va a Europa

Este 18 de abril participará en la Global Progressive Mobilisation, una cumbre impulsada por Pedro Sánchez, presidente del gobierno español.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

La presidenta Sheinbaum se va a Europa. Concretamente a Barcelona. Y aunque en el papel es una visita internacional, en los hechos se parece más a una reunión de cuates que a una misión diplomática de alto calibre.

Este 18 de abril participará en la Global Progressive Mobilisation, una cumbre impulsada por Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, bajo el lema “Democracia Siempre”. Ahí estarán Lula da Silva, Gustavo Petro, Yamandú Orsi y otros líderes de la misma línea política.

El foro es un espacio ideológicamente cómodo, diseñado para coordinar posturas frente al avance de la derecha y la ultraderecha. Una especie de sala de espejos donde los asistentes no van a confrontarse, sino a confirmarse.

Pero fuera de ese salón, España vive otra realidad.

La polarización es intensa y el propio Sánchez enfrenta cuestionamientos internos. En ese contexto, la cumbre no pasa desapercibida. Para la derecha española, no es un encuentro democrático, sino propaganda.

En este ambiente la presencia de Sheinbaum también ha sido cuestionada. El eurodiputado de Vox, Hermann Tertsch, habló sin rodeos:

“Sheinbaum no viene de visita a España. Acude a una cumbre de los jefes del narcosocialismo, del crimen organizado gobernante”.

Lo dicho por Tertsch es un exceso retórico, sin duda. Pero también es un reflejo del tono político que hoy domina en España: frontal, áspero y sin filtros.

Ahora bien, no todos ven con desconfianza la visita de la presidenta mexicana.

Una parte importante de la prensa española ha presentado el viaje como una oportunidad para recomponer la relación bilateral. Es la primera visita de un presidente mexicano a España en años, tras el enfriamiento provocado por la tensión con la Corona debido a la carta enviada por López Obrador al rey Felipe VI.

En ese sentido, el viaje también puede leerse como un gesto de distensión. Un intento de pasar de la narrativa histórica al pragmatismo político.

Sheinbaum llegará entonces a un doble escenario: aplausos dentro del foro y cuestionamientos fuera de él. Un terreno donde la foto será sencilla, pero el contexto, complejo.

Y ahí aparece un elemento clave: su estilo personal.

La presidenta no suele esquivar la confrontación. En México ha demostrado que responde, fija postura y, cuando se siente cuestionada, endurece el tono. En Barcelona, con prensa internacional y bajo un reflector distinto, esa forma de reaccionar puede jugar a favor… o en contra.

Porque una respuesta incómoda puede volverse viral en segundos. Y en diplomacia, a veces un matiz pesa más que un discurso entero.

Al final, el viaje parece tener un objetivo claro: rodearse de cuates y proyectar una imagen de bloque progresista.

Un último apunte. Ojalá en la agenda también hubiera espacio para reuniones con empresarios españoles. No es un tema menor: España es uno de los principales inversionistas extranjeros en México. En tiempos donde la economía pide certezas, ese tipo de encuentros no sobran.

Veremos si la presidenta regresa con una foto más… o con un episodio que marque un nuevo capítulo en las relaciones internacionales del país.

EN EL TINTERO

Barcelona no será solo escenario de discursos, sino termómetro político. Entre el deshielo diplomático y el ruido ideológico, la visita de Sheinbaum pondrá a prueba algo más que su agenda internacional: su capacidad para moverse en terrenos donde el aplauso y la crítica conviven al mismo tiempo.

El Metro de la CDMX pide auxilio a gritos. Ojalá lo atiendan, porque sus usuarios no pueden usar vías alternas.

Sepa la Bola: Acoso laboral en SRE

Sepa la Bola: Acoso laboral en SRE

El caso contrasta con el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha insistido en el respeto a los derechos laborales dentro del servicio público.

Claudia Bolaños @claudiabola

Y Sepa la Bola… pero el trato desigual, la carga de trabajo excesiva y las amenazas constantes de despido forman parte de las quejas que trabajadores atribuyen a Ana Luisa Leal Félix, coordinadora de Bienes Inmuebles y Administración en el Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Personal adscrito a la Dirección General de Bienes Inmuebles y Recursos Materiales hizo llegar una carta a la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno para solicitar una investigación formal. En el documento acusan la asignación de tareas fuera de sus funciones y un ambiente laboral marcado por presión y amedrentamiento.

Los denunciantes también señalan presuntas condiciones desiguales dentro del área. Aseguran que, mientras la funcionaria tendría flexibilidad de horarios, al resto del personal se le niegan permisos incluso por motivos de salud o familiares, bajo advertencia de descuentos o uso forzado de vacaciones. No es la primera vez que surgen señalamientos en su contra, ya que en 2022 dejó un cargo previo en la misma dependencia en medio de inconformidades similares. El caso contrasta con el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha insistido en el respeto a los derechos laborales dentro del servicio público.

Y Sepa la Bola… pero la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda anunció que mantendrá un ritmo sostenido de inversión pública con recursos estatales en Baja California, que alcanzará los 50 mil millones de pesos durante su administración. Se trata de la cifra más alta registrada por un gobierno estatal en la entidad, incluso por encima de lo ejercido de manera conjunta por las dos administraciones anteriores. Este nivel de inversión coloca a Baja California entre las cinco entidades que más destinan recursos a infraestructura en el país, impulsando proyectos en salud, movilidad y servicios básicos. Resultados que no solo se anuncian: se construyen, señalan en la entidad.

Y Sepa la Bola… pero la vulnerabilidad del Sistema de Transporte Colectivo Metro volvió a quedar en evidencia tras la interrupción del servicio en la Línea 4 por un corto circuito. El Metro informó que fue necesario cortar la energía para realizar una inspección en la zona de vías, lo que derivó en la suspensión parcial del servicio entre Canal del Norte y Santa Anita.

Información técnica apunta a que la causa fue un cable de tracción desoldado que provocó un corto circuito resistivo, afectando los sistemas de protección ubicados en la subestación eléctrica Morelos. Durante los intentos de reenergización se registraron arcos eléctricos y un conato de incendio en la interestación Morelos-Candelaria, lo que obligó a nuevas interrupciones y a la intervención con extintores. La reiteración de fallas evidencia problemas estructurales en el sistema eléctrico que requieren atención de fondo, más allá de medidas correctivas de último momento y  recursos inmediatos a las autoridades, para poder actuar.

Pongamos el desorden: Los nuevos dientes de la UIF

Pongamos el desorden: Los nuevos dientes de la UIF

La Corte, en su afán de fortalecer herramientas contra el crimen, podría haber debilitado un principio esencial: que el poder necesita límites claros, incluso cuando persigue fines legítimos.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

La Suprema Corte de Justicia de la Nación volvió a dar de qué hablar. El pasado lunes, el edificio de Pino Suárez fue testigo de un viraje jurídico que promete sacudir los cimientos del sistema financiero mexicano.

Durante años, el criterio imperante —heredado de la Segunda Sala en 2018— sostenía que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) solo podía congelar cuentas sin orden judicial cuando existía una solicitud expresa de un organismo internacional. Sin ese “sello” extranjero, el bloqueo era considerado una violación al artículo 16 constitucional. Ese era el escudo. Ese escudo acaba de romperse.

La resolución de la Acción de Inconstitucionalidad 58/2022, del 6 de abril de 2026, establece que el bloqueo de cuentas previsto en el artículo 115 de la Ley de Instituciones de Crédito es constitucional por sí mismo, sin necesidad de orden judicial ni petición internacional.

La Corte sostiene que no se trata de una pena ni de un acto de “molestia definitivo”, sino de una medida cautelar administrativa. Bajo esta lógica, la UIF no juzga culpabilidades: congela riesgos. Y como existe un derecho de audiencia posterior, se considera que el debido proceso está a salvo.

Quienes celebran el fallo —principalmente el Ejecutivo y las autoridades de procuración de justicia— lo ven como una herramienta indispensable. Argumentan que en el combate al lavado de dinero la velocidad lo es todo: esperar a un juez puede significar perder millones en minutos. También señalan que México se alinea finalmente con los estándares del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) y que el sistema financiero necesita mecanismos de defensa ante el crimen organizado.

El problema no es el objetivo. Es el camino.

Porque en los hechos, el fallo le otorga a la UIF un poder que se acerca peligrosamente al de una autoridad judicial. Y aunque se le llame “medida cautelar administrativa”, no deja de ser un acto de “molestia” que impacta directamente en derechos fundamentales.

Aquí es donde el ruido comienza.

La presunción de inocencia queda, cuando menos, debilitada: ahora es el afectado quien debe demostrar que sus recursos son lícitos. Además, el llamado “derecho de audiencia” suena bien en papel, pero deja dudas en la práctica: ¿ante quién se defiende uno?, ¿con qué reglas?, ¿en qué plazos?

Y hay algo más que incomoda.

Abrir esta puerta también abre la tentación. No afirmo que vaya a ocurrir, pero el margen está ahí: esta facultad podría usarse contra voces incómodas bajo el argumento de recursos de origen dudoso. Bastaría una frase desde el poder:

“Primero que aclaren de dónde salió el dinero. Por algo actuó la UIF.”

El daño, en ese escenario, sería inmediato. Porque el congelamiento no solo inmoviliza recursos: también congela reputaciones. Y aun si después se demuestra que no había nada ilegal, la marca queda. Como tatuaje.

La Corte, en su afán de fortalecer herramientas contra el crimen, podría haber debilitado un principio esencial: que el poder necesita límites claros, incluso cuando persigue fines legítimos.

Porque cuando los dientes crecen sin control, el problema no es a quién muerden hoy… sino a quién podrían morder mañana.

EN EL TINTERO

Cuesta creer que la presidenta sugiera que, si no alcanza para gasolina Premium, se compre Magna. Más que una recomendación, suena a desconexión.

En Corto: Velasco afianza el relevo generacional

En Corto: Velasco afianza el relevo generacional

Una apuesta por cuadros jóvenes, formados dentro del movimiento, que hoy comparten espacio con figuras como Luisa María Alcalde y Omar García Harfuch, perfiles que entienden el pulso de nuevas generaciones y operan con códigos distintos a los de la vieja clase política.

Raúl García Araujo @araujogar

La diplomacia mexicana vive un momento de definición: el relevo generacional dejó de ser discurso para convertirse en poder.

La llegada de Roberto Velasco a la Secretaría de Relaciones Exteriores no solo confirma un nombramiento, sino la consolidación de una nueva élite política formada al calor del obradorismo.

Detrás de su ascenso hay una historia política clara. Fue Marcelo Ebrard quien lo conoció en Chicago, donde Velasco cursaba su maestría, y quien supo leer en él habilidades poco comunes: disciplina técnica, manejo de medios y capacidad de interlocución en el entorno estadounidense.

No dudó en sumarlo al proyecto que en 2018 encabezaba Andrés Manuel López Obrador bajo las siglas del Movimiento de Regeneración Nacional.

Desde la Dirección General de Comunicación Social de la Cancillería, Velasco no solo construyó narrativa, también construyó confianza.

Esa cercanía con Ebrard se tradujo en responsabilidades mayores cuando el propio López Obrador decidió desaparecer la subsecretaría para América del Norte, concentrando el manejo de la relación bilateral en perfiles de absoluta confianza.

Así, en junio de 2020, Velasco asumió la jefatura de la Unidad para América del Norte, desde donde comenzó a operar los temas más sensibles de la agenda con Estados Unidos y Canadá.

Durante seis años estuvo en el centro de negociaciones clave: seguridad, migración, frontera y aguas compartidas. Ya no como operador en la sombra, sino como uno de los rostros visibles de la diplomacia mexicana.

Su paso a subsecretario en octubre de 2025, nombrado por la presidenta Claudia Sheinbaum, y su encargo como titular interino de la Cancillería entre diciembre de ese año y enero de 2026, terminaron de perfilarlo como el relevo natural.

Pero el ascenso de Velasco no se explica solo por su cercanía con Ebrard. Responde a una lógica política más profunda: la transición generacional que impulsó Andrés Manuel López Obrador en la recta final de su gobierno.

Una apuesta por cuadros jóvenes, formados dentro del movimiento, que hoy comparten espacio con figuras como Luisa María Alcalde y Omar García Harfuch, perfiles que entienden el pulso de nuevas generaciones y operan con códigos distintos a los de la vieja clase política.

La presidenta Claudia Sheinbaum parece decidida a profundizar esa ruta: continuidad sin inmovilismo.

En Velasco encuentra a un funcionario que combina lealtad política, experiencia técnica y conocimiento directo de la relación con Washington, justo en un momento donde la agenda bilateral exige precisión y firmeza.

El verdadero reto, sin embargo, comienza ahora. Porque una cosa es crecer bajo la sombra de un liderazgo consolidado y otra muy distinta es ejercer el poder con autonomía, imprimir estilo propio y sostener resultados en un entorno internacional cada vez más volátil.

Velasco representa el cambio generacional que prometió el obradorismo. Pero en política exterior, los relevos no se miden por la edad ni por el discurso, sino por su capacidad para defender intereses nacionales sin margen de error.

Ahí es donde esta nueva generación se juega no solo su legitimidad, sino su permanencia.

 

En Cortito: Nos cuentan que los números comienzan a jugar a favor del gobernador de Puebla, Alejandro Armenta.

Su aparición dentro del top ten nacional en seguridad, cercanía ciudadana y desempeño general no solo refleja una buena medición, sino una señal política que empieza a trascender el ámbito local.

De acuerdo con la consultora Rubrum, el mandatario poblano se posiciona en el cuarto lugar en Seguridad Pública, quinto en Cercanía con la población y sexto en Desempeño general.

Detrás de esos números hay una estrategia clara. Armenta ha apostado por la coordinación con estados vecinos para contener la delincuencia y por el fortalecimiento tecnológico, como la instalación de torres de videovigilancia.

Son acciones que buscan impactar tanto en la operación como en la percepción, dos variables que hoy pesan por igual en la evaluación ciudadana.

A la par, su administración ha impulsado mecanismos de participación ciudadana y ha insistido en la transparencia como eje de gobierno.

Esta combinación —presencia territorial y narrativa de apertura— explica, en buena medida, su posicionamiento en indicadores de cercanía, un rubro que suele ser determinante en la construcción de capital político.

El posicionamiento de Alejandro Armenta no es casualidad: refleja gestión, estrategia y capacidad de lectura política.

Pongamos el desorden: El sol no se tapa con un dedo

Pongamos el desorden: El sol no se tapa con un dedo

El episodio de la mujer que tomaba el sol en un balcón de Palacio Nacional, captada el 18 de marzo de 2026 durante el plantón magisterial en el Zócalo, es más que una anécdota: es una metáfora.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

El sol no se puede tapar con un dedo, menos con un comunicado. Lo digo porque la comunicación política de la Cuarta Transformación ha pasado de la narrativa épica al laberinto de la contradicción.

Cada vez funciona menos la estrategia de negar, minimizar y victimizarse. Lo que antes era un aparato aceitado para imponer agenda, hoy tropieza con sus propios cables, intentando negar realidades que, literalmente, se asoman por la ventana.

El episodio de la mujer que tomaba el sol en un balcón de Palacio Nacional, captada el 18 de marzo de 2026 durante el plantón magisterial en el Zócalo, es más que una anécdota: es una metáfora. La primera reacción oficial fue la negación automática.

La cuenta de Infodemia lo calificó como falso, sugiriendo un montaje o inteligencia artificial. Días después, la propia presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que reconocer el hecho y confirmar la sanción a la funcionaria involucrada —Florencia Franco Fernández, de la SHCP—. Incluso matizó que no existía un reglamento que lo prohibiera. Y quizá ese fue otro error. Porque el problema no es el balcón. Es el reflejo institucional de negar lo evidente. Si se niega lo trivial que ocurre a plena vista, ¿qué cabe esperar de lo que no vemos?

No se trata solo de balcones soleados. La misma lógica se repite en las aguas del Golfo de México. Mientras imágenes satelitales y más de quince organizaciones ambientalistas —Greenpeace, CEMDA, CartoCrítica, entre otras— documentaron un derrame de hidrocarburos que contaminó kilómetros de costa, el discurso oficial optó por minimizar, retrasar o diluir el problema en explicaciones técnicas.

Negar o enredar un desastre ambiental no es un error de comunicación. Es una falla de responsabilidad pública.

Esta resistencia a la realidad ha escalado incluso al plano internacional. Ahí está el reciente informe del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, que advierte indicios de crímenes de lesa humanidad en México. La respuesta presidencial, este 6 de abril, siguió el mismo patrón: descalificar al mensajero para evitar el mensaje. Reducir una tragedia humanitaria a una diferencia de criterios es un atajo retórico que evade el fondo: las deudas en seguridad y búsqueda siguen abiertas.

El problema de fondo no es solo la dificultad para reconocer la verdad. Es la disposición a incomodar —o castigar— a quien la busca. La libertad de expresión enfrenta una doble pinza: por un lado, el uso administrativo del SAT y la cancelación del estatus de donatarias a organizaciones críticas; por el otro, la costumbre de señalar a periodistas desde la tribuna oficial, no para ejercer réplica, sino para exhibirlos ante audiencias que no siempre distinguen entre crítica y consigna.

No se encarcela por opinar, es cierto. Pero se puede asfixiar o erosionar la credibilidad, y para el periodismo eso también pesa.

La 4T parece olvidar que comunicar no es lo mismo que persuadir. Gobernar implica rendir cuentas, incluso cuando incomodan, incluso cuando exhiben errores, incluso cuando una funcionaria decide tomar el sol donde no debe.

Porque al final, no se trata de balcones ni de comunicados. Se trata de un gobierno que, frente a la evidencia, prefiere administrar la narrativa antes que asumir la realidad. Y cuando la verdad se vuelve incómoda para el poder, deja de ser principio… y empieza a convertirse en estorbo.

Pongamos el desorden: Economía mexicana, ¿tibia o estancada?

Pongamos el desorden: Economía mexicana, ¿tibia o estancada?

El consumo aguanta, pero ya no empuja como antes. Y la inversión, que es la que realmente mueve la economía, simplemente no despega.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

En foros y conferencias el gobierno presume baja en el desempleo y que el peso anda fuerte. El famoso “súper peso”.

Pero en la vida diaria, eso no alcanza.

La economía creció apenas 0.8% en 2025. Para 2026 no se espera mucho más: entre 1.3% y 1.8%. Dicho en palabras sencillas: no estamos creciendo, apenas nos estamos moviendo.

Algunos analistas dicen que la economía está tibia. Pero siendo claros, esto ya se parece más a estancamiento.

El dato que más pesa, el famoso PIB per cápita, está en niveles de 2017. Como si hubiéramos pasado varios años en pausa. O peor, en retroceso.

La industria cayó. Los servicios avanzan poco. El consumo aguanta, pero ya no empuja como antes. Y la inversión, que es la que realmente mueve la economía, simplemente no despega. Se promete mucho. Se ve poco.

Por otro lado el gobierno sigue gastando más de lo que tiene. Sí, bajó el déficit, pero seguimos lejos de un equilibrio sano. Traducido: se aprieta por un lado, pero la economía no reacciona.

Aquí está el fondo del asunto: en los números todo parece “estable”, pero en la calle no se siente así.

El dinero alcanza menos. Emprender sigue siendo complicado. Y los apoyos ayudan, pero no sustituyen empleos bien pagados ni crecimiento real.

Pongamos el desorden: ¿esto es estabilidad… o es conformarse con no caer? Porque una cosa es no estar en crisis, y otra muy distinta es avanzar.

La propia presidenta lo dijo: hace falta crecer. Y tiene razón. El problema es que se habla más de lo que resistimos que de por qué no avanzamos.

Las exportaciones sostienen al país. Pero hacia adentro, la economía sigue sin fuerza.

Para este año se anuncian apoyos y créditos. Ojalá funcionen. Por ahora, estamos en medio: ni mal del todo, ni bien de verdad.

Y eso, en economía, no dura mucho.

Porque lo tibio, tarde o temprano, se enfría.

El verdadero desorden no está en los datos, está en la diferencia entre lo que se dice arriba y lo que se vive abajo. Porque cuando una economía no crece, el problema no desaparece… solo se va acumulando.

EN EL TINTERO

Por dignidad, Jenaro Villamil debería dejar la vida pública y quizá alquilar una habitación en Palenque.