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Joe Kent deja el cargo y cuestiona la ofensiva impulsada por Washington e Israel, al señalar que no existía amenaza inminente

El director del Centro Nacional contra el Terrorismo de Estados Unidos, Joe Kent, presentó este martes su renuncia al cargo, marcando distancia con la política exterior impulsada por el presidente Donald Trump respecto al conflicto con Irán.

La dimisión se da en un contexto delicado, en el que Washington, en conjunto con Israel, mantiene acciones militares contra territorio iraní, una estrategia que ha generado críticas incluso dentro de círculos cercanos al propio gobierno estadounidense.

En una carta dirigida al mandatario, Kent expresó su desacuerdo con la ofensiva, señalando que, desde su perspectiva, Irán no representaba una amenaza inmediata para Estados Unidos. Además, cuestionó las razones detrás del conflicto, al considerar que la intervención responde más a presiones externas que a intereses nacionales.

El ahora exfuncionario, con trayectoria en el Ejército estadounidense, también recordó que durante su campaña presidencial, Trump promovió una política de no intervención bajo el lema de “Estados Unidos primero”, en la que se comprometía a evitar conflictos prolongados en Medio Oriente, los cuales —según ese discurso— han significado pérdidas humanas y económicas para el país.

Kent fue más allá al advertir sobre una presunta influencia de actores israelíes en la narrativa que derivó en el actual conflicto, acusando la difusión de información engañosa para justificar la ofensiva, situación que comparó con antecedentes como la guerra en Irak.

El Centro Nacional contra el Terrorismo, organismo al que pertenecía, fue creado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 con el objetivo de centralizar información sobre amenazas terroristas internacionales, por lo que su postura genera especial atención en el ámbito de seguridad nacional.

El conflicto en Irán ya ha dejado bajas entre las fuerzas estadounidenses y ha tenido repercusiones económicas, como el aumento en los precios de los combustibles, lo que ha intensificado el debate interno sobre la conveniencia de mantener la intervención militar.