Andy busca una diputación federal por Morena. Estados Unidos le canceló la visa y, según reportes periodísticos, hay agencias de ese país que lo observan.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

El 3 de noviembre, mientras Estados Unidos votaba, la familia López volvió a ocupar el centro de la conversación en México con dos noticias.

Por la mañana, Andy López Beltrán volvió a hablar. En un video de más de diez minutos, grabado en Tabasco, negó cualquier vínculo con el huachicol fiscal y con los negocios de Jorge Amílcar Olán, su amigo. Dijo:

«Es falso que tengamos relaciones de complicidad, socios, prestanombres o que trafiquemos con influencias para beneficiarnos. Nunca jamás han podido presentar una sola prueba. Todo es nada más tirarnos lodo.»

Aseguró que jamás habló con funcionarios de la Secretaría de Marina «ni de manera directa, ni por teléfono o por ninguna vía», y atribuyó todo a una campaña:

«Existe una campaña en televisión, en la radio, en los periódicos, en internet o, para decirlo más claro, toda una guerra sucia en contra de mi persona, en contra de Andrés Manuel López Obrador y en contra de nuestro movimiento.»

El mensaje de fondo: «nosotros no somos como ellos. Nosotros no traficamos influencias. Nosotros no tenemos privilegios».

Y hablando de privilegios.

Ese mismo día, en España, “The Objective» publicó el expediente del trámite de nacionalidad española de Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de López Obrador. Incluye una nota manuscrita del consulado muy elocuente:

«Esposa López Obrador. Presenta acta extracto del papá, línea española, pero no quiere traer copia fiel del libro.»

Según el diario, los funcionarios consulares gestionaron el documento que ella no quiso entregar. Un trato que, afirma, no se da a cualquier solicitante y que permitió que el expediente recibiera el sello de «documentación completa». Ni Gutiérrez Müller ni el consulado se han pronunciado.

Dos historias, el mismo día, la misma familia. Y de gravedad muy distinta: una es una acusación que se niega; la otra, un trámite administrativo. Lo que las une es el discurso.

Andy busca una diputación federal por Morena. Estados Unidos le canceló la visa y, según reportes periodísticos, hay agencias de ese país que lo observan. La FGR dijo en agosto que no lo investiga.

Andy niega los privilegios con vehemencia. En el caso de Gutiérrez Müller, el expediente publicado describe un trato consular que no estaría al alcance de cualquier solicitante.

El discurso de la Cuarta Transformación se levantó, entre otras cosas, sobre la idea de que el poder ya no serviría para abrir puertas, conseguir favores o saltarse filas. «No somos iguales», repiten. Sin embargo, cada vez que aparece un documento, un audio o un reportaje, el apellido López vuelve al centro de la conversación. No siempre con pruebas que resistan un juicio, pero sí con elementos suficientes para poner en entredicho esa narrativa de pureza.

Condenar de antemano no corresponde. Lo que sí corresponde es señalar el desorden. Habrá acusaciones, claro, pero lo desordenado es que el círculo que predica austeridad y rechazo a los privilegios aparezca una y otra vez en historias de puertas que se abren con más facilidad, de amigos que prosperan y de defensas que suenan cada vez más parecidas.

Otra vez la familia López. Otra vez la misma pregunta: ¿hasta cuándo el discurso y la realidad van a seguir chocando sin que nadie del movimiento se atreva a reconocerlo?