Su historia está ligada a la izquierda mexicana, a la defensa del voto y a la construcción de una alternativa política que, años después, daría paso a nuevas fuerzas y liderazgos.
Claudia Bolaños @claudiabola
La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano no solamente representa la despedida de un político, sino también la de uno de los protagonistas de la transformación democrática de México.
El ingeniero fue mucho más que el hijo del general Lázaro Cárdenas: construyó una trayectoria propia, encabezó la ruptura con el PRI en 1987 y protagonizó la movilización de 1988, que puso en evidencia el agotamiento de un sistema político que parecía invencible.
Su historia está ligada a la izquierda mexicana, a la defensa del voto y a la construcción de una alternativa política que, años después, daría paso a nuevas fuerzas y liderazgos. El PRD fue parte de ese camino y Morena representa otra etapa de esa historia.
Desde el gobierno, Claudia Sheinbaum reconoció en Cárdenas a un hombre que transformó la vida pública del país. Y tiene razón: su legado merece más que homenajes, obliga a revisar qué tanto de aquellas causas sigue vigente. Porque la democracia, la justicia social y la defensa de la soberanía no son patrimonio de un partido ni de una generación.
La pregunta es qué tanto de aquella izquierda que desafió al poder conserva hoy su capacidad crítica frente al poder que ella misma ejerce.
Y Sepa La Bola, pero mientras la mandataria había expresado cierto respaldo a Guadalupe Taddei, luego de que se conocieran presuntas irregularidades en el INE, también había reconocido que la consejera presidenta se redujo el sueldo, una decisión que se alineaba con el discurso que López Obrador sostuvo desde antes de llegar a la Presidencia.
Pero el tono cambió. Este jueves, Sheinbaum fue mucho más contundente: “Guadalupe Taddei traicionó la confianza del pueblo de México. Hay que decirlo así”.
La presidenta sostuvo que no se puede defender a nadie si existen irregularidades y pidió que la Auditoría Superior de la Federación investigue a fondo la gestión administrativa del INE y deslinde responsabilidades.
También puso sobre la mesa los contratos para la adquisición de papelería electoral y la permanencia de empresas proveedoras durante años, por lo que planteó revisar posibles prácticas de corrupción y conflictos de interés.
La diferencia entre ambos mensajes merece atención. Una cosa es reconocer la trayectoria profesional de una funcionaria y otra evaluar su desempeño al frente de una institución. Sheinbaum sostiene ahora que las presuntas irregularidades deben investigarse, sin importar quién resulte involucrado.
En política, las lealtades no sustituyen las auditorías y los reconocimientos tampoco deben convertirse en cartas de impunidad. La última palabra sobre las responsabilidades no corresponde al discurso presidencial, sino a las autoridades fiscalizadoras y, en su caso, a las instancias competentes.






