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Pongamos el desorden: CFE: cortes y reconexiones

Pongamos el desorden: CFE: cortes y reconexiones

Los cortes no solo provocan incomodidad: también dejan severas pérdidas económicas.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

La semana pasada, varios pueblos del municipio de Coatepec Harinas, en el sur del Estado de México, incluida la cabecera municipal, se quedaron a media luz por los constantes cortes de energía. En Cochisquila, por ejemplo, estuvieron sin electricidad desde la madrugada del domingo 7 de septiembre hasta la tarde del lunes 8, cuando el servicio se reanudó cerca de las 15:00 horas.

La Comisión Federal de Electricidad, encabezada por Emilia Esther Calleja Alor, podrá decir que los cortes se deben a condiciones climatológicas adversas, pero lo cierto es que los problemas en el suministro eléctrico tienen años y no se les ha dado una solución definitiva. El año antepasado, un apagón en parte del municipio se prolongó desde el Jueves Santo hasta el lunes de Pascua, según testimonios recabados.

Los cortes no solo provocan incomodidad: también dejan severas pérdidas económicas.

El dueño de una tienda me comentó:

“Cada día sin luz me cuesta entre 500 y 800 pesos, por la gasolina que tengo que comprar para mi generador… y eso nadie me lo paga. Ahora, los de la luz son muy especiales: el otro día se me pasó pagar, y al día siguiente ya estaban aquí para cortarla. Les dije que iba a la oficina, que ya iba en camino… y aun así me cobraron reconexión por unas horas”.

Otros que pierden en grande son los carniceros de la cabecera municipal, obligados a usar generadores de mayor tamaño para conservar su producto.

Pero los apagones no solo afectan al comercio. También golpean la educación: una parte importante de la oferta para jóvenes es a través de telesecundaria y telebachillerato, y sin electricidad no hay manera de recibir los contenidos completos.

La comunicación también se ve afectada: si la gente no puede cargar sus dispositivos, queda incomunicada, aunque las redes sigan funcionando.

Distinguida directora, ¿no sería momento de pensar en pequeñas estrategias de autogeneración de energía para municipios como Coatepec Harinas? Ustedes podrían rentar paneles solares y baterías de acuerdo con las necesidades de cada usuario. Sería un inicio de solución a un problema que arrastra años.

El párrafo anterior es una idea loca que sale del desorden de mi cabeza. Usted es la experta en el tema y sabrá cómo poner solución para que el pueblo deje de vivir a media luz. Porque si la CFE no garantiza la electricidad, los pueblos tendrán que aprender a encender su propio futuro.

EN EL TINTERO

El huachicol salpicó a la Secretaría de Marina. Por el bien de la institución, espero que se llegue hasta las últimas consecuencias.

Sepa La Bola: Sobornos de ayer y de siempre en Pemex

Sepa La Bola: Sobornos de ayer y de siempre en Pemex

Lo que permanece es la estructura que permite que, cada sexenio, Pemex sea escenario del mismo guion: corrupción detectada tarde, contratos cancelados después, responsables que rara vez pagan.

Claudia Bolaños @claudiabola

Relojes de lujo, bolsos de diseñador y maletines con efectivo. Así describió el Departamento de Justicia de Estados Unidos la red de sobornos que operó entre 2019 y 2021 en Petróleos Mexicanos. Los contratos, que superaron los 700 millones de pesos, se cancelaron apenas este año, cuando la investigación extranjera alcanzó a exfuncionarios de Pemex y expuso la colusión con proveedores. El gobierno reaccionó con rapidez… pero solo después de que el escándalo traspasó fronteras.

No es un episodio aislado. Detrás de los nombres de empresarios y auditores sobornados late un patrón que ha acompañado a Pemex por décadas: el de las alianzas turbias y la impunidad. Basta mirar unos años atrás. El fraude vinculado a Akron exhibió la complicidad de servidores públicos, que utilizaron su posición para favorecer a particulares. Otra vez, la línea entre lo privado y lo institucional se borró en perjuicio del país.

Si retrocedemos más, nos topamos con Mexicana de Lubricantes: aquella asociación público-privada que devoró cerca de 40 mil millones de pesos. En su momento, se habló de fraude, de evasión y de negligencia deliberada. Sin embargo, Pemex decidió mantener la relación con Mexlub, consolidando lo que analistas llamaron “el crimen perfecto”: una empresa híbrida, sin rendición de cuentas, blindada contra la transparencia.

El hilo conductor es claro. Los nombres cambian, los montos varían y los lujos con que se untan manos pasan de relojes suizos a contratos millonarios. Lo que permanece es la estructura que permite que, cada sexenio, Pemex sea escenario del mismo guion: corrupción detectada tarde, contratos cancelados después, responsables que rara vez pagan.

De los bolsos Louis Vuitton de ayer a los convenios opacos de hace veinte años, Pemex exhibe la misma enfermedad crónica: la captura institucional que normaliza el saqueo. Y la pregunta de fondo sigue intacta: ¿hasta cuándo se atacará la raíz y no solo la rama podrida que asoma en los titulares?

Y Sepa La Bola… pero La publicidad ilegal prolifera en CDMX, ahora en la Alcaldía Miguel Hidalgo. Pantallas luminosas de Proxymo en Plaza Miyana, Av. Ejército Nacional Mexicano 769, operan sin autorización, generando quejas vecinales.

Estas pantallas violan normas urbanas, provocan riesgos de tránsito, contaminación lumínica y peligros de protección civil para peatones y vecinos. La denuncia pública exige atención urgente.

Y Sepa la Bola… pero Sandra Cuevas continúa acaparando titulares con noticias negativas. Su reciente rodada dominical resultó trágica con la muerte de Emanuel, un joven de 21 años, arrollado por un adolescente imprudente que formaba parte del grupo que la acompañaba.

Las autoridades investigan a fondo el caso, considerando la posible responsabilidad penal de Cuevas. Expertos en justicia penal la señalan como corresponsable solidaria, argumentando que, aunque ella lo niegue, el joven pertenecía a su grupo.

La convocatoria a una rodada sin medidas de seguridad adecuadas, en vías no aptas para tal fin, expuso a los participantes a riesgos innecesarios. Cuevas enfrenta un laberinto creado por su propia imprudencia, con la pérdida de una vida como consecuencia. Ahora debe asumir su responsabilidad y apoyar a la familia de Emanuel, demostrando la integridad que tanto pregona.

Pongamos el desorden: El culto a los superhéroes políticos

Pongamos el desorden: El culto a los superhéroes políticos

La confianza en el Congreso y en los partidos se desploma. Muchas veces esa caída se alienta desde Palacio Nacional.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

No sé si sea solo un efecto del desorden que traigo en la cabeza, pero cada vez tengo más la impresión de que nuestros líderes políticos y funcionarios quieren convertirse en superhéroes.

Ya no se conforman con ser simples gestores. Quieren ser el mesías que salva a la patria, el que lucha contra los villanos —“conservadores”, “neoliberales”, “fifís” o “machuchones”, da igual— o el estratega que presume logros en seguridad con tácticas a veces cuestionables. (Cualquier parecido con México, Estados Unidos o El Salvador es mera coincidencia). En este ambiente, la lealtad se vuelve un acto de fe, no de razón.

La politóloga Rossana Reguillo lo explicó en 2020. El populismo, dijo, construye “comunidades emocionales”: vínculos tejidos con miedo, esperanza y odio. El resultado es un lazo emocional con el líder, más que un compromiso político con el proyecto.

Esa lógica ayuda a entender por qué líderes como López Obrador, Claudia Sheinbaum, Donald Trump o Nayib Bukele mantienen altos niveles de aceptación. En México, las encuestas lo confirman: AMLO cerró con números espectaculares y su sucesora conserva prácticamente la misma popularidad.

En contraste, la confianza en el Congreso y en los partidos se desploma. Muchas veces esa caída se alienta desde Palacio Nacional. Las cifras muestran una paradoja: mientras la figura del líder se eleva a alturas casi míticas, las instituciones que deberían equilibrarlo se erosionan… o son erosionadas.

El riesgo de este culto no es solo que desaparezca la rendición de cuentas. También nos rebaja a meros espectadores, a fans que aplauden desde la grada mientras el superhéroe intenta resolverlo todo (o dice que lo intenta). Pero un ciudadano de verdad no aplaude ciegamente: cuestiona. No idolatra: exige.

En un país sano, la política debería ser crítica ciudadana. No una misa donde los feligreses esperan la homilía de su héroe. Porque, al final, el mayor desorden no está en las calles, sino en lo que permitimos que se acomode en nuestra mente.

EN EL TINTERO

Los que sí pusieron el desorden fueron los diputados del bloque oficialista en San Lázaro, al retrasar la conformación de la mesa directiva. Todo para evitar que en la foto de la primera sesión de la nueva Suprema Corte apareciera un opositor y, así, mandar el mensaje simbólico de que tienen todo el poder.

En Corto I SCJN ante nuevos desafíos

En Corto I SCJN ante nuevos desafíos

Resulta que el mismísimo ministro presidente de la Suprema Corte fue relegado en ese acto por sus pares; sí, el mismo a quien tanto se ha presumido por su origen indígena y su lucha social.

Raúl García Araujo @araujogar

Noche histórica de un día memorable lo que ocurrió este lunes en la Suprema Corte de Justicia de la Nación con la asunción de sus nueve integrantes y el inicio de una nueva época para el máximo tribunal constitucional del país.

Asumió la presidencia un ministro de extracción indígena, lo que no ocurría desde la época del Benemérito Benito Juárez. Llegan nueve ministros, ya no once como en el pasado; la mayoría, mujeres, a diferencia de antes.

El discurso del ministro presidente, Hugo Aguilar Ortiz, también quedará para la posteridad: hará imperar la austeridad y refundará la Corte; reducirá los salarios de las y los ministros; desaparecerá los gastos médicos mayores y los mandará al ISSSTE, además de “revisar” las pensiones de las y los ministros en retiro.

Pero no faltaron los negritos en el arroz; uno de ellos, con toda seguridad “sembrado”, intentó “deshacerse” de la presidenta Claudia Sheinbaum del Salón de Plenos antes de corresponderle.

Se trata del secretario general de Acuerdos, Rafael Coello Cetina, nada menos que sobrino del controvertido exfiscal Javier Coello Trejo, quien dejó mala huella entre los líderes de izquierda del país.

En algún momento de la ceremonia de asunción de las y los nueve ministros, Rafael Coello, un experimentado funcionario de la Corte con más de 20 años en el cargo y allegado a las y los ministros más conservadores, decidió equivocarse y prácticamente invitar a salir a la presidenta Claudia Sheinbaum.

Tuvo que salir al paso el ministro presidente, Hugo Aguilar, para señalar que faltaba la entonación del Himno Nacional, lo que procedió de inmediato y enmendó la plana al “olvidadizo” y experimentado funcionario de la Corte.

Pero lo que siguió no fue menor, y esto correspondió a los totalmente 4T. Resulta que el mismísimo ministro presidente de la Suprema Corte fue relegado en ese acto por sus pares; sí, el mismo a quien tanto se ha presumido por su origen indígena y su lucha social, fue mayoriteado por las ministras y relegado, sacrificando incluso el protocolo y cualquier norma de urbanidad, incluido el Manual de Carreño.

El protocolo establece que el presidente de la Corte, en su calidad de titular de uno de los tres poderes de la Unión y de anfitrión, debe estar al lado de la o el titular del Ejecutivo, en este caso, de la presidenta Claudia Sheinbaum.

En su afán por estar al lado de la presidenta, las ministras Lenia Batres y Yasmín Esquivel desplazaron una y otra vez a un inexperto y temeroso Hugo Aguilar, quien por momentos tuvo que apresurarse para intentar ocupar el lugar que, por importancia y protocolo, le pertenece.

Lo que de suyo es grave pudiera parecer un tema puramente anecdótico, un agandalle de las ministras. Pero no lo es, porque puede marcar la tónica que regirá en los trabajos del órgano jurisdiccional supremo.

Y más grave aún puede ser porque la misma presidenta Claudia Sheinbaum no le dio su lugar a Hugo Aguilar. Bastaba un “dejemos que llegue el ministro presidente” para que el par de ministras gandallas abriera el espacio e incorporara a su presidente en el lugar que le correspondía. Pero este llamado nunca llegó.

Ojalá en los hechos y en la relación entre poderes impere la civilidad y se le dé el lugar que le corresponde a quien fuera muy respetado y reconocido por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, a quien no le ha de haber hecho nada de gracia el trato que recibió el nuevo presidente de la Suprema Corte, justamente en su casa y en su acto protocolario.

 

En Cortito: Nos cuentan que mientras la presidenta Claudia Sheinbaum encabezaba en Palacio Nacional el Consejo Nacional de Seguridad, en Morelos, el alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, hacía lo propio al presidir el Consejo Municipal, con la convicción de que la seguridad no puede esperar.

La coincidencia no es casualidad, sino un reflejo de la coordinación que comienza a tejerse entre los tres niveles de gobierno para devolverle la paz al país.

En la capital morelense, el edil anunció medidas de gran alcance para garantizar entornos más tranquilos a las familias. Entre las acciones destaca la instalación de arcos de revisión y lectura de placas y códigos del Registro Público Vehicular (REPUVE) en los accesos estratégicos de la ciudad. Esta medida permitirá detectar de manera inmediata vehículos robados o vinculados a ilícitos, cerrando el paso a la impunidad en las calles de Cuernavaca.

A la par, Urióstegui detalló que, en coordinación con Guillermo García Delgado, titular de la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano (SEPRAC), se acordó la colocación de más de 200 nuevas cámaras de videovigilancia en puntos clave de la ciudad. Estas se sumarán a las ya instaladas desde su primera administración, consolidando un sistema de monitoreo que moderniza y fortalece la capacidad de reacción policial.

La estrategia del alcalde Urióstegui Salgado, acompañada del respaldo técnico y político de figuras como Omar García Harfuch, apunta a que la capital de Morelos sea reconocida como ejemplo de coordinación y resultados, convirtiéndose en uno de los municipios más seguros de la región centro del país.

 

Pongamos el desorden: La “fatiga cívica”

Pongamos el desorden: La “fatiga cívica”

Nosotros, los de a pie, cada vez más cansados. Ya no nos indignamos, ya ni nos sorprendemos. Inventamos, sin darnos cuenta, un mecanismo de defensa: la fatiga cívica.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Vaya meses los que hemos cargado en la política mexicana: de un escándalo saltamos al siguiente. Si no son los viajes de lujo de los miembros de la 4T, que ya olvidaron aquello de la austeridad republicana, son las casas con precios de otro planeta o los golpes en el Senado.

Y como si faltara circo, este 1 de septiembre vimos a una representación de “pueblos originarios” entregando “bastones de mando” a quienes por la noche juraron como ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En este espectáculo de tres pistas nunca faltan los payasos, los trapecistas se caen solos y los domadores terminan devorándose entre ellos. Aquí los reflectores no se apagan y la polarización es el acto estelar. ¿Y el público? Nosotros, los de a pie, cada vez más cansados. Ya no nos indignamos, ya ni nos sorprendemos. Inventamos, sin darnos cuenta, un mecanismo de defensa: la fatiga cívica.

No es apatía, es puro agotamiento. Según análisis hechos con base en la Encuesta de Calidad e Impacto Gubernamental (2023), realizada por el INEGI, 68% de los mexicanos ya no confían en las instituciones políticas. Ese número no solo habla de desconfianza: es como si hubiéramos firmado el acta de defunción de la esperanza. Y si me apura, el otro 32% quizá todavía no se entera.

El bombardeo de noticias es interminable. Hoy un político acusado de corrupción, mañana una ley polémica, pasado la bronca digital por un tuit. Nuestro cerebro ya entendió que lo más sano es desconectarse. Llegamos al punto en que un nuevo escándalo no genera marchas ni pancartas: apenas un bostezo colectivo.

El filósofo español Daniel Innerarity llama a esto “la política de la perplejidad”: ese sentimiento de estar abrumados por tanta información. En México, la perplejidad ya se convirtió en fatiga. Y lo peor: normalizamos el desorden.

El resultado es un círculo vicioso. La clase política sabe que estamos agotados, y por eso no se molesta en cambiar. Aprendieron que un escándalo dura lo que dura el trending topic: 24 horas. Y nosotros, con la batería descargada, se lo dejamos pasar.

El mayor triunfo de la clase política en México no es su inteligencia, sino nuestro cansancio. Ellos solo esperan, y saben que al final claudicamos.

El verdadero desorden no está en sus jugadas. Está en nosotros, resignados a ver el circo arder desde la grada. Y todavía aplaudimos.

EN EL TINTERO

El 1 de septiembre estrenamos ministros en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la corte de la polémica, la corte del acordeón. Ojalá les quede claro que su chamba es aplicar la ley para todos, incluso para los opositores. Porque ellos también son pueblo.

Y la presidenta, Claudia Sheinbaum, presentó su primer informe de gobierno. Como en todos los informes, de cualquier color, aparecieron cifras muy alegres… que no siempre coinciden con lo que se vive en la calle.

Pongamos el desorden: El culto a los superhéroes políticos

Sepa La Bola: Política bronca, confrontación e imposición

Lo ocurrido no solo exhibe la tensión entre dos personajes con estilos personalistas y pendencieros, sino también la falta de una cultura parlamentaria que premie la deliberación sobre la provocación.

Claudia Bolaños @claudiabola

El enfrentamiento entre Gerardo Fernández Noroña y Alejandro Moreno Cárdenas no surgió de la nada. Llevaban semanas cruzando acusaciones y descalificaciones en tribuna y en redes sociales, como si se tratara de una crónica anunciada. El Senado solo fue el escenario en el que el intercambio verbal escaló a la agresión física.

En este choque hay dos estilos que conviene observar. Por un lado, Fernández Noroña, conocido por su tono desafiante y su capacidad para provocar, suele capitalizar el conflicto como plataforma política. Sin embargo, en esta ocasión, al verse rebasado por la fuerza y el ímpetu de su contrincante, optó por trasladar la disputa al terreno legal y presentar denuncias. Es un giro llamativo: el agitador de siempre, ahora convertido en denunciante institucional.

Del otro lado está Alejandro “Alito” Moreno, dirigente del PRI, un político con más años de experiencia en la operación partidista que en la construcción de consensos. Su reacción fue más impulsiva y agresiva, golpeando no solo a su rival directo sino también a un camarógrafo que intentó interceder. Este desbordamiento habla de un político atrapado entre la necesidad de mostrarse fuerte ante su militancia y la incapacidad de contenerse en un contexto de presión pública.

Hay quien diría que el más débil ahora es el hábil en la confrontación: Noroña. Él supo cambiar de táctica: pasó del escenario del zafarrancho al de la denuncia formal, victimizándose, pero al parecer los empujones no le darán para desaforar a su contrincante.   En contraste, Moreno se quedó en el papel de agresor, lo cual erosiona la imagen de un dirigente que pretende proyectar control y liderazgo.

El episodio, sin embargo, no es excepcional ni exclusivo de México. Parlamentos en Europa, Asia y América Latina han sido escenario de golpes, empujones y hasta sillazos. La política bronca es un espectáculo que se repite allí donde la confrontación sustituye al debate. La diferencia está en las consecuencias: en algunos países los legisladores terminan sancionados, mientras que en México estas escenas se han normalizado y rara vez hay castigos efectivos.

Lo ocurrido no solo exhibe la tensión entre dos personajes con estilos personalistas y pendencieros, sino también la falta de una cultura parlamentaria que premie la deliberación sobre la provocación. Mientras la violencia siga siendo tolerada o incluso celebrada como muestra de “fuerza”, veremos más episodios de este tipo, donde lo que se pierde no son solo las formas políticas, sino la confianza de la ciudadanía en sus representantes.

Ahora bien, la política bronca no es el único síntoma de un deterioro más profundo. También está en juego la forma en que se conciben las instituciones y las reformas de gran calado, como la electoral.

Y Sepa La Bola  pero cuando se habla de autonomía en el contexto de la reforma electoral, conviene detenernos a observar de qué estamos hablando. La comisión encargada de impulsarla está integrada únicamente por servidores públicos: la Secretaría de Gobernación, la Consejería Jurídica, el director de la Agencia Digital y otras instancias similares. Es presidida y coordinada por Pablo Gómez, quien convoca con toda formalidad, pero no deja de ser una comisión creada desde el gobierno y para el gobierno.

Aquí aparece la primera contradicción: ¿cómo hablar de autonomía en una comisión presidencial que responde a una mayoría absoluta en las dos cámaras y a una presidenta que ya ha manifestado su respaldo abierto al proyecto? Sí, se reconocen cambios legales necesarios para fortalecer la democracia, pero no se incorporan las voces de la oposición ni se integran las minorías.

Vale la pena enfatizar lo que dicen los especialistas.que, tras el fraude electoral de 1988, con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas encabezando el Frente Democrático Nacional, todas las reformas electorales posteriores  nacieron de problemas reales surgidos en los procesos electorales, y  producto de pactos políticos y se construyeron con consensos amplios.

Hoy sucede lo contrario. La propuesta nace desde el gobierno, no desde la oposición, y carece del consenso que históricamente dio legitimidad a las reformas electorales en México. Esa es, quizá, la mayor debilidad de este nuevo intento: se habla de democracia, pero se olvida que ésta se construye con acuerdos, no con imposiciones.

Así, mientras en el Congreso la política se degrada en pleitos físicos y denuncias mediáticas, en el terreno institucional se diseñan reformas de manera unilateral. Ambos fenómenos tienen un costo común: erosionan la confianza ciudadana. Y sin confianza, la política —bronca o institucional— pierde su verdadero sentido.