por Dominio Público | May 26, 2026 | Opinión, Principales
Cuando una Defensoría puede interpretar qué opiniones resultan incompatibles con los “derechos de las audiencias”, el límite entre protección y censura se vuelve peligrosamente difuso.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
La Defensoría de las Audiencias, fortalecida por la nueva Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión impulsada por la 4T, se vende como un avance democrático: un mecanismo para proteger al público de la desinformación, los abusos mediáticos y los discursos de odio. En el papel suena impecable.
El problema empieza cuando alguien debe decidir qué información protege a la ciudadanía… y qué información debe ser limitada.
El caso más ilustrativo ocurrió en enero de este año. Las Defensorías de las Audiencias de Canal Once y Canal 14 determinaron vetar la entrevista que Sabina Berman realizó a Eduardo Verástegui.
En el comunicado conjunto del 9 de enero argumentaron que el contenido promovía “una noción política contraria a los derechos fundamentales de las mujeres y de otros grupos en situación de vulnerabilidad”, además de no ajustarse “a los principios rectores” de los medios públicos.
Más allá de simpatías o diferencias con Verástegui, la decisión me dejó una pregunta inquietante: ¿quién define qué ideas son aceptables para el público y cuáles deben ser bloqueadas?
Ahí aparece el principal riesgo de esta figura: la subjetividad ideológica.
Cuando una Defensoría puede interpretar qué opiniones resultan incompatibles con los “derechos de las audiencias”, el límite entre protección y censura se vuelve peligrosamente difuso. Y el problema se agrava cuando esa vara parece aplicarse con rigor contra ciertas voces, mientras se ignoran declaraciones igualmente polémicas provenientes del poder político.
La consecuencia natural es la autocensura.
Periodistas, conductores y productores de medios públicos entenderán rápidamente el mensaje: ciertas posturas generan problemas, otras no. Y cuando el costo de transmitir una opinión incómoda puede traducirse en vetos, sanciones o conflictos institucionales, el pluralismo empieza a encogerse.
La nueva legislación obliga a todos los concesionarios de radio y televisión a contar con una Defensoría de las Audiencias registrada ante la autoridad. Además, establece sanciones económicas para quienes incumplan las disposiciones. Oficialmente, el objetivo es “garantizar el derecho del pueblo a una información veraz”.
Pero ahí surge otro problema.
En democracia, el Estado no debería convertirse en árbitro de la verdad.
Porque conceptos como “desinformación”, “pluralidad” o “discurso de odio” pueden ser razonables en abstracto, pero profundamente peligrosos cuando quedan sujetos a interpretaciones políticas.
La historia demuestra que casi todos los mecanismos creados para “proteger” a la sociedad terminan siendo utilizados, tarde o temprano, para proteger al poder.
Existe además un problema estructural de independencia.
Las Defensorías en medios públicos dependen finalmente de instituciones vinculadas al Estado. Y aunque la figura existe desde 2014, su fortalecimiento ocurre hoy en un contexto de enorme concentración política y de debilitamiento de contrapesos. Sin mecanismos de designación verdaderamente autónomos, criterios objetivos y procesos de apelación sólidos, la Defensoría corre el riesgo de convertirse en un filtro ideológico con apariencia técnica.
No se trata de negar el derecho de las audiencias a recibir información veraz y plural. Ese derecho existe y debe defenderse.
El problema aparece cuando el gobierno asume la facultad de decidir qué versiones de la realidad son aceptables para la ciudadanía.
Porque una cosa es defender los derechos de las audiencias. Y otra muy distinta es tutelar políticamente lo que la sociedad puede escuchar.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha convertido esta figura en una de las banderas de su política de comunicación. El discurso oficial asegura que la reforma fortalece al ciudadano frente a los excesos mediáticos.
Sin embargo, los primeros casos relevantes ya muestran otra posibilidad: que la Defensoría de las Audiencias termine funcionando más como mecanismo de control narrativo que como garante auténtico de la diversidad de ideas.
Y cuando un órgano decide qué voces son aceptables para el espacio público, deja de defender a las audiencias.
Empieza a administrarlas. Y un público administrado siempre será menos libre.
por Dominio Público | Dic 6, 2025 | Nacional, Principales
La presidenta Claudia Sheinbaum encabeza este sábado 6 de diciembre un evento en el Zócalo de la Ciudad de México para conmemorar los siete años de la llamada Cuarta Transformación en el poder
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por Dominio Público | Nov 25, 2025 | Opinión, Principales
La 4T no ha comprendido que a la sociedad no le interesa si las acciones de fulano o perengano (culpa) ocasionaron tal o cual problema.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
El pasado 11 de noviembre, el senador Luis Donaldo Colosio Riojas dijo:
“Yo creo que en el ejercicio del gobierno podrán existir cosas que no sean nuestra culpa, pero todas son nuestra responsabilidad…”
Traigo a colación lo anterior porque en la 4T parecen confundir el significado de culpa y responsabilidad. Cada que los mexicanos les pedimos —les exigimos— cumplir con su responsabilidad y solucionar, o al menos intentar solucionar, los problemas que aquejan al país, nuestros gobernantes se rasgan las vestiduras y dicen que ellos no provocaron la problemática.
Intentan explicar el presente con culpas ajenas, con villanos del pasado, por ejemplo, el expresidente Felipe Calderón, o con las acciones de un bloque conservador, neoliberal, fifí, cuyos integrantes cambian de acuerdo con las necesidades del momento. La culpa es historia; la responsabilidad es hoy.
La 4T no ha comprendido que a la sociedad no le interesa si las acciones de fulano o perengano (culpa) ocasionaron tal o cual problema. Lo que le interesa es que quienes están en cargos públicos cumplan su responsabilidad y hagan lo que tengan que hacer para dar soluciones y no excusas.
En la vida personal tal vez uno pueda decir: “yo no fui”, “yo no sabía”, “a mí no me toca”. En el gobierno, esa frase no existe.
El cargo viene con una sola obligación: responder. Aunque no sea culpa tuya. Aunque no te guste. Aunque, quizá, sea injusto.
Gobernar es dejar de llorar lo que recibiste y empezar a arreglarlo. Es la chamba. Gobernar es dejar de convocar a mesas de diálogo —que, como las cumbres internacionales, casi nunca llevan a nada— y empezar a convocar a mesas de soluciones. Para excusarse no necesitas el poder; para gobernar sí.
La frase de Colosio Riojas me llamó la atención porque, en tiempos donde el discurso oficial reduce todo a un pleito con fantasmas del pasado, escuchar a un senador reconocer una distinción tan elemental me pareció inédito: la culpa es discutible; la responsabilidad, no.
Ojalá que los gobernantes lo entendieran.
Y ojalá más ciudadanos dejáramos de premiar al político que mejor se queja de lo que heredó, en vez del que mejor se hace cargo de lo que tiene enfrente.
Porque si algo nos ha demostrado la historia de este país es que México no necesita héroes: necesita adultos.
Y hacerse responsable —aunque no sea tu culpa— es, en política, el acto más adulto que existe.
EN EL TINTERO
Mientras en Ginebra el alto comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk, advierte que la inteligencia artificial podría convertirse en el “monstruo de Frankenstein” del siglo XXI, uno no puede evitar pensar que el verdadero experimento fallido no es la tecnología, sino la manera en que permitimos que unos cuantos la usen. No es la IA la que amenaza nuestras vidas : es la mezcla tóxica de poder corporativo, gobiernos temerosos y regulaciones hechas a medias.
El problema no es que la IA piense por nosotros, sino que decidamos no pensar frente a quienes ya están moldeando nuestro destino digital.
por Dominio Público | Sep 11, 2025 | Opinión
Después de todo, pensándolo bien, la 4T no es igual al “PRIAN”: es peor.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
No sé si Andrés López Obrador conozca la canción Vámonos de José Alfredo Jiménez, pero repitió como un mantra tres palabras de esa canción: no somos iguales. Esta frase corta servía de preámbulo para culpar a los gobiernos anteriores de todos los problemas habidos y por haber. Su uso fue heredado por la presidenta Sheinbaum.
Sin embargo, usar la frase y culpar al pasado de los problemas que no pueden resolver pierde vigencia con cada minuto que pasan en el gobierno, porque su labor se convierte en parte de ese pasado que condenan.
Culpar a Salinas, Zedillo, Fox, Calderón o Peña Nieto de los problemas del país pierde efecto conforme pasa el tiempo y ellos, los de la 4T, no hacen nada para que paguen sus fechorías. Si no van a hacer nada contra ellos, mejor no digan nada.
Su mantra de que no son iguales pierde el efecto moral que le quieren dar cuando en el historial de la 4T se acumulan casos como el fraude a Segalmex, el desabasto de medicamentos, la inseguridad o el carpetazo al tema de los “acordeones” en la reciente elección de los miembros del Poder Judicial.
Ese estandarte moral también pierde efectividad cuando miembros distinguidos del movimiento toman vacaciones de lujo, lo que va en contra de los principios de la 4T que ellos proclaman a los cuatro vientos: la austeridad y la “justa medianía”.
A todo lo anterior podría agregar acciones como atacar los dichos de quien piensa diferente… sin argumentos.
Pero después de todo, pensándolo bien, la 4T no es igual al “PRIAN”: es peor.
EN EL TINTERO
Menuda papa caliente tiene entre manos el gabinete de seguridad con la investigación del tráfico de combustible (antes huachicol), en el que están involucrados miembros de alto rango de la Marina Armada de México. Con acciones como estas, la mandataria y su equipo ganan credibilidad. Espero que lleguen hasta donde tengan que llegar, sin importar los apellidos.
A menos de un año de la inauguración del Mundial de fútbol, la CDMX es un caos: inundaciones, baches y aeropuertos que se anegan… ¿Podrá Clara Brugada poner orden?
Una pregunta para Alejandra del Moral: ¿qué beneficios obtiene México al exportar y financiar los programas sociales a Cuba?
por Dominio Público | May 1, 2025 | Opinión, Principales
Quienes han ejercido su derecho a disentir, derecho antes defendido por la 4T, han sufrido y sufren marcaje personal de diversos organismos del Estado
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