Si una escuela recibe hoy 100 mil pesos por tener 50 alumnos y para el siguiente ciclo escolar sólo se inscriben 47, los recursos pueden bajar, lo que podría impedir la continuidad de los programas que los padres de familia quieran implementar.

Miguel Camacho @mcamachoocampo

Este 31 de agosto, millones de alumnos regresaron a las aulas para iniciar un nuevo ciclo escolar.

Este año, además de resolver problemas matemáticos, los alumnos tendrán que enfrentar otros, relacionados con la infraestructura educativa y que pueden resultar mucho más difíciles de resolver.

A continuación les explico por qué.

Hace unos días asistí a una reunión del presidente municipal de un municipio del sur del Estado de México con vecinos de uno de los pueblos.

Durante el encuentro, una de las madres de familia hizo varias peticiones para la escuela primaria.

El munícipe, además de comentar las restricciones presupuestales y los retrasos en la transferencia de recursos, mencionó que en varias ocasiones, cuando intentaban gestionar apoyos para ese tipo de proyectos, la respuesta era que debían ser atendidos a través del programa La Escuela es Nuestra, creado en 2019.

La señora dijo que ella presidía el comité del programa y que llevaban dos años sin recibir recursos, sin ninguna explicación.

El funcionario preguntó cuál era el problema más urgente y pidió a su personal de obras que lo revisara para ver cómo podían apoyar al plantel.

En el mismo pueblo está el telebachillerato del que les platiqué hace algunas semanas. Recibió una transferencia de 600 mil pesos, pero no tiene un edificio propio. Opera en las aulas de la telesecundaria.

La directora actualmente trabaja contra reloj para concretar la donación de un terreno y el proyecto de construcción, cumplir con las fechas que establece el programa y evitar quedar fuera.

Después de la reunión conversé con un padre de familia integrante del comité del programa, pero de la telesecundaria. Me comentó que el monto del “apoyo” tiene una temporalidad de tres años y está sujeto a la matrícula del plantel.

Es decir, si una escuela recibe hoy 100 mil pesos por tener 50 alumnos y para el siguiente ciclo escolar sólo se inscriben 47, los recursos pueden bajar, lo que podría impedir la continuidad de los programas que los padres de familia quieran implementar.

En el discurso suena muy bonito que se entreguen recursos para que los padres de familia de cada plantel decidan qué hacer.

En la práctica, sin embargo, pueden encontrarse con limitaciones burocráticas como la temporalidad del “apoyo”.

Una solución práctica sería que en cada municipio se creara un consejo de educación al que se otorgaran recursos de acuerdo con la matrícula escolar, el número de planteles y el nivel educativo.

Así, la atención podría ser continua y no estaría sujeta a criterios como la temporalidad.

Porque de poco sirve que los niños regresen a clases si el caminito de la escuela sigue empedrado y lleno de baches.