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Seamos claros: la 4T sí tiene resultados que explican buena parte de su respaldo electoral. Los programas sociales se fortalecieron

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Este domingo se realizó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Los resultados del preconteo indican que Abelardo de la Espriella será, a partir de agosto, presidente de Colombia. La diferencia fue de apenas un punto porcentual, aunque puede aumentar o disminuir conforme avancen los conteos oficiales.

Los resultados de Colombia se suman a los reveses electorales que ha sufrido la izquierda en los últimos años. Argentina, Ecuador, Bolivia y Chile son algunos de los países latinoamericanos que movieron su péndulo político hacia la derecha.

¿La población de esos países decidió dejar de apoyar a la izquierda?

No podría decir de manera tajante que sí. Más bien creo que los resultados no estuvieron a la altura de las expectativas que se generaron entre la ciudadanía. Cuando las promesas sociales chocan con la realidad de la inseguridad, la inflación y el estancamiento económico, la gente vota con el bolsillo y con la percepción de orden.

Pero aterricemos en México y en lo sucedido con las izquierdas latinoamericanas.

Seamos claros: la 4T sí tiene resultados que explican buena parte de su respaldo electoral. Los programas sociales se fortalecieron (aunque, como bien sabemos, no son una idea original suya; existen desde los tiempos de Carlos Salinas y otros gobiernos), la pobreza se redujo en varios indicadores y el salario mínimo aumentó de manera importante. Eso nadie lo puede negar. Sin embargo, todavía quedan muchos pendientes que no se resuelven con narrativa ni con divisiones.

Prometieron acabar con la corrupción y no han terminado, ni se ve para cuándo. Los casos de corrupción se han hecho más evidentes y, peor aún, a veces parecen combatirse de manera selectiva. Entregar a peones no borra los pendientes grandes.

Prometieron un sistema de salud a la altura de los mejores del mundo y simplemente no han podido cumplirlo. La transición del Seguro Popular al INSABI y después al IMSS-Bienestar generó problemas en el abasto de medicamentos y en la atención médica.

Nos prometieron un país más seguro y todavía estamos lejos de verlo. Aunque, según las estadísticas oficiales, existen avances importantes en el combate a delitos de alto impacto, esas cifras deben reflejarse en la vida cotidiana de la población. En el Estado de México, por ejemplo, la gente sigue viendo retenes de hombres armados en las carreteras y padeciendo extorsiones. Los números importan, pero la percepción y la realidad diaria pesan más.

Falta mucho por hacer y los pendientes no se resolverán en un juego de buenos contra malos. Tendrán solución en la medida en que exista trabajo serio, resultados medibles, instituciones fuertes y una mayor unión promovida desde el gobierno. El gobierno debe fomentar la unión y no la separación.

Si la 4T no lo entiende, podría terminar recorriendo el mismo camino que varios de sus aliados ideológicos en América Latina: pasar del gobierno a la oposición.

EN EL TINTERO

Vaya telenovela que nos está regalando el Estado de México con el caso de la presidenta municipal de Tenancingo. Por ahí leí que todo se trata de una cortina de humo para que digamos que el gobierno combate la corrupción, aunque se trate de personas de su propio partido. Entregando a la “chiquillada” quieren que nos olvidemos de los pendientes mayores en materia de corrupción.

La rendición de cuentas debe ser para todos, sin excepciones. Eso fortalecería la credibilidad, no la debilitaría.