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Pulverizar la estructura del Cártel Jalisco Nueva Generación y declarar su extinción sería el homenaje perfecto para los militares que perdieron la vida en los hechos del domingo.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Este 22 de febrero se registró un hecho que sin lugar a duda marcará el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. En un operativo en el municipio de Tapalpa, en el estado de Jalisco, el Ejército localizó y abatió a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación; sin exagerar, uno de los delincuentes más buscados del mundo.

Sería mezquino de mi parte criticar la actuación y la valentía de las fuerzas armadas este domingo, como mezquina se me hace la reacción de algunos aplaudidores de la 4T que en redes sociales publicaron frases como: “Cayó El Mencho, la 4T sigue dando resultados”, o “tenemos a la presidenta más valiente y más honesta”.

Creo que deberían imitar el manejo de la propia presidenta durante la mañanera de este lunes: reconocer a quien debía reconocerse, darles el protagonismo que merecen y transparentar los detalles del operativo.

¿Hubiera sido mejor capturarlo con vida? Sí. ¿Se llevó a la tumba los nombres de sus protectores? También. ¿Fue por presión de Estados Unidos? Quizá. ¿Prefirieron ir tras El Mencho antes de entregar a uno de los suyos? Tal vez. Son muchos los asegunes que podemos poner a lo acontecido este domingo, pero la realidad está ahí: El Mencho, un criminal equiparable con Pablo Escobar, está muerto.

Pero el abatimiento de El Mencho y la posterior reacción de su círculo más cercano nos permiten dimensionar el tamaño del cáncer que aún queda por combatir. Este cáncer, en efecto, no inició ayer. Ponga usted la fecha que quiera. Pero lo que no se puede negar es que la criminal política de “abrazos, no balazos”, implementada durante el sexenio anterior, permitió la expansión territorial, financiera y operativa de organizaciones criminales como el Cártel Jalisco Nueva Generación.

En este punto retomo una frase que usa comúnmente el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch: “El trabajo no está terminado”. Sí, el gobierno asestó un golpe contundente, pero no mortal. Si realmente quieren que la muerte de El Mencho tenga un efecto permanente deberán perseguir y pulverizar sus redes, capturar a sus cómplices, prestanombres y PROTECTORES —tengan el perfil que tengan—.

Pulverizar la estructura del Cártel Jalisco Nueva Generación y declarar su extinción sería el homenaje perfecto para los militares que perdieron la vida en los hechos del domingo. No hacerlo equivaldría a una traición.

Mataron al rey. Hay que evitar que surja otro.

EN EL TINTERO

Como diría el clásico: ¿pero qué necesidad? No entiendo la necedad de impulsar una reforma electoral con tantas banderas rojas. El sistema electoral mexicano, como todo en la vida, es perfectible; pero cuando ni a tus propios aliados logras convencer de sus bondades, lo más sensato sería guardarla en un cajón para un mejor momento.

Reformar las reglas del juego electoral en medio del partido nunca ha sido buena idea para ninguna democracia.