El gobierno nos dice que se combate la corrupción. Pero, sinceramente, es difícil creer dichas afirmaciones cuando no se toca a los miembros de la élite del “movimiento”.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
El 1 de septiembre, como lo marca la ley, la presidenta Sheinbaum envió al Congreso de la Unión su Segundo Informe de Gobierno. Se cumple así el primer tercio de su administración.
Contrario a lo que usted podría esperar, no voy a criticar las cifras. Lo que quiero platicar hoy con ustedes es de percepciones.
La presidenta asegura en su informe que la seguridad en el país ha mejorado. Como prueba de ello, señala que los homicidios dolosos han bajado más de 50 por ciento durante su administración y destaca la captura de importantes “generadores de violencia”.
Como les dije, no voy a intentar desacreditar las cifras, pero son difíciles de creer, por decirlo de manera elegante, cuando el propio gobierno reporta algunos días más de 30 personas asesinadas.
Es complicado creerlo cuando productores agrícolas y comerciantes, por ejemplo, los del sur del Estado de México, tienen que pagar cuotas a grupos de la delincuencia organizada para que los dejen trabajar.
Digamos que creemos y aplaudimos el discurso de que tenemos un mejor sistema de salud. Sin embargo, los pacientes que acuden a los diferentes servicios “tienen otros datos”, ya que no encuentran citas para ser atendidos por especialistas o, al llegar a las farmacias de los centros de salud, se encuentran con que no hay existencias de los medicamentos que les acaban de recetar.
La presidenta habló también de avances en materia educativa.
Nuevamente, no quiero contravenir las cifras ni los “avances”. No obstante, existen problemas de infraestructura, como los que les comenté en mi colaboración del pasado martes, Caminito de la escuela, y también grupos como la CNTE, que dejan sin clases durante meses a miles de niños, un ciclo escolar sí y el otro también.
El gobierno nos dice que se combate la corrupción. Pero, sinceramente, es difícil creer dichas afirmaciones cuando no se toca a los miembros de la élite del “movimiento”.
Es innegable que los programas sociales han ayudado a muchos mexicanos. Sin embargo, debe hacerse una reingeniería de los mismos para encontrar formas de financiarlos, porque, de lo contrario, pueden convertirse en una bomba de tiempo para las finanzas públicas.
Puede que la 4T y la presidenta hayan conseguido avances. El problema está, entonces, en que no los han sabido explicar.
Porque una cosa son las cifras y otra, muy distinta, lo que los ciudadanos viven todos los días.






