La CNTE estiró tanto la liga que hoy parece más cerca de romperla que de alcanzar sus objetivos.
Miguel Camacho @mcamachoocampo
El Mundial de Fútbol 2026 ya está en marcha. Cuando ustedes, amables amigos, lean estas líneas, la Selección Mexicana estará a unas horas de disputar su segundo partido del torneo.
Durante semanas se habló de protestas, bloqueos y hasta de posibles boicots por parte de distintos grupos inconformes. Sin embargo, llegó el día de la inauguración, el balón rodó y la imagen que el gobierno buscaba proyectar terminó por imponerse.
De todos esos grupos, quizá el que más perdió con el arranque de la Copa del Mundo fue la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Durante semanas presionó, impuso condiciones y exigió una negociación directa con la presidenta Claudia Sheinbaum, quien decidió no ceder. Mientras tanto, el gobierno insistía una y otra vez en mantener abiertas las puertas del diálogo.
Pero todo cambió con el silbatazo inicial.
La foto ya estaba tomada y, con ella, desapareció la urgencia política de alcanzar un acuerdo inmediato. Entonces vino el manotazo en la mesa: el gobierno anunció que dejaría de negociar con las dirigencias y buscaría consultas directas escuela por escuela.
La tortilla se volteó.
La CNTE estiró tanto la liga que hoy parece más cerca de romperla que de alcanzar sus objetivos.
En este nuevo escenario son ahora los maestros quienes llaman al gobierno a retomar las negociaciones. Aseguran que mantendrán sus movilizaciones. Siguen tomando casetas y realizando marchas, aunque cada vez con menor convocatoria, mientras el plantón en el centro de la Ciudad de México muestra señales evidentes de desgaste.
El desgaste es tan visible que la propia jefa de Gobierno, Clara Brugada, apareció escoba en mano limpiando algunas de las zonas que hasta hace poco ocupaban los manifestantes.
Al gobierno le salió bien la jugada. Sin embargo, los invito a que juntos pongamos el desorden.
Porque una cosa es haber logrado inaugurar el Mundial sin sobresaltos y otra muy distinta resolver los problemas que dieron origen al conflicto. Mientras las cámaras apuntan a los estadios y los aficionados llenan las tribunas, existe un México que sigue esperando respuestas. Un país cuyos pendientes no desaparecen con una ceremonia de inauguración ni con un gol de último minuto.
El Mundial terminará dentro de unas semanas. Los problemas seguirán aquí.
EN EL TINTERO
El gobierno anunció una reducción significativa en los homicidios dolosos y en otros delitos de alto impacto. Felicidades. Ojalá que esa mejoría estadística pronto también se refleje en la percepción de la gente.
Lo digo porque continúan ocurriendo hechos que generan miedo. Apenas la semana pasada, habitantes de Coatepec Harinas, al sur del Estado de México, reportaron la presencia de integrantes de la Familia Michoacana que detenían vehículos durante las noches en distintos tramos carreteros.
Las cifras pueden mejorar, pero la sensación de seguridad todavía tiene un largo camino por recorrer.
En el plano internacional, todo apunta a que América Latina atraviesa una etapa de desencanto con la izquierda. Si se confirma la victoria de Keiko Fujimori en Perú, las fuerzas progresistas de la región tendrán que preguntarse por qué una parte importante de sus antiguos votantes está buscando otras opciones.






