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Ojalá la Fiscalía General de la República realice una investigación a fondo y, si la causa del descarrilamiento fue el material rodante, éste sea retirado y los responsables de las compras sancionados.

Miguel Camacho  @mcamachoocampo

Hubiera querido empezar 2026 con una colaboración alegre y optimista, pero hay tragedias que no permiten buenos deseos ni silencios cómodos.

El pasado 28 de diciembre un convoy del llamado Tren Interoceánico se descarriló en el estado de Oaxaca. Al momento de escribir esta colaboración, el saldo era de 14 personas muertas y casi 100 heridas, algunas de ellas en estado grave.

Más que hablar del accidente, quisiera comentar con ustedes lo que vino después.

El gobierno hizo lo que tenía que hacer: atender la emergencia y apoyar a las víctimas. Sin adjetivos. Es su trabajo.

De manera paralela se desató una cascada de críticas desde la oposición y diversos grupos sociales. Salió a la luz que el material rodante del megaproyecto es reciclado; incluso se dijo que los rieles y durmientes no eran nuevos. Testimonios de pasajeros, recogidos por algunos medios, señalan que el convoy tomó una curva a exceso de velocidad.

¿Y qué hizo la 4T? Sacó el manual que ya tiene bien probado para enfrentar crisis: victimizarse, minimizar los hechos, lanzar cortinas de humo y apostar al olvido.

Comenzaron a circular comparaciones con otros accidentes ferroviarios del pasado, como el de Saltillo en los años setenta del siglo XX, y se arremetió contra quienes criticaron el hecho, acusándolos de querer destruir el movimiento transformador de México. Como no podía faltar, apareció su adjetivo favorito: carroñeros.

Personajes como Gerardo Fernández Noroña calificaron lo ocurrido simplemente como un “accidente”. Llamarlo así no explica nada, pero sí sirve para desactivar la gravedad del asunto y tranquilizar conciencias.

Otros activistas, como Gerardo Moncada, fueron más allá y sugirieron que pudo tratarse de un sabotaje, esto escribió en sus redes sociales:

“QUÉ CASUALIDAD. Justo cuando China busca alternativas al Canal de Panamá, cuando analistas internacionales hablan del Tren Interoceánico como pieza clave en la reconfiguración de rutas comerciales, ocurre un ‘accidente’ y la oposición corre a pedir que se suspendan las operaciones…”

Después vino la siguiente fase del manual: una avalancha de infografías para enterrar lo ocurrido en Oaxaca. Que si la presidenta Sheinbaum está entre las gobernantes más populares de América Latina, que si México está en el top 10 de países con menor desocupación, y una larga lista de cifras para recordarnos lo bien que estamos con la 4T.

Siendo sinceros, a la 4T se le olvida algo fundamental: cuando este “movimiento” era oposición hacía exactamente lo mismo. Criticaba, cuestionaba, marchaba y señalaba tragedias como símbolos del fracaso del poder. Entonces, el calificativo de carroñeros también les queda.

Ojalá la Fiscalía General de la República realice una investigación a fondo y, si la causa del descarrilamiento fue el material rodante, éste sea retirado y los responsables de las compras sancionados. Pero, aunque lo deseo —al igual que muchos mexicanos—, sinceramente creo que nos vamos a quedar con las ganas.