Logo blanco Dominio Público
Pongamos el desorden: Prioridades extraviadas

Pongamos el desorden: Prioridades extraviadas

El pasado primero de marzo, en la plaza central de Coatepec Harinas, se constituyó formalmente el Comité Ciudadano de Vigilancia Ambiental del Nevado de Toluca. Su objetivo es claro: devolverle al área natural protegida el estatus de Parque Nacionales.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Cuando ustedes, queridos amigos y amigas, me hagan el enorme honor de leer estas líneas, quizá ya se haya develado el misterio y conozcamos la totalidad de la tan anunciada reforma electoral de la presidenta Sheinbaum.

Entre los argumentos del oficialismo escucharemos —porque ya los hemos escuchado antes— que la reforma es una exigencia del pueblo y que el gobierno simplemente está cumpliendo ese mandato popular.

A ver. Pongamos el desorden, pero sin pelear.

Les concedo que quizá en algún momento algún grupo de mexicanos pidió cambios. En democracia siempre habrá voces que quieran ajustar las reglas. El punto no es ese. El punto es otro: en el ejercicio de gobierno existen prioridades. Y, quieran admitirlo o no, el sistema electoral mexicano funciona razonablemente bien. Es perfectible, sí. Pero funciona. Señal de ello es que están en el poder.

Hay asuntos que no funcionan. Y esos deberían estar primero en la lista.

Les pongo un ejemplo.

El pasado primero de marzo, en la plaza central de Coatepec Harinas, se constituyó formalmente el Comité Ciudadano de Vigilancia Ambiental del Nevado de Toluca. Su objetivo es claro: devolverle al área natural protegida el estatus de Parque Nacionales que tuvo desde los años treinta del siglo pasado hasta 2013 y con ello evitar el colapso ambiental.

¿Por qué?

Porque en los últimos años la zona ha sido golpeada por la tala clandestina. No es un secreto. Es una realidad visible. Falta supervisión, sobran abusos. Un comunero me lo dijo sin rodeos:

“Si tienen permiso para cortar 10 árboles, cortan 100”.

Así, derecha la flecha.

Hoy, quien camina por la zona puede ver arroyos secos donde antes corría el agua. Parajes polvorientos donde dominaba el verde. No es discurso alarmista; es paisaje.

Y no estamos hablando solo de árboles. Estamos hablando de mantos acuíferos. De agua. De la que abastece a buena parte del sur del Estado de México. De la que sostiene la agricultura. De la que permite el turismo. De la que depende la vida cotidiana de miles de familias.

Evitar el colapso ambiental del Nevado de Toluca —y con él el de las regiones circunvecinas— sí es vital. Eso sí es urgente. Eso sí es una prioridad nacional.

Eso sí lo está pidiendo el pueblo.

Mucho más que una reforma electoral.

Porque cuando el agua falte,

no habrá reforma electoral que la reponga.

Y entonces sí entenderemos cuáles eran las verdaderas prioridades.

EN EL TINTERO

La semana pasada acudí a la oficina regional del Registro Civil del Estado de México, en Ixtapan de la Sal. Según los anuncios oficiales, ahí puede tramitarse la famosa CURP biométrica.

Sorpresa: no se puede.

La empleada que amablemente me atendió me explicó que sí la tramitarán… algún día. No saben cuándo. No tienen equipo. No tienen capacitación.

Y remató con una sugerencia que retrata la planeación institucional:

“Si le están pidiendo el documento, vaya a la Ciudad de México. Creo que hay varios lugares, pero tiene que sacar cita”.

Sin comentarios…. O quizá sí.

También ahí están las prioridades.

Pongamos el desorden: ¿Dónde están los padres?

Pongamos el desorden: ¿Dónde están los padres?

Si a un menor se le va a dejar el manejo de estos vehículos en zonas rurales, como medio de transporte, se le debe hacer consciente de que no son juguetes y su uso requiere responsabilidad.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Hoy estoy muy molesto. Quiero hablar sobre una situación que se dio en la esquina de mi casa. Pido a ustedes que en los comentarios me digan si estoy mal. A continuación, les explico.

Vivo sobre la avenida principal de un pueblo en el que el uso de la motocicleta ha crecido como la espuma. Se ven de todos los tamaños, colores y sabores. Pero este crecimiento se ha dado de una manera más que irresponsable. Por las calles y caminos del pueblo circulan menores de edad conduciendo estos vehículos a muy alta velocidad, jugando, haciendo “caballitos”. Incluso familias completas se transportan en ellas: papá, mamá y niños pequeños. Una brutal irresponsabilidad.

La noche del domingo, un niño de no más de 13 años que circulaba a exceso de velocidad en una motocicleta se estrelló contra la puerta del conductor de una camioneta pick up que pasaba por la calle principal donde vivo. El impacto fue tan fuerte que activó las bolsas de aire y la camioneta quedó bloqueada. La conductora entró en crisis nerviosa. Los golpes dejaron al niño maltrecho y sangrando.

Aquí viene el primer motivo de mi enojo: al lugar llegó la Policía Municipal, que en automático quiso culpar a la conductora. Solo ante la insistencia de los testigos la dejaron en paz.

Al interrogar a los acompañantes, salió a la luz que el niño no era del pueblo, sino de una comunidad cercana, a unos ocho kilómetros de distancia. Y aquí viene el segundo motivo de mi enojo: ¿qué hacía un niño de no más de 13 años, tan lejos de su casa, en la noche, conduciendo una motocicleta sin supervisión paterna?

Como era de esperarse, los testigos y posteriormente los peritajes exoneraron a la conductora. Pero aquí entra el tercer motivo de mi enojo: los padres se acercaron a la conductora y a su esposo para decirles que no había problema… pero acto seguido les pidieron que les ayudaran a pagar las curaciones del menor. No ofrecieron una disculpa. No se ofrecieron a cubrir los daños de la camioneta. ¿Se puede ser más caradura?

Lo sucedido es más culpa de los padres que del menor, a quien dejaron con una moto “a la buena de Dios”, al fin que no pasa nada… pero sí pasó.

Si a un menor se le va a dejar el manejo de estos vehículos en zonas rurales, como medio de transporte, se le debe hacer consciente de que no son juguetes y su uso requiere responsabilidad.

Luego de lo sucedido el domingo, me vino a la cabeza lo dicho en una entrevista reciente por el ingeniero Carlos Slim:

“No hay que dejar un mejor país a nuestros hijos; hay que dejar mejores hijos a nuestro país.”

EN EL TINTERO

Con el anuncio de su viaje a Palestina, Gerardo Fernández Noroña demostró su sed por los reflectores.

Pongamos el desorden: La apatía, el peor mal ciudadano

Pongamos el desorden: La apatía, el peor mal ciudadano

Nuestra apatía se vuelve un cheque en blanco para que los malos funcionarios hagan sus chanchullos. Y ellos lo saben: mientras no digamos nada, continuarán haciendo de las suyas.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

En ocasiones anteriores he comentado con ustedes que la soberbia es una enfermedad que, en sus casos más graves, puede ocasionar la muerte civil de los políticos que la padecen.

Pero la forma de comportarse de los gobiernos —de todos los colores— ha provocado que en la sociedad mexicana surja otro padecimiento igual de grave: la apatía. Y  cuando la apatía ciudadana se mezcla con la soberbia y la corrupción política, el resultado es un cóctel peligroso para el país.

“No voto porque al final siempre quedan los mismos, ¿para qué…? Yo voto nada más para que me sellen la credencial, de todos modos el gobierno no sirve para nada… Me siguen cobrando piso”, son algunas frases que se escuchan con frecuencia. Son producto del desencanto con los gobiernos, insisto, de todos los colores e ideologías.

Pero eso sí, cuando los gobernantes toman decisiones con las que no coincidimos, entonces brincamos y protestamos, diciendo que no estamos de acuerdo.

Traigo a colación todo esto por una situación que se dio en el pueblo de donde soy. La semana pasada, el presidente municipal llegó en una “gira de trabajo” para definir los detalles del arreglo de uno de los caminos de acceso.

Hace poco más de un mes hubo una junta donde los delegados municipales propusieron que, si la población ayudaba con la mano de obra, los trabajos avanzarían mucho más rápido. Por mayoría se acordó apoyar el proyecto.

Un amigo, a quien aprecio mucho, no asistió a ninguna de las reuniones. Días después, en una plática en mi casa, me dijo que no estaba de acuerdo con el proyecto y que no pensaba cooperar, porque la reparación había sido una promesa de campaña. Mencionó a varias personas que tampoco estaban de acuerdo, pero que en las reuniones guardaron silencio e incluso aplaudieron la propuesta del presidente.

Respeto su postura, porque tiene argumentos sólidos: primero, fue una promesa de campaña que el alcalde debía cumplir “sin que al pueblo le costara”; y segundo, propone buscar apoyo entre las empresas que se benefician de la comunidad.

Pero independientemente de lo razonable que parezcan sus ideas, lo cuestionable es que no habló cuando debía hacerlo.

Y lo mismo aplica para quienes callaron y ahora se dicen inconformes.

Los mexicanos debemos sacudirnos la apatía y hablar cuando hay que hablar, exigir cuentas a quienes gobiernan y dejar de conformarnos con que las cosas sigan igual.

Nuestra apatía se vuelve un cheque en blanco para que los malos funcionarios hagan sus chanchullos. Y ellos lo saben: mientras no digamos nada, continuarán haciendo de las suyas.

EN EL TINTERO

Las inundaciones y los muertos en Veracruz son una clara muestra de que hace falta el Atlas de Protección Civil del país. Reitero: si lo tienen… ¡úsenlo!

Pongamos el desorden: Unión y voluntad, la solución a los problemas

Pongamos el desorden: Unión y voluntad, la solución a los problemas

La revolución de Cochisquila es el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando, de un lado, hay unión, y del otro, voluntad real de resolver los problemas que afectan a la gente.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Hace unos días, un comerciante en el mercado me decía que la solución a los problemas del país era una revolución. Algo de razón tiene mi amigo, pero antes de que levanten las cejas, permítanme explicar mis dichos.

Si entendemos una revolución como la unión de uno o varios grupos sociales para conseguir un objetivo, entonces sí: México necesita no una, sino muchas revoluciones. Y créanme, sí funcionan… si también hay voluntad.

La semana pasada les comenté los problemas en el servicio de energía eléctrica que padecían los pobladores de Cochisquila, municipio de Coatepec Harinas, en el Estado de México. Cansados de los pretextos, el pasado 2 de octubre decidieron manifestarse en las oficinas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en Tonatico.

Al llegar, los empleados de la CFE cerraron las puertas con cadenas, y el encargado del área técnica se escabulló.

No sé si reportaron lo sucedido a sus jefes de división, quizá para quedar bien, pero no contaban con la astucia de los directivos, que se comunicaron directamente con los manifestantes y escucharon el sentir del pueblo.

No les haré el cuento largo: después de esa llamada con el directivo, los pretextos desaparecieron. Por arte de magia, aparecieron el cable y el equipo que “no tenían”, y los trabajadores salieron —escoltados por los habitantes de Cochisquila— rumbo al lugar donde debían hacer las reparaciones.

Lo que no se imaginó el responsable técnico de la oficina de Tonatico fue que sus jefes, los directores de la División Centro Sur, acudirían personalmente al sitio con un expediente de fallas acumuladas y le pedirían explicaciones.

¿Por qué cuento esta historia? Porque este 2 de octubre, los habitantes de Cochisquila pusieron el desorden.

Hicieron su pequeña revolución.

Se unieron y lograron que la CFE reparara el suministro eléctrico, que el funcionario pretextoso recibiera su jalón de orejas, y que quedara la promesa de un nuevo tendido eléctrico para que el pueblo deje de vivir a oscuras.

Y eso se consiguió porque del otro lado —en la CFE— hubo funcionarios que se pusieron la camiseta del pueblo y trabajaron, como debía ser.

La revolución de Cochisquila es el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando, de un lado, hay unión, y del otro, voluntad real de resolver los problemas que afectan a la gente.

Así, con algo tan simple como cumplir con el deber, se cambian vidas.

EN EL TINTERO

Nota al margen: La Policía llegó tres veces a la manifestación, pero al ver de qué se trataba, la respuesta fue la misma:

“Mucha suerte con estos @#__-&.”

Pongamos el desorden: Sin luz y sin respuesta

Pongamos el desorden: Sin luz y sin respuesta

Pobladores se han presentado en las oficinas regionales de la Comisión Federal de Electricidad en Tonatico, donde les dicen que no tienen el material para atender la falla (postes y cable) y que no pueden llegar al lugar debido al derrumbe de la carretera Ixtapan de la Sal – Coatepec Harinas…

Miguel Camacho @mcamachoocampo

En colaboraciones pasadas les he hablado de los problemas de suministro eléctrico que se padecen en el municipio de Coatepec Harinas, al sur del Estado de México. Como ya les he contado antes, una de las poblaciones que más sufren los apagones es Cochisquila. Pues bien, entre fallas no atendidas y ahora a consecuencia de los derrumbes que afectan la región, están por cumplir —al momento de escribir estas líneas— una semana sin energía eléctrica.

La situación ya raya en lo desesperante para la población. Los tenderos tienen que gastar dinero en gasolina para hacer funcionar generadores y no perder sus productos, amas de casa no pueden preparar y conservar alimentos, y maestros de la telesecundaria y el telebachillerato no pueden dar sus clases.

Pobladores se han presentado en las oficinas regionales de la Comisión Federal de Electricidad en Tonatico, donde les dicen que no tienen el material para atender la falla (postes y cable) y que no pueden llegar al lugar debido al derrumbe de la carretera Ixtapan de la Sal – Coatepec Harinas… cuando al menos hay otras dos vías para llegar al sitio, y ellos lo saben.

Yo le preguntaría a la directora de la CFE, Emilia Esther Calleja: ¿por qué los centros regionales no cuentan con el material necesario para atender este tipo de urgencias? ¿Austeridad republicana o pobreza franciscana?

Lo que es peor —y más grave todavía— es la falta de “ganas de trabajar” de los empleados de la CFE, porque ya conocen el problema, saben lo que necesitan para reparar la falla y no han pedido el material para hacerlo.

Pobladores de Cochisquila comentaron a este reportero: “No encuentran el cómo llegar para reparar la falla, pero bien que lo encuentran para venir a cortar la luz cuando nos pasamos un día en pagar.”

Con todo respeto para la directora Calleja, le hago la siguiente pregunta: ¿no sería tiempo ya de hacer una reingeniería del sistema eléctrico y que poblaciones rurales —con nombre difícil de escribir pero con derechos fáciles de reconocer— tengan sus propios medios de generación, supervisados por ustedes?

Cochisquila y Coatepec Harinas son solo dos casos de los muchos que deben existir con problemas en el suministro eléctrico. En usted, directora Calleja, está el poner las bases para que parte de México no viva a media luz.

EN EL TINTERO

Para acabar de complicar la situación, este martes por la noche un camión tiró parte del cableado telefónico. Habitantes comentaron: “Lo bueno es que estos son privados y vienen rápido.”

Al final, en este país parece que la única energía que sobra es la de darnos excusas.

Dame tu opinión:

pongamosdesorden@gmail.com