El episodio más reciente es la llamada Ley Antimemes, como se conoce a las reformas a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial (LFPPI) y al Código Penal Federal.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Hay una frase muy común en México que dice: “No veas moros con tranchete”. Quiere decir que no se vean enemigos donde no los hay, ni dificultades donde no existen o, sencillamente, que no se exageren las cosas.

Traigo a colación lo anterior porque nuestros políticos ya ven moros con tranchete en todas partes. Los mexicanos de a pie, también.

El episodio más reciente es la llamada Ley Antimemes, como se conoce a las reformas a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial (LFPPI) y al Código Penal Federal.

El punto central de la polémica es el nuevo artículo 403 Bis de la LFPPI. Sanciona a quien utilice, reproduzca, imite o incorpore, a escala comercial, la identidad gráfica institucional, dominios electrónicos o documentos oficiales de instituciones públicas de los tres órdenes de gobierno para inducir al error o engaño sobre el origen oficial de una comunicación, documento, plataforma, servicio o sistema informático, con la intención de cometer un ilícito.

Los opositores sostienen que se quiere sancionar la risa, la sátira y la crítica por medio de los memes, que son los cartones de hoy, debido a lo amplio de los conceptos.

Desde mi punto de vista, y aclaro que no soy jurista, la frase “inducir al error o engaño” debería ajustarse. Me parece una situación similar a la que se dio con los criterios para la defensoría de los derechos de las audiencias, en los que existían términos como veracidad o falsedad sin una definición clara, lo que dejaba al libre albedrío de la autoridad su interpretación.

El oficialismo también tiene un punto: el proyecto no habla de publicaciones, críticas ni cuestiones editoriales.

Pero aquí estamos para que juntos pongamos el desorden. Permítanme usar otra frase popular: “La mula no era arisca, la hicieron a palos”.

En México podríamos decir que no existe el largo brazo de la ley, sino la larga interpretación de la ley.

Hemos visto cómo empresarios, periodistas y personas de a pie se meten en problemas por esa larga interpretación. Los ejemplos abundan. Basta recordar los casos abiertos bajo el amparo de la ley para evitar la violencia política en razón de género.

Saben, estimados amigos y lectores: mientras no nos sentemos a platicar en serio, con ganas de ponernos de acuerdo, y sigamos viendo moros con tranchete, nunca vamos a avanzar.

EN EL TINTERO

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