Lo que hoy se construye en Cuernavaca es un modelo de liderazgo municipal que combina orden financiero, seguridad pública, planeación urbana y desarrollo económico, sostenido por una coordinación real entre los distintos niveles de gobierno y los municipios de la región.
Raúl García Araujo @araujogar
El arranque de 2026 encuentra a Cuernavaca bajo una conducción política definida y con objetivos claros.
La administración que encabeza José Luis Urióstegui Salgado ha trazado una hoja de ruta que coloca a la capital de Morelos en una etapa de consolidación institucional, donde seguridad, desarrollo urbano y turismo se articulan como pilares estratégicos para fortalecer la gobernabilidad, atraer inversión y proyectar a la ciudad como uno de los polos urbanos más relevantes del centro del país.
La instalación de la primera Mesa de Seguridad para la Construcción de la Paz de la Región Tepoztlán–Huitzilac–Cuernavaca confirma el papel de Urióstegui como articulador regional.
La presencia de autoridades de los tres órdenes de gobierno, así como de las fuerzas federales, estatales y de inteligencia, expresa una visión de Estado que entiende que la seguridad pública se construye con coordinación, información y territorio.
La interconexión en tiempo real del C4 de la SEPRAC con el C5 estatal fortalece la capacidad de reacción institucional y consolida un modelo de prevención que ya se refleja en una reducción sostenida de las incidencias delictivas y en una percepción social de mayor tranquilidad.
A esta arquitectura de seguridad se suma una política decidida de fortalecimiento operativo: nuevas patrullas, motocicletas, equipamiento especializado y una mejora sustantiva en las condiciones laborales de los policías.
El mensaje político es inequívoco: la seguridad de Cuernavaca es una prioridad estructural del gobierno municipal y no una respuesta coyuntural.
En paralelo, el gobierno de Urióstegui ha asumido uno de los retos históricos más complejos de la ciudad: el sistema hídrico. Con el Plan Maestro Hídrico 2026, respaldado por una inversión superior a los 75 millones de pesos y una coordinación efectiva con la Federación y el Gobierno del Estado, Cuernavaca avanza hacia un modelo de gestión del agua más eficiente, equitativo y sostenible.
La construcción de nuevos tanques, la perforación y rehabilitación de pozos, así como la modernización de la infraestructura, fortalecen la capacidad de la ciudad para garantizar el abasto en el mediano y largo plazo.
Este proceso se acompaña de una decisión política de fondo: el saneamiento financiero de SAPAC mediante la reestructuración de más de 114 millones de pesos en pasivos históricos con el IMSS.
Poner orden donde otros gobiernos postergaron responsabilidades no sólo fortalece al organismo operador, sino que devuelve credibilidad institucional y viabilidad financiera al sistema.
Sobre esta base de gobernabilidad y estabilidad, la política turística de Cuernavaca comienza a desplegar su potencial. El estudio Perfil del Visitante Cuernavaca 2026 confirma una recuperación sólida: mayor estadía promedio, crecimiento del gasto turístico y una presencia internacional que ya representa casi una cuarta parte de los visitantes.
Estos indicadores no son fortuitos; son consecuencia directa de una ciudad que ofrece seguridad, servicios confiables y una narrativa de futuro.
Lo que hoy se construye en Cuernavaca es un modelo de liderazgo municipal que combina orden financiero, seguridad pública, planeación urbana y desarrollo económico, sostenido por una coordinación real entre los distintos niveles de gobierno y los municipios de la región.
En un entorno político donde la estabilidad y los resultados son activos cada vez más escasos, la capital morelense empieza a consolidarse como un referente de gestión pública responsable y visión de largo plazo.
Ese es el sello político del gobierno de José Luis Urióstegui Salgado. Y es la base sobre la cual Cuernavaca proyecta su siguiente etapa de desarrollo.
En Cortito: Nos cuentan que también en Yautepec el calendario rumbo a 2026 ya empezó a moverse con mayor claridad y que el presidente municipal Eder Alonso Gutiérrez ha comenzado a fijar los ejes estratégicos de su administración en un momento clave para el reacomodo político del oriente de Morelos.
No es un movimiento menor: el municipio se ha convertido en una pieza central por su peso poblacional, su dinámica económica y su influencia dentro del corredor metropolitano, por lo que cada decisión de gobierno adquiere una dimensión política que trasciende sus límites territoriales.
El primer gran reto de su gobierno es convertir la inversión en infraestructura social en un instrumento de estabilidad y cohesión.
Otro desafío central es el fortalecimiento del programa de transporte gratuito para estudiantes universitarios. Incrementar el número de unidades y ampliar los destinos no es solamente una medida administrativa, sino una decisión política que apuesta por la permanencia escolar, el desarrollo del capital humano y la reducción de la carga económica de cientos de familias.
Para Eder Alonso, este programa representa una de las inversiones sociales con mayor retorno político: cercanía con la población, legitimidad y proyección de futuro.






