En tiempos donde muchos analistas hablan de una hegemonía casi irreversible de Morena, Coahuila recuerda que ninguna fuerza política es invencible y que las estructuras locales siguen importando.
Miguel Camacho @mcamachoocampop
Coahuila votó este domingo. El PRI arrasó los 16 distritos de mayoría relativa. Carro completo. El resultado, para quienes ya daban por muerto al tricolor, es incómodo. Para quienes esperaban ganar, lo que dijeron las urnas en Coahuila es una muestra de que Morena puede ser vencida.
Pero antes de coronar una resurrección, vale la pena que “pongamos el desorden”.
El PRI ganó en Coahuila. El PRI siempre gana en Coahuila. El estado es el último bastión donde el tricolor nunca ha perdido la gubernatura desde 1929. No es que el partido haya encontrado una fórmula mágica para recuperarse a nivel nacional: es que nunca se fue de ahí. Coahuila no es el regreso del PRI. Si tuviera que buscar un símil, diría que es la habitación en la que el partido se encerró.
Lo que sí resulta relevante es el mensaje hacia 2027. En tiempos donde muchos analistas hablan de una hegemonía casi irreversible de Morena, Coahuila recuerda que ninguna fuerza política es invencible y que las estructuras locales siguen importando. Alejandro Moreno fue el primero en gritarlo: Coahuila “mandó un mensaje”, dijo Alito, y que el PRI es el único que puede “sacar a Morena”.
La declaración dice más de sus aspiraciones que de la realidad. Que el último bastión haya resistido no convierte a sus defensores en un ejército. Ganar donde siempre has ganado no es una hazaña: es sobrevivencia.
Morena, por su parte, llegó a estas elecciones con lo de siempre: denuncias de compra de votos —esta vez mediante códigos QR— y terminó derrotada. En Coahuila, el partido gobernante a nivel federal no ha logrado penetrar el tejido político local pese a años de intentos. Si Morena presume haber transformado el país, Coahuila sigue siendo la excepción que desafía esa narrativa.
Coahuila no cambia el mapa político nacional. Pero sí revela sus filtraciones. El PRI respira en su santuario, en su reserva natural. Morena demuestra que incluso las hegemonías tienen fronteras. Y Alito Moreno, con su festejo exuberante, confirma que a veces confunde sobrevivir con ganar.
Porque en política, como en biología, una especie que solo prospera dentro de una reserva protegida no domina el ecosistema. Apenas se salva de desaparecer.
EN EL TINTERO
La policía de la Ciudad de México incautó artefactos explosivos que eran transportados en los autobuses que traían a la CDMX a estudiantes normalistas de Ayotzinapa. El caso merece una explicación clara. ¿Para qué los querían?






