Logo blanco Dominio Público

La Cámara de Diputados no sale cara por lo que cuesta, sino por lo poco que entrega.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Las leyes en México salen carísimas. Y no, no es una exageración: es de esas cifras que, cuando uno las ve con calma, dan más coraje que risa.

Dicen que la democracia no tiene precio. Está bien. Pero eso no significa que tengamos que aceptar cualquier cuenta sin chistar. A ver, pongamos la lupa en la Cámara de Diputados en 2025.

El dato duro, completo: la Cámara de Diputados tuvo un presupuesto de 8 mil 941 millones 100 mil pesos.

El resultado: 75 dictámenes aprobados.

Así, sin mucho enredo, cada dictamen aprobado nos salió en 119.2 millones de pesos. Sí, 119 millones por ley. O por lo que haya pasado por ley.

Y claro, siempre aparece el argumento: “legislar es complejo”. Nadie lo niega. Lo que ya no cuadra tanto es pagar como si cada dictamen fuera una pieza de ingeniería fina… cuando muchas veces apenas pasa de trámite.

Ahí va otro dato, también completo: cada uno de los 500 diputados tuvo una percepción neta anual de 1 millón 193 mil 485 pesos.

En total, estamos hablando de 596 millones 742 mil 500 pesos solo en sueldos.

Bajado a tierra: el puro salario de los diputados le carga cerca de 8 millones de pesos a cada dictamen.

Y falta desglosar todo lo demás: asesores, oficinas, viajes, comidas, estructura, operación… todo un aparato que se mueve mucho, pero no siempre en la dirección correcta.

Porque ese es el punto incómodo: no es solo cuánto cuesta, sino qué estamos recibiendo.

De esos 75 dictámenes, varios fueron ajustes menores, otros venían prácticamente resueltos desde antes, y en más de uno el debate fue mero trámite. Se cumple el guion, se levanta la mano y se sigue.

¿De verdad eso vale 119 millones?

Mientras tanto, afuera, el país sigue atorado en lo importante: inseguridad, calor que ya no da tregua, una economía que no termina de despegar. Problemas que no se resuelven con dictámenes de relleno.

Y sí, en algo hay razón: hay que recortar privilegios. Pero tampoco nos hagamos bolas, eso no alcanza

El problema viene desde antes. Desde quién llega, cómo llega y para qué llega. Sin filtros reales, sin independencia y con incentivos para obedecer, el resultado es el mismo de siempre: diputados caros y resultados baratos.

Al final, la Cámara de Diputados no sale cara por lo que cuesta, sino por lo poco que entrega.

Pero bueno, la factura ya está aquí.

Y, como siempre, la seguimos pagando nosotros. ¿Cuánto más?

EN EL TINTERO

Las cifras corresponden al costo promedio por dictamen aprobado en 2025 en la Cámara de Diputados, calculado con base en su presupuesto anual.

Al cierre de esta columna, la Cámara de Senadores aprobó un descafeinado Plan B. La revocación de mandato se queda en el 2028.