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En Corto: Cuauhtémoc Blanco y su hermano con un pie en la cárcel

En Corto: Cuauhtémoc Blanco y su hermano con un pie en la cárcel

Están en verdaderos problemas, pues ambos personajes cuentan con denuncias penales por presunta violación o violencia intrafamiliar, que involucra a mujeres, dejando en entredicho el discurso hacia ese sector de la sociedad morelense.

Raúl García Araujo @araujogar

 

Los hermanos Cuauhtémoc Blanco Bravo y Ulises Bravo Molina, lejos de representar buenos activos para el Partido Morena, son el principal ejemplo de los excesos y abusos al amparo del poder.

En Morelos, a un mes de que Margarita González Saravia asumiera la gubernatura del estado, lejos de hablar de su proyecto de gobierno para los siguientes seis años, la opinión pública está volcada en cuestionar los escándalos en los que se han visto involucrados el exgobernador y su hermano, el dirigente estatal del partido guinda.

La población en Morelos pide que se castiguen todos los abusos de Cuauhtémoc Blanco y su pandilla pues día con día salen a relucir presuntos actos de corrupción, como lo es la compra de terrenos que hicieron varios de sus allegados en la zona del Lago de Tequesquitengo a precios de ganga: de un costo promedio de 3 millones, los compraron en menos de 150 mil pesos.

Entre ellos destacan la ex secretaria de administración, Sandra Anaya Villegas –hoy diputada federal de Morena-, la ex secretaria de hacienda, Mónica Boggio, actual magistrada en el Tribunal de Justicia Administrativa, y Edgar Riuo, exsecretario particular y primo del Cuau.

Pero quienes están en verdaderos problemas son Cuauhtémoc Blanco y su hermano Ulises, pues ambos personajes cuentan con denuncias penales por presunta violación o violencia intrafamiliar, que involucra a mujeres, dejando en entredicho el discurso hacia ese sector de la sociedad morelense.

No es lo mismo acusar sin pruebas, que contar con los elementos suficientes para interponer acusaciones que siguen su cause en materia penal, hasta que llegan ante un juez de control para desecharlas o en su caso actuar en consecuencia contra los presuntos responsables.

Entonces, lo que vemos en los últimos días en Morelos, es que se confirma que en la era del entonces gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo, existía una complicidad entre él y el presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, Jorge Gamboa Olea, para que los jueces fallarán siempre a favor del mandatario y su familia en caso de alguna denuncia penal en su contra.

Ese pacto de impunidad existía, ya que de otro modo no se explica que este martes los magistrados Rafael Brito, Juan Emilio Elizalde y Martha Sánchez, quienes integran la Tercera Sala de dicho Tribunal, hayan ordenado al juez Luis Guillermo Ortega reabrir el caso contra el dirigente estatal de Morena, Ulises Bravo Molina, para vincularlo a proceso por el delito de violencia familiar y, por ende, ordenar su detención con una alta posibilidad de imponerle prisión preventiva.

En una situación similar se encuentra el exfutbolista y ahora diputado, claro plurinominal, ya que existe una denuncia penal por el presunto delito de violación en su contra. La denuncia fue interpuesta por una hermana del exmandatario y la cual sigue su curso en la investigación.

En este tema, la propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, fijó su postura, que contrario al expresidente Andrés Manuel López Obrador, que cuando tenía oportunidad salía en defensa de Blanco Bravo, ella se mostró seria y directa al señalar que se debe llegar al fondo del asunto y castigar en caso de que exista un delito.

En este entramado de escándalos, también salta a la escena pública el todavía presidente del Tribunal Superior de Justicia de Morelos, Jorge Gamboa Olea, a quien la Comisión de Derechos Humanos del Estado, le tiene nueve expedientes en su contra por presuntas violaciones a derechos humanos, tales como hostigamiento y acoso laboral, acoso sexual, discriminación, libertad de expresión, violencia vicaria, entre otras.

Regresando a los casos de los hermanos Cuauhtémoc Blanco Bravo y Ulises Bravo Molina, la nada digna actuación de ambos, se vio reflejada en la irritación y enojo que se hizo presente hace dos semanas cuando la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, asistió a Morelos y que lejos de resaltar el trabajo de partido, el acto proselitista estuvo marcado por los cientos de abucheos de que fue objeto el dirigente estatal de ese instituto político.

Ante los actuales hechos, la líder nacional morenista tendrá que tomar cartas en el asunto y como primero acción está obligada a quitarle la dirigencia estatal al hermano del ex gobernador morelense, sino lo hace, no pasará mucho tiempo en sufrir las consecuencias de su falta de oficio político ante la militancia de su partido o lo que es peor ante la sociedad de Morelos.

 

En Cortito: Nos cuentan que la nueva coordinación entre el municipio de Cuernavaca con el gobierno de Margarita González Saravia y la presidenta Claudia Sheinbaum ha traído consigo importantes avances en la reducción de la incidencia delictiva en la capital de Morelos.

El resultado de este nuevo entendimiento político está encabezado por el alcalde, José Luis Urióstegui Salgado, y consiste en la reducción de delitos como el robo a casa habitación con violencia y sin violencia, el robo de vehículo con violencia y sin violencia, el robo de motocicleta con y sin violencia y el robo a negocio sin violencia.

El resultado de estos números se debe a la buena coperación que existe entre las autoridades de la capital del estado con la SEDENA y la Guardia Nacional, ya que pusieron en marcha diversos operativos de prevención del delito en Cuernavaca.

 

 

Pongamos el desorden: Todos morimos dos veces

Hace poco escuche a una amiga, relatar una anécdota en la que uno de sus profesores le dijo que cuando llora uno por la muerte de una persona cercana, no lo hace por quien falleció, sino por uno mismo.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice que la muerte es la “cesación de la vida”. En cuatro palabras los señores académicos definen un momento sumamente analizado y que encierra un mundo de sentimientos difíciles de explicar para quienes nos quedamos un “ratito” más en este mundo.

Poco después de la muerte de mi mamá, en enero, pasado escuché una frase que me impresionó mucho, tal vez por el momento que vivía: TODOS MORIMOS DOS VECES, LA PRIMERA CUANDO NUESTRO CUERPO SE CANSA, LA SEGUNDA CUANDO NUESTRAS HISTORIAS DEJAN DE CONTARSE.

Los seres humanos tememos mucho a la primera muerte, la física (cuando nuestro cuerpo se cansa). Hacemos todo lo posible por retrasarla, pero inevitablemente llega. Para algunos, entre los que me incluyo, la persona que muere pasará a la vida eterna a recibir la recompensa o el castigo por sus obras mientras estuvo vivo. Para otros sencillamente es el fin de un ciclo vital y todo se acabó.

Hace poco escuche a una amiga, relatar una anécdota en la que uno de sus profesores le dijo que cuando llora uno por la muerte de una persona cercana, no lo hace por quien falleció, sino por uno mismo.

Le concedo un punto a la afirmación del maestro de mi amiga, sí nos entristecemos por nosotros, porque tendremos que aprender a vivir sin nuestro ser querido, replantear nuestro futuro, porque creanme la muerte es algo para lo que nunca vamos a estar preparados, aunque nos preparemos.

Pero quisiera comentarles a ustedes la segunda muerte que menciona la frase, cuando nuestras historias dejan de contarse, en otras palabras, cuando nos olvidan.

Creo que los seres humanos debemos también trabajar por retrasar la muerte por olvido creando historias que merezcan ser contadas cuando ya no estemos vivos, esa sería la forma de alargar nuestra existencia y en una de esas alcanzar la inmortalidad.

EN EL TINTERO

Hubo otra frase que me impresionó luego de la muerte de mi mamá, la escribió mi hermana en las esquelas: JEFA, NOS VEMOS AL RATITO. Pensando detenidamente nuestra vida, insertada en la inmensidad del tiempo es sólo un ratito, un ratito que debemos hacer que valga la pena.

Yo espero tener el privilegio, en un ratito, de ver a mi mamá.