FGR realizará reconstrucción del pleito entre Noroña y “Alito” Moreno en el Senado
El pleito ocurrió el pasado 27 de agosto al término de la última sesión de la Comisión Permanente y motivó que Noroña presentará una denuncia
El pleito ocurrió el pasado 27 de agosto al término de la última sesión de la Comisión Permanente y motivó que Noroña presentará una denuncia
Tepoztlán carece de propiedad privada, ya que sus 23 mil 800 hectáreas están bajo régimen de propiedad comunal desde el decreto presidencial del 14 de noviembre de 1929
La confianza en el Congreso y en los partidos se desploma. Muchas veces esa caída se alienta desde Palacio Nacional.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
No sé si sea solo un efecto del desorden que traigo en la cabeza, pero cada vez tengo más la impresión de que nuestros líderes políticos y funcionarios quieren convertirse en superhéroes.
Ya no se conforman con ser simples gestores. Quieren ser el mesías que salva a la patria, el que lucha contra los villanos —“conservadores”, “neoliberales”, “fifís” o “machuchones”, da igual— o el estratega que presume logros en seguridad con tácticas a veces cuestionables. (Cualquier parecido con México, Estados Unidos o El Salvador es mera coincidencia). En este ambiente, la lealtad se vuelve un acto de fe, no de razón.
La politóloga Rossana Reguillo lo explicó en 2020. El populismo, dijo, construye “comunidades emocionales”: vínculos tejidos con miedo, esperanza y odio. El resultado es un lazo emocional con el líder, más que un compromiso político con el proyecto.
Esa lógica ayuda a entender por qué líderes como López Obrador, Claudia Sheinbaum, Donald Trump o Nayib Bukele mantienen altos niveles de aceptación. En México, las encuestas lo confirman: AMLO cerró con números espectaculares y su sucesora conserva prácticamente la misma popularidad.
En contraste, la confianza en el Congreso y en los partidos se desploma. Muchas veces esa caída se alienta desde Palacio Nacional. Las cifras muestran una paradoja: mientras la figura del líder se eleva a alturas casi míticas, las instituciones que deberían equilibrarlo se erosionan… o son erosionadas.
El riesgo de este culto no es solo que desaparezca la rendición de cuentas. También nos rebaja a meros espectadores, a fans que aplauden desde la grada mientras el superhéroe intenta resolverlo todo (o dice que lo intenta). Pero un ciudadano de verdad no aplaude ciegamente: cuestiona. No idolatra: exige.
En un país sano, la política debería ser crítica ciudadana. No una misa donde los feligreses esperan la homilía de su héroe. Porque, al final, el mayor desorden no está en las calles, sino en lo que permitimos que se acomode en nuestra mente.
EN EL TINTERO
Los que sí pusieron el desorden fueron los diputados del bloque oficialista en San Lázaro, al retrasar la conformación de la mesa directiva. Todo para evitar que en la foto de la primera sesión de la nueva Suprema Corte apareciera un opositor y, así, mandar el mensaje simbólico de que tienen todo el poder.
Nosotros, los de a pie, cada vez más cansados. Ya no nos indignamos, ya ni nos sorprendemos. Inventamos, sin darnos cuenta, un mecanismo de defensa: la fatiga cívica.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
Vaya meses los que hemos cargado en la política mexicana: de un escándalo saltamos al siguiente. Si no son los viajes de lujo de los miembros de la 4T, que ya olvidaron aquello de la austeridad republicana, son las casas con precios de otro planeta o los golpes en el Senado.
Y como si faltara circo, este 1 de septiembre vimos a una representación de “pueblos originarios” entregando “bastones de mando” a quienes por la noche juraron como ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
En este espectáculo de tres pistas nunca faltan los payasos, los trapecistas se caen solos y los domadores terminan devorándose entre ellos. Aquí los reflectores no se apagan y la polarización es el acto estelar. ¿Y el público? Nosotros, los de a pie, cada vez más cansados. Ya no nos indignamos, ya ni nos sorprendemos. Inventamos, sin darnos cuenta, un mecanismo de defensa: la fatiga cívica.
No es apatía, es puro agotamiento. Según análisis hechos con base en la Encuesta de Calidad e Impacto Gubernamental (2023), realizada por el INEGI, 68% de los mexicanos ya no confían en las instituciones políticas. Ese número no solo habla de desconfianza: es como si hubiéramos firmado el acta de defunción de la esperanza. Y si me apura, el otro 32% quizá todavía no se entera.
El bombardeo de noticias es interminable. Hoy un político acusado de corrupción, mañana una ley polémica, pasado la bronca digital por un tuit. Nuestro cerebro ya entendió que lo más sano es desconectarse. Llegamos al punto en que un nuevo escándalo no genera marchas ni pancartas: apenas un bostezo colectivo.
El filósofo español Daniel Innerarity llama a esto “la política de la perplejidad”: ese sentimiento de estar abrumados por tanta información. En México, la perplejidad ya se convirtió en fatiga. Y lo peor: normalizamos el desorden.
El resultado es un círculo vicioso. La clase política sabe que estamos agotados, y por eso no se molesta en cambiar. Aprendieron que un escándalo dura lo que dura el trending topic: 24 horas. Y nosotros, con la batería descargada, se lo dejamos pasar.
El mayor triunfo de la clase política en México no es su inteligencia, sino nuestro cansancio. Ellos solo esperan, y saben que al final claudicamos.
El verdadero desorden no está en sus jugadas. Está en nosotros, resignados a ver el circo arder desde la grada. Y todavía aplaudimos.
EN EL TINTERO
El 1 de septiembre estrenamos ministros en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la corte de la polémica, la corte del acordeón. Ojalá les quede claro que su chamba es aplicar la ley para todos, incluso para los opositores. Porque ellos también son pueblo.
Y la presidenta, Claudia Sheinbaum, presentó su primer informe de gobierno. Como en todos los informes, de cualquier color, aparecieron cifras muy alegres… que no siempre coinciden con lo que se vive en la calle.
La Casa del Silencio», de acuerdo con los manifestantes, está ubicada en una zona no autorizada para uso habitacional y se encuentra en tierras comunales